Antonio Muñoz Molina «Silencio, soledad y el fin del mundo»

Salía Antonio Pampliega entre aplausos y alguna que otra lágrima. El reportero reconstruía el solar de las Torres Gemelas con ingredientes huérfanos de un Afganistán resquebrajado. Y de un Antonio a otro Antonio, tomaba el testigo de las conferencias Muñoz Molina. Y sin pacto entre ellos, se ligaban las historias, la ficción recreada del escritor teñida con la realidad de tintes de pura ciencia ficción del periodista, un salto crudo y certero, un escupitajo a la moral humana universal. Pampliega soltaba lastre desde los aviones que destrozarían el sur de Manhattan y Muñoz Molina recogía las cenizas del downtown como testigo directo.

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Y ahí estaba la compañera Olga Ayuso, desenvuelta, original y cargada de datos (y gatos) como siempre. La moderadora menos moderada de la región en busca del proceso de la escritura y el karma actual del escritor. Muñoz Molina, tranquilo, tímido y adusto a partes iguales fijaba su última novela desde la soledad, el silencio y el ritmo susurrante de Lisboa.

“Me he instalado en esta ciudad para esperar el fin del mundo”. Tus pasos en la escalera. Muñoz Molina

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La última novela del escritor de Úbeda transita entre el suspense psicológico, ese limbo metaliterario en la que la memoria, la razón y el miedo son los elementos que determinan la realidad. El autor demuestra cómo puede derrumbarse aquello que no hemos ido contando de nuestras vidas. El protagonista de la obra llega a vivir a Lisboa, dejando atrás el recuerdo del 11-S de Nueva York, con su esposa; un barrio tranquilo que será el lugar donde asienten su futuro basado en la rutina, pero se verá alterado por una amenaza. El autor ha confesado que se basó en sus miedos; el 11-S, la soledad serán la base de la historia de una obsesión.

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En cuanto al proceso creativo ha contado que comienza escribiendo a lápiz, dejándose llevar, una vez terminado, sobre ese texto, comienza a trabajar a ordenador. Muchos aplausos, como Pampliega, para cerrar la charla. Muchas firmas y una mesa alta de bar para recibir elogios y primeras páginas en blanco.

Willy López | Fotografía. Félix Méndez