Carolina Yuste «El primer Goya en interpretación para Extremadura tiene nombre de mujer»

Fue la última en reconocer su nombre en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla. A juzgar por su cara parecía estar a punto de pedir el VAR: soy un desastre, no había…preparado el discurso. Carolina Yuste (Badajoz, 1991) no se creía lo que le estaba ocurriendo, el primer Goya de la 33 edición había caído de su lado, rompiendo todas las quinielas y otorgando el primer reconocimiento de la noche al filme Carmen y Lola.

Escuchó “Carolina Yuste” de la boca del intérprete de Campeones Alberto Nieto y se tapó la cara mientras su madre ya le abrazaba. Ante el jaleo de sus compañeros de película que la rodeaban, Carolina permanecía sentada en su butaca, como quien coge aire para lograr juntar todas las palabras que se deben pronunciar en un discurso.

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Jo, muchísimas gracias a todas las personas de la Academia, alcanzó a decir serena, con una actitud propia de una actriz consagrada, como si fuera su quinto premio Goya, y no el primero, con esa calma en la que asomaban varios años de trabajo constante y duro, en el anonimato, luchando por lograr lo que pretendía cuando llegó a Madrid hace casi diez años.

Elegí ser actriz para hacer este tipo de cosas, le contó a Cultura Badajoz unos días antes de la entrega de premios. En medio del bullicio de un bar de Lavapiés en Madrid, Carolina se pedía un vino tinto para dar por terminado un largo día de ensayo, grabación y una sesión de fotos. Ha sido un proceso complicado, no eran actores profesionales pero tenían una implicación total, era una peli con bajo presupuesto, pero cuando ves el resultado, ves que todo el curro merece la pena, porque estás contando una historia con un discurso que puede cambiar algunas cosas, explicaba sobre la película.

Quien se puso en el lugar de Paqui, una trabajadora social que protege a dos jóvenes gitanas que se enamoran y sufren el rechazo de sus familias, no llegaba creerse su nominación y antes de Sevilla ya pedía cautela.

La nominación fue una sorpresa total, pero también hay que tomárselo con cierta cautela, es importante porque es un reconocimiento de compañeros de profesión pero la vida sigue y hay que seguir currando y hacer lo que una quiere, advertía tras doce horas de trabajo. Y es que Carolina no es una actriz típica. No es una de las actrices que comenzó desde pequeña, en comunidades autónomas con grandes recursos para las artes audiovisuales. No encadenó anuncios, pequeñas apariciones en series, alguna obra de teatro. Carolina llegó a Madrid y suspendió la prueba de acceso a la escuela en la que pretendía entrar, la Real Escuela Superior de Arte Dramático (Resad).

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Me pusieron un dos –dice sin tapujos- pero ella aguantó el tirón. Se puso a trabajar en una tienda (algo muy común entre los actores y actrices que no pueden vivir de la interpretación) y partió de cero en la escuela del cacereño Carlos Silveira, el Centro de Investigación La Manada. Ahí dejó atrás su idea de especializarse en interpretación gestual y se aventó a las pruebas de textual, de nuevo en la Resad. A la segunda sacó un ocho y no terminó la formación: me empezó a salir trabajo y lo tuve que dejar.

Una suerte que no todos los actores y mucho menos las actrices de este país, pueden tener de su lado, algo que Carolina sigue teniendo muy claro. El paro en la profesión alcanzaba en 2016 el 91,88% (según datos de la Fundación Aisge), mientras hay escuelas, tiendas de ropa, bares y restaurantes llenos de actrices y actores que no se rinden. Lo más difícil para una actriz o un actor es conseguir representante, es increíble, yo por ejemplo no tuve hasta después de rodar Carmen y Lola. Sin ellos es casi imposible acceder a pruebas y sin las pruebas no hay papeles, reclama.

Ha sido un proceso complicado, no eran actores profesionales pero tenían una implicación total, era una peli con bajo presupuesto, pero cuando ves el resultado, ves que todo el curro merece la pena, porque estás contando una historia con un discurso que puede cambiar algunas cosas

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Pero la extremeña es una cabezota empedernida –lo que me propongo, lo hago- que no se muerde la lengua, que sabe que su voz puede tener más eco que la del común de los mortales y reivindica un espacio justo y equitativo para las mujeres de la industria. Es más difícil ser actriz que actor, primero porque es más difícil ser mujer que ser hombre, eso se puede extrapolar a cualquier profesión, y como vivimos en un mundo dominado por hombres, en esta profesión pasa que los personajes son masculinos, los directores suelen ser hombres y las tramas de hombres, analiza Carolina.

Además se queja de que los pocos personajes femeninos que se ven en las pantallas suelen ser secundarios o muy estereotipados, la santa o la puta, la madre o la hija, la novia… encima siendo mujer socialmente se nos exige más, que sea guapísima, un pivonazo, delgadísima…

Pese a ello, sabe que la balanza, aunque cueste, se va equilibrando y en los últimos años entraron perfiles distintos, mujeres normales. Está costando y lo tenemos más difícil porque se nos exige más y tenemos menos personajes, menos tramas, somos más, vamos más al teatro y al cine, y pasa ahora que ya no nos comemos cualquier cosa y en las taquillas también se está empezando a notar que queremos más historias protagonizadas por nosotras, advierte.

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Pide más cultura y más dinero para el cine español, porque hay que educar a la gente de un país pensando en que la cultura es importante y para ello hay que invertir. Y pide más dinero para las mujeres creadoras: queremos dar nuestro punto de vista, porque estamos cansadas de los personajes femeninos escritos por hombres, basados en su propio imaginario.

Estamos dando un golpe encima de la mesa, diciendo oye que esto también existe, también somos nosotras esto, antes parecía que éramos invisibles, todas las historias eran más testosterona, protagonizadas por hombres, todo es macho, y por suerte lo estamos cambiando, celebra.

Para seguir sobre ese camino, la pacense cree que todo necesita un Me Too para cambiar las cosas, no solo el cine. Todo el mundo debe tomar un papel reivindicativo y social y lo que se nos exige muchas veces es que no lo hagamos y yo eso no lo entiendo, porque mi profesión es igual que cualquier otra pero tenemos el foco y el micro. Todo el mundo debe tener su posición y decirla, claramente, seas actriz, actor o lo que sea, y también creo que encima si tienes el micro puesto, que vas a llegar a mucha gente que a lo mejor te admira, o que se siente reflejado en ti, creo que por supuesto hay que reivindicar lo que uno cree, en lo que confía, en los cambios que quiere y que necesita, profundiza.

 Educar a la gente de un país pensando en que la cultura es importante y para ello hay que invertir

Cine pelicula Carmen y Lola de Arantxa Echevarria  en la foto con los cascos

Se ha hecho con el Goya con una película que, igual que sus palabras, no debería dejar a nadie indiferente. Carmen y Lola recibió críticas por parte de algunos colectivos desde su estreno en Pamplona, donde la asociación Gitanas Feministas por la Diversidad la desdeñó por racista, machista y opresora antes incluso de poder verla. Unas críticas cuanto menos curiosas, hacia una película producida con muy pocos recursos que narra una historia de amor entre dos gitanas, pero que ha recibido más pullas por perpetuar estereotipos que grandes producciones como Gigantes, que colocan a una familia gitana como un perfecto clan gánster que controla el mercado de la droga en el centro de Madrid. Aún así, Carolina no quiere entrar en la polémica y asegura que entiende que el filme pueda levantar asperezas: estamos viviendo un momento muy sensible con respecto a muchos temas y es normal que pasen estas cosas porque el pueblo gitano ha sido muy ninguneado y pisoteado y de repente es normal que haya un miedo a que eso siga perpetuándose.

Tras casi 10 años en Madrid, no se olvida ni un día de su Badajoz natal y se reivindica como una “bellotera total”. Aún conozco gente a diario para los que somos desconocidos, que nunca han pisado Extremadura y no se hacen muy bien una imagen de cómo es, ni cómo es la gente y es curioso porque todos han tenido abuelos que son de allí o abuelos de amigos que son de allí, y Andalucía sí que la conocen, pero lo extremeño no lo tienen muy ubicado, como si solo fuéramos campo, campo y campo, que por cierto a mí encanta también, reflexiona. La gente nos conoce por Puerto Hurraco o por las Hurdes, y también hay una cosa de que si no eres una persona famosa no eres nadie, cosa que no es verdad, porque si nos ponemos a pensar en la cantidad de cosas que abastece Extremadura al resto… pero esas cosas no se tienen en cuenta en esta sociedad que valora otras cosas, pero si las cosas cambiaran verás cómo miraban todos para Badajoz, insiste.

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Un desconocimiento que, bajo su punto de vista, nos aporta una forma de ser que rompe con el nadie es profeta en su tierra: somos muy belloteros, muy de nosotros y muy calentitos y cuando uno de los nuestros está haciendo cosas buenas, nos gusta mucho y decimos coño es que Extremadura también es esto. Es algo que creo que tiene que ver con algo de familia, que somos extremeños y somos familia, entonces es que alguien de mi familia está haciendo cosas buenas. Carolina tuvo claro que iba a ser actriz, aunque probablemente no supo con tanta certeza que se alzaría con un Goya en su primera película con un papel importante. Aunque lleva ya varios años pagando las facturas a golpe de interpretación, parte de su trayectoria se ha convertido en realidad por su tozudez.

 La gente nos conoce por Puerto Hurraco o por las Hurdes, y también hay una cosa de que si no eres una persona famosa no eres nadie, cosa que no es verdad, porque si nos ponemos a pensar en la cantidad de cosas que abastece Extremadura al resto… pero esas cosas no se tienen en cuenta en esta sociedad que valora otras cosas

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Yo he sido muy bruta y siempre he pensado que lo que quieras hacer, hazlo, si te tira y te va a hacer feliz, hazlo, porque a veces el dinero no es lo más importante, ¿vas a estar 40 años de tu vida en un trabajo que te hace infeliz pero tienes pasta? Bueno, es una opción, pero para mí no lo era, yo creo que el mundo iría mucho mejor si cada uno hiciera lo que quiere hacer, si trabajásemos menos y si esta cosa social del dinero no existiera, el mundo iría mucho mejor si cambiase radicalmente, como esto está hecho por quien está hecho es así, pero yo creo que cada uno tiene que al menos intentarlo, y si me apuras no tiene que intentarlo, sino hacerlo, porque si te empeñas lo consigues, dice sonriendo.

Llegado a cierto punto de la conversación, su mensaje quiere atravesar la grabadora y llegar sobre todo a los miles de jóvenes que nacieron bajo los preceptos de la crisis, con el No tatuado en el horizonte. Vivimos con miedo y como pidiendo permiso, estamos muy enfadadas, muy cansadas, tiene que haber un cambio drástico en la manera de vivir, no puede ser que, por ejemplo en Madrid, haya estos alquileres abusivos en los que hay muchísima gente joven trabajando 40 horas, cobrando 1000 euros, y que no puede vivir sola, gente con cierta edad compartiendo casa, hacinados en casas pequeñas, que hacen que cada uno esté encerrado en sí mismo, el tipo de sociedad que se está creando es horroroso, se indigna.

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El sábado 2 de febrero en Sevilla, Carolina no llevaba un discurso preparado, aunque tampoco parece que le hiciera falta. Allí, con el primer Goya de la noche, no quiso olvidarse de “todas las Paquis” que le ayudaron a construir el personaje de esta trabajadora social que intercede para proteger a dos jóvenes gitanas que, por amar, sufren el rechazo de sus familias. No se olvidó de las mujeres ni del equipo de Arantxa Echevarría, formado por un 70% de mujeres, en puestos de decisión –porque- cuando se nos da la voz, salen películas como Carmen y Lola, que pueden cambiar conciencias y hacer de este mundo un lugar más sano.

En el apenas minuto y medio que tomó para agradecer, no pudo dejar de mencionar a su padre, quien le enseño a amar el cine, ni a su acompañante en esa noche, su madre, que con su teléfono grababa a la primera extremeña en recibir un Goya, Carolina Yuste, a quien enseñó la dura pero imprescindible tarea de amar.

Entrevista. Macarena Soto   Fotografía. Seminci / Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España / Carmen y Lola