Carlos del Amor «Ebrio de cultura, elegancia de periodismo»

Peabody. Me viene a la cabeza el personaje de una película de John Ford. El hombre que mató a Liberty Valance. Dutton Peabody. El engendro parido por Ford desde las entrañas periodísticas del oeste americano. Desde su redacción publicaba todo lo que consideraba importante, sin preocuparle las consecuencias o represalias. ¡Ten cuidado!, le avisaban,  Valance te va a destrozar la redacción. Impertérrito, fiel y bañado en tabaco, atiborrado por montones de papeles y embadurnado en  whisky a modo de desodorante, Peabody se encoge de hombros y responde; – Bueno, eso también sería noticia, ¿no?

El Shinbone Star ardió en llamas. No fue noticia. Únicamente vimos desaparecer otra redacción desde la magia de la gran pantalla. Fotograma a fotograma, zas, superposición de imágenes transparencia y fundido a negro. James Stewart, John Wayne y Lee Marvin escribiendo la historia desde el recuerdo.

¿Se imaginan ustedes a un periodista de este país arder entre el fuego de la redacción de noticias por escribir sobre el azul de Borges, sobre los rostros iluminados de una sala de cine del festival de Cannes, por hablar de José Tomás con Sabina, por charlar con el imaginario de Paul Auster, por meter cortes de cine cuando asoma un balón de fútbol en la pantalla?

Nunca se sabe. Carlos del Amor, de negro protesta por entonces y negro luto después, nos enciende un cigarro, nos sirve un vaso de bourbon y ebrio de cultura y borracho de periodismo nos mete en cintura…Valance sigue haciendo de las suyas…Esto es el oeste, cuando un hecho se convierte en leyenda, no es bueno imprimirlo.

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Directamente Carlos, y sobre aquello que estamos todas las horas del día durante gran parte del año…. ¿Cómo está el periodismo y la cultura en España?

Soy optimista en cuanto a que siempre hará falta gente que haga preguntas y que incomode al poder. Entonces creo que en el futuro el periodismo estará por ahí. Quiero decir que no solo hacemos periodismo cultural, la función del periodismo es buscar respuestas y yo creo que siempre habrá gente que necesite esas respuestas, esas preguntas, lo que pasa es que ahora mismo cuando vas a dar una charla a una universidad y ves que escupen a trescientos titulados o doscientos titulados dices ¿Dónde está el mercado para absorber todo esto? Toda esta gente entonces da miedo…

 

…y ese miedo no lo teníamos cuando empezamos…

…yo empecé tarde, recuerdo cuando tenía veintitantos años, primero hice documentación y luego hice periodismo, pero cuando era pequeño o adolescente decía en casa que yo quería ser periodista y me decían que no había futuro. Y no había futuro ya hace veintitantos años entonces sigue sin haber futuro ahora… pero algo tiene al final. Es una profesión tan vocacional, es algo que si te gusta es muy difícil que alguien te diga que no lo hagas, entonces es bueno intentar ejercer esta profesión. Creo que tiene que existir un periodismo honesto que escasea y  también tiene que haber un periodismo incómodo que por suerte puedo realizar.

 

Siempre hará falta gente que haga preguntas y que incomode al poder

 

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Tú lo puedes hacer, aunque actualmente hay discrepancias, por llamarlo de alguna manera, en RTVE. Quiero decir que como periodista en el área de cultura de los Servicios Informativos de Televisión Española puede ser más fácil, no estás tan encorsetado.

Yo por suerte hago los reportajes que quiero, siempre que quiero. Siempre que he querido hago con total libertad los reportajes, entonces eso me hace sentir afortunado porque se me ha dado la oportunidad de cada pieza, tomármela como un reto porque sé que puedo hacer lo que quiera, poner la cámara como quiera, contar lo que quiera y hacer la pregunta que quiera. Lo que pasa es que luego no eres ajeno a la atmósfera que viven muchos medios de comunicación,  hoy voy de negro porque pierde el negro en televisión española, uno no puede ser ajeno al funcionamiento de un servicio público que pide que se cumpla lo que se ha acordado.

Son muchas las entrevistas que has realizado, y suponemos que cada una en su contexto posee algo especial pero ¿Cuál es la que más te ha llenado, la que más te ha apasionado?

[Ríe]…Son muchas, es muy difícil encontrar un entrevistado, hay muchos entrevistados perfectos.  Te puedo decir de aquellos que ya no están entre nosotros, como José Luis Sampedro, porque era una lección de vida cada vez que hablabas con él, con Pepe Hierro el poeta que fue de las primeras que hice cuando yo trabajaba en Murcia y con Francisco Ayala que me acuerdo que iba siempre a felicitarle y a hacer un reportaje cuando cumplió noventa y ocho…noventa y nueve…cien…ciento uno…[Ríe] Íbamos todos los años como una tradición.  De la gente que está ahora mismo disfruto muchísimo entrevistando a Javier Bardem, a Penélope Cruz, disfruté muchísimo entrevistando a Paul Auster, me lo pase muy bien entrevistando hace una semana a Spike Lee.  Si vi la peli y me gustó mucho, entonces tengo un plus.  Pero la mejor entrevista es la que viene después.

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Tenemos la fortuna de dedicarnos al periodismo cultural, y suena raro cuando a veces, tu trabajo supone entrevistar a gente maravillosa, ver cine, leer libros, apreciar exposiciones, escuchar a la gente…un trabajo que requiere de mucho esfuerzo y tiene su carga acumulada…

Es cierto, la verdad que cuando lo cuentas fuera te envidian. Cuando te preguntan en qué trabajas, qué has hecho hoy, y la respuesta es ver una peli, ir a un museo, una exposición o ir a un concierto bueno…suena muy bien pero es trabajo al final ¿no? Quiero decir también que algunas veces te apetece no hacer nada y no estar todo el rato yendo a exposiciones o a conciertos. La verdad que en el fondo, me siento un privilegiado, yo siempre digo que me pagan por hacer cosas que yo pago o que yo pagaría. Yo pagaría por ir a ver una peli, yo pagaría por ir al Festival de Cannes, yo pagaría por ir al Museo del Prado, yo pagaría por ir a un concierto y todo eso me pagan a mí por ir a verlo.

Siempre que he querido hago con total libertad los reportajes, entonces eso me hace sentir afortunado porque se me ha dado la oportunidad de cada pieza

 

 

Hablamos de pagar por la cultura, y que mejor que invertir en libros…ya que estamos háblanos de cómo gestas tus publicaciones, cómo lo preparas y dinos la recepción que ha tenido Confabulación.

Creo que de los tres libros que he escrito, Confabulación es el que más se diferencia de los otros dos. Quiero decir se me podría reconocer muy fácilmente en los dos primeros, en este últimotambién se me puede reconocer porque nadie cambia de repente pero si que hay algo de evolución o de cambio hacia otro tipo de literatura. Surge de una noticia que yo leo en un periódico en torno a una enfermedad que sufre un hombre, que es alguien que tiene recuerdos de cosas que no ha vivido y entonces me parece que es una enfermedad real que se llama el síndrome de Korsakoff, vulgarmente conocida como confabulación y entonces me pareció muy literaria.es algo así como si yo recuerdo que estuve aquí firmando el año pasado pero no estuve y tengo esos recuerdos y actúo en función a esos recuerdos, es decir, yo creo que conozco a la gente y no la conozco entonces eso le llevó a una serie de equívocos tanto vitales, sentimentales y profesionales que le van, digamos, haciendo replantearse quién es, hacia dónde va y quién quiere ser.

 

La vida a veces sobre todo, tiene una pátina periodística muy marcada ¿Confabulación mantiene ese punto periodístico de los anteriores?

Sí, yo creo que los tres los tienen. Pero con La vida a veces más, me acuerdo cuando me propone la editorial escribir un libro y yo tenía ya algún relato, entonces les dije que yo quería hacer el primer libro como un relato. Me pareció un salto menos grande que escribir directamente una novela que no me veía preparado. Hice un libro de relatos más breves, basados en noticias reales con un punto de realidad que a mí me hacía falta. Necesitaba ver algo, tocar algo para a partir de ahí, poder construir la estructura del libro. Yo necesitaba el ancla de la realidad, siempre la necesito para construir y por eso los relatos están bien cuidados y se han hecho reales.

 

¿Cuándo escribes? ¿Cuándo te da tiempo, con estos horarios tan cambiantes?

Pues el primero y el segundo me resultó algo más sencillo porque no tenía hijos y ahora ya no tengo tiempo de nada. Antes sacaba tiempo si entraba más tarde a currar me iba de casa, me iba a una biblioteca, a un centro cultural que tengo al lado para intentar encontrar una atmósfera. El tercero lo saqué como pude y ahora mismo no tengo tiempo porque me ha coincidido una época de trabajo muy grande, ya sabes que cuando te embiste la paternidad el tiempo no existe…[Ríe].

 

Yo necesitaba el ancla de la realidad, siempre la necesito para construir y por eso los relatos están bien cuidados y se han hecho reales

 

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Es hora de cerrar página, tenemos más cosas que hacer…mostrar tu libro, firmar, el contacto con los lectores, ¿Qué te aportan esos puntos de encuentros entre el escritor y el lector, las presentaciones literarias, las ferias del libro?

[Ríe]…Es lo mejor, yo creo que las ferias del libro son lo mejor. Al final escribes para que te lea uno o dos y se te acerque alguien y diga pues me ha gustado esta historia y me ha emocionado. Normalmente si se te acercan son cariñosos, los críticos y las hostias ya vienen por otro lado…[Ríe]… pero si se te acercan es para mostrarte cariño y alguien ha cometido el acto heroico de gastarse veinte pavos por un libro que tu has escrito y luego comete el acto heroico de venir a verte para que le firmes y comentarte algo. Sinceramente, es lo más bonito de todo, ese contacto y sentir el feedback de alguien que ha leído lo que tu imaginabas en la intimidad.

Entrevista. Willy López | Fotografía. Félix Méndez