Cowboys de Medianoche «¡Qué grande es el cine!»

Suena Moon River de la Columbia Ballroom Orchestra. Son las diez de la noche. Anuncio arriba anuncio abajo. Lunes de un 25 de septiembre de 1995. No era hora de desayunar en Tiffanys, más bien la hora de cenar en cualquier casa de este país.

Para Scorsese no hay duda, la mejor película de la historia es Centauros del desierto, suele verla un par de veces al año, porque dice que de no ser así, pierde distancia con su oficio.

Así arrancaba José Luis Garci su programa, el lunes más esperado por los amantes del séptimo arte, ¡Qué grande es el cine!  Y como hacía el ganador del Oscar por Volver a empezar con el año de producción de la película emitida en la 2 de TVE, en ese día pasaron estas cosas;

Anguita apoya a Aguilar anunciando que votará a favor de una comisión sobre los GAL.

El ex comisario Álvarez preparó con Perote la entrega del ‘acta de los GAL’ a Garzón.

Perote declara hoy ante el juez militar sobre la difusión de material secreto.

Curro Romero se deja vivo un toro en Tarragona.

Holanda triplica el número de casos de eutanasia en dos años de ‘despenalización’.

Un chico de 16 años mata a sus padres, a un hermano y a otras nueve personas en Francia.

El Atlético y el Espanyol amplían su liderato en la Liga.

Los Beatles ‘vuelven a unirse’. Dos temas inéditos de Lennon han sido completados por sus ex compañeros gracias a la tecnología.

El juicio de Andreotti que empieza mañana verá a más de 500 testigos.

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Ese mismo día el diario El País recoge la crítica de Joaquín de Luna sobre el largo de Ford: El apellido Ford es sinónimo de western y, posiblemente, Centauros del desierto sea la obra más celebrada dentro de este género de dicho autor. En ella, por supuesto, su actor favorito: John Wayne. Sólo él podía emprender la trágica búsqueda de una niña raptada por los indios y volverse literalmente loco cuando descubre que la joven es una piel roja de pies a cabeza (el final fue cambiado: Wayne la mataba por no querer integrarse en el mundo de los blancos). Fotografía, ambientación y música hacen el resto. Dirección e interpretaciones no han sido superadas jamás de los jamases.

Dirección e interpretaciones no han sido superadas jamás de los jamases.

Centauros del desierto (Los buscadores , su nombre original)se estrenó con 5 años de retraso , llego casi a trote desde los cines de Estados unidos. Pasó sin pena ni gloria, parecía una película de indios y vaqueros hasta que descubres el misterio real que John Ford introduce en el largometraje. Juan Miguel Lamet, Oti Rodríguez Marchante, Clara Sánchez, De Prada, Juan Cobos, Nativel Preciado, Antonio Giménez Rico, Luis Alberto de Cuenca, Eduardo Torres-Dulce y el propio Garci. Una plantilla amplia y de calidad para alinear con seguridad en cada programa de televisión.

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Estamos ante una de las maneras más atractivas de mamar el cine, de amar una película. Recordamos la dificultad que hace bien poco existía para poder ver algún clásico en la tele, en el videoclub y en la gran pantalla del cine, formato para el que se hacían (Se siguen haciendo algunas) las joyas del cine. Qué grande es el cine nos aportó esas dosis.

En este programa dedicado a Ford no se fuma, se discrepa de la ideología del director, de la figura odiable o entendible de John Wayne, de lo poco lineal y formal de este western, del guion de Frank Nugent, de la composición de sus planos, de la controversia que genera aún en Estados Unidos, de lo maravilloso que es el cine.

Luis Alberto de Cuenca, Torres-Dulce, Garci y Luis Herrero siguen llevando esa adicción en el programa de radio Cowboys de medianoche. En directo o en podcast, más de una hora de cine o de todo menos de cine.

Wilde

En la Feria del Libro de Badajoz la tertulia de los Cowboys se centró en el cine, o todo menos el cine. Tras arrancar con el viaje de Garci Lyon para ver a su Atlético de Madrid y su recuerdo por el futbolista pacense Abelardo, Torres-Dulce puso cordura y buscó en Billy Wilder y sus conversaciones con Cameron Crowe como punto de arranque. La escena inicial con la que dar trazar el guion improvisado, el carácter vitriólico del director europeo, el arte de hacer que toda su filmografía guste a todo el mundo, su cinismo, su control narrativo y cualidad  de cine de autor, donde el guion manda a pesar de llevarse la mitad del presupuesto los actores. Hubo huelga de guionistas y se paró todo en estados Unidos recuerda Garci, como Dalton Trumbo firmaba con seudónimo para librase de la caza de brujas del Macartismo. Un Espartaco de Olivetti en pleno Hollywood.

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Se habló del toque Lubitsch como el aroma de un buen vino, algo que todo el mundo detecta y degusta pero que nadie acierta a explicar del todo. Estaba compuesto por un argumento elegante y sofisticado, por un refinamiento que se deslizaba a menudo hacia la ironía fina. En cada escena era tanto lo que se sugería como lo que se mostraba, y en muchas de sus películas subyacía un erotismo tan sutil que los censores nunca podían cortarlo, porque no se puede cortar un aroma. Apareció, como el lógico, la gran Ninotchka en las memorias del fiscal Torres-Dulce.

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Se seguía hablando de cine y de todo menos cine. Irrumpió La conversación entre Hitchcock y Truffaut que cambió la historia del cine. Cómo se admiraban a los grandes creadores de historias cinematográficas mostrando respeto con libros como el del director francés.

Se habló de los homenajes fortuitos, de la capacidad, como decía Luis Alberto, del ser humano de desarrollar pensamientos más o menos establecidos, con un número finito de probabilidades donde pueden darse esas casualidades. El ladrón que está robando en una cosa y se produce una llamada en la casa asaltada. Una llamada desde un programa de radio para participar en un concurso, José Luis Sáenz de Heredia y su maravillosa Historias de la radio, que coincide con la misma secuencia que Woody Allen rodaría años más tarde, en la también magnífica Días de Radio. ¿Plagio o casualidad? Es cine en estado puro aclaraba Garci. Yo lo viví con Pulp Fiction en mi película El crack, donde Samuel Lee Jackson hacía las veces de Alfredo Landa. Pura casualidad repite el cineasta madrileño.

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Casualidad o no, en este nuevo encuentro, puede que se convierta en un apasionante clásico en la Feria del Libro, los Colwboys de medianoche galoparon por el Monument Valley del sur de España para traernos recuerdos de nuestra infancia, escenas de nuestra vida en cinemascope y colocar el cine, al menos en un rincón de nuestra memoria. Lista para ser su montaje final.

Algún día se convertirá en un agradable lugar para vivir. Puede que hagan falta nuestros huesos como abono para que eso ocurra. Centauros del desierto. Ford

Willy López | Fotografía. Félix Méndez