Diario pandémico de un español en China

Semana 1. 20 Enero.

Ha costado volver de vacaciones de Navidad, pero no hay nada como volver al trabajo y las reuniones. Gran esperanza en los proyectos que van a salir adelante y un año bastante prometedor.

Tras 3 días de reuniones en Guangzhou, me voy una semana a Myanmar para disfrutar de las vacaciones de año nuevo Chino. Las redes sociales no paran de hablar de la pandemia de Neumonía en Wuhan que se extiende por toda China. A pesar de que teóricamente hay 200-300 casos en Guangzhou, todo parece estar en aparente calma.

No hay casi controles en los aeropuertos, aunque en los aviones todo el mundo viaja con máscara. Yo no tengo, así que rezo porque en el avión no vaya ningún contagiado.

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Semana 2. 27 Enero.

Ha sido dejar el país y todo se ha ido de madre. El sábado 24 China decretó la cuarentena en toda la provincia de Hubei y las restricciones de movimientos en todas las ciudades de China. Me pregunto el daño que esto podrá hacer en la economía. Por lo pronto, mis vuelos de vuelta a China se han cancelado y no encuentro el modo de volver.

En Myanmar, empiezo a llevar máscara, en parte movido por la histeria que se está desencadenando en China. No pedo evitar seguir el seguimiento del virus a diario. La familia está encima de mí a diario preocupados por la situación en Asia. Todo parece estar bastante tranquilo en Myanmar, a pesar de los miles y miles de chinos que han venido a pasar las vacaciones.

Tengo que volver como sea a Guanzghou y Shanghai en la primera semana de febrero, no vaya a ser que la situación empeore. Además, tengo reuniones pendientes para empezar esos prometedores proyectos. Aunque ya empiezo a recibir noticias de que esa situación puede cambiarlo todo.

Me han dicho que en China ya no hay máscaras ni geles antisépticos, así que hago acopio de ellos en una farmacia de Yangón, donde ya hay restricciones a la compra.

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Semana 3. 3 de Febrero

He conseguido volver a China, a precio de oro. Quedan escasos vuelos y los pocos que hay están todos copados. En cualquier caso, poco antes de volar a Guangzhou me entero de que mis reuniones allí han sido canceladas, ya que el gobierno ha prohibido cualquier actividad profesional que implique reuniones. El país parece estar paralizado.

Al llegar a Guanzghou la tarde del 3 de febrero mi vuelo a Shanghái ha sido cancelado. El aspecto del aeropuerto es fantasmagórico y decido coger el último vuelo disponible de esa noche. Al llegar a Shanghai, me encuentro un panorama más parecido al de un holocausto zombie con los hombres de blanco entrando en los aviones y revisando a cada pasajero. .

Al día siguiente por la mañana salgo a ver la situación en la ciudad y lo único que encuentro son los hombres de blanco desinfectando cada rincón de la ciudad y controles de temperatura en cada esquina. Los parques están cerrados y los comercios también, entre los que encuentro otros tantos que han cesado el negocio. Con miedo de contagio y con una mascarilla quirúrgica voy al supermercado para llenar la nevera. Esa noche me encuentro con algo de fiebre y paso la noche vomitando. Me tranquilizo pensando que puede ser un virus intestinal. Cualquier cosa menos ir a un hospital a coger el virus. Hay unos 400 casos en la ciudad.

El gobierno ha extendido las vacaciones una semana más, hasta el 9 de febrero, por lo que hay más bien poco que hacer. Es una medida para evitar que la gente retorne a las ciudades y la situación se vaya más fuera de control. La situación en China está siendo alarmante con cientos de muertos cada día. Tras dos días con fiebre y con una situación que parece alargarse, opto por la decisión de tranquilizar a la familia y tomo el único vuelo que comunica con España vía Moscú.

La mañana del 5 de Febrero consigo “huir del país”.

Tras una escala en la capital de Rusia, llego a Madrid con la sorpresa de no encontrar un solo control en el aeropuerto. A pesar de todo, no me quito mi máscara ni siquiera en casa de mi hermana, en la que paso 7 días aislado y trabajando en remoto.

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Semana 4. 10 de Febrero

La situación de China no mejora. Y lo que es peor, todos esos proyectos que iban a arrancar con el comienzo del año se han paralizado. Hay miedo a un parón de la economía y el dinero ha dejado de fluir. La universidad ha retrasado el inicio de las clases una semana al 24 de febrero, por lo que me pongo a buscar vuelos para esa fecha.

Tras 7 días en Madrid, cojo mi coche (decido no compartirlo con nadie por precaución) y el día 12 de febrero me voy a Badajoz. Allí paso otros 7 días en casa de mis padres, sin quedar con nadie y organizando el trabajo y las posibles reuniones a mi vuelta. En Badajoz, perece que esta vez la gente no tiene tantas ganas de quedar como antes (#nosoyunvirus). Me armo de paciencia al escuchar la misma broma cientos de veces.

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Semana 5. 17 de Febrero

Las aerolíneas están cancelando todos sus vuelos para China, sobre todos las que hacen escalas en Oriente Medio, por los nuevos casos en Irán.

En casa se está tranquilo, pero ya son casi 2 meses fuera de China desde Navidad y mi casera me está preguntando si voy a volver. Tener un apartamento en Shanghai es un sacrificio, pero tenerlo vacío es un lujo, más en tiempos que empiezan a parecer inciertos. Aún así, mi casera ha tenido un gesto y me ha retrasado el pago del alquiler hasta que pueda volver.

El inicio de universidad se ha vuelto a retrasar hasta finales de Marzo, pero me comunican que el campus va a seguir cerrado por lo que todas las clases van a ser online. Aprovecho también para tener alguna videoconferencia con algún cliente de Guanzghou, por lo general bastante inquieto y nervioso. Parece que me piden volver.

Como el inicio de la universidad se ha retrasado, eso me da más tiempo para estar en España. Aprovecho para visitar a mi abuela en Azuaga y hacer un poco de turismo nacional.

Semana 6. 24 de Febrero

Todos los proyectos que tenía pendientes de empezar confirman su paralización. Ahora el principal temor es que China cierre las fronteras. Parece que la situación empieza a estar controlada allí y debería ir pensando en volver. Encuentro un vuelo asequible para finales de mes.

Ahora parece que los problemas llegan a Europa. En Italia parece que el virus está fuera de control y sorprendentemente nadie está timando medidas. Comento con mis amigos en China que, parece mentira como habiendo visto lo que ha pasado en China, Corea, Irán, Japón… no se estén por lo menos controlando los aeropuertos o el flujo de viajeros.

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Semana 7. 2 de Marzo

Mi vuelo para finales de mes se ha vuelto a cancelar. Aprovecho para comprar uno para este mismo viernes, ya que las medidas de seguridad en China se están endureciendo. Muchos me dicen que si estoy loco volviendo a China. Yo simplemente les digo que allí está mi vida y mi trabajo (interiormente pienso en la que se les viene encima).

En las farmacias ya no hay máscaras ni líquido antiséptico. Aún así, hago cierto acopio para compartir con mis amigos en China. A última hora dejo parte de las máscaras a mi familia en Madrid y Badajoz. Ya me huelo lo que va a pasar.

El único vuelo que he encontrado otro con escala de 12 horas en Moscú. La gente está sorprendentemente tranquila allí y es fácil encontrar mascaras y alcohol en las farmacias del aeropuerto. Aunque en el avión se respira cierta tensión y se ven pasajeros (la mayoría chinos) protegidos como si fuesen a un laboratorio de virología.

Al llegar a Shanghai la mañana del 8 de marzo, los pasajeros pasamos 4 horas en el avión a la espera de pasar todos los controles sanitaros. La cosa en el vuelo está complicada porque hay 40 viajeros procedentes de Italia que a buen seguro van a ser puestos en cuarentena junto con los pasajeros que iban sentados a sus lados. Afortunadamente, no ha sido mi caso.

 

Semana 8. 9 de Marzo

La situación en Shanghai es más tranquila de los que esperaba. De hecho, como España no ha sido todavía incluido en la lista de países con obligación de hacer cuarentena, me libro de la obligación de quedarme en casa. En cualquier caso he decidido hacer cuarentena voluntaria, saliendo por la mañana temprano para practicar taichí al parque y no encontrarme con nadie. A mi retorno la primera mañana, me encuentro con mi vecina de puerta que a buen seguro ha informado a la policía. A las pocas horas un miembro del comité de seguridad me llama a mi móvil (no sé cómo lo ha conseguido) y me informa de que a partir de ese momento tengo la obligación de permanecer en casa 14 días informando de mi estado de salud y temperatura 3 veces al día. Puedo salir a bajar la basura una vez al día a una hora fijada y sin encontrar vecinos por el pasillo. Es curioso como justo después de mi visita diaria al cuarto de basuras, el conserje se encarga de desinfectar pasillos y ascensor con lejía.

Un delegado local del Partido Comunista me visita para hacerme un cuestionario y me da un kit de supervivencia con mascarillas, guantes y lejía. Los días en casa no se hacen pesados, aunque la preocupación de las noticias desde España va creciendo.

China empieza a recuperar la normalidad, con una actividad industrial que ronda el 70%, aunque hay datos pesimistas, con un paro que ha subido por encima del 6%. Si vieran los números de España…

La cuarentena me ha traído paz y la posibilidad de tener tiempo para dedicarme a mí mismo. En parte estoy agradecido al virus por darme esa posibilidad. Aprovecho para escribir, leer, meditar y cocinar cada día. También hago algo de gimnasia y camino en mi apartamento que no llega al tamaño de la cocina de la casa de mis padres.

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Semana 9. 16 de Marzo

Por fin España se ha puesto en Cuarentena y se han suspendido todos los eventos. En Shanghai, mi universidad ha comunicado en cierre hasta junio y que no cuentan con los profesores asociados, por lo que básicamente me tengo que buscar otro trabajo. El proyecto que tengo en Guangzhou está pendiente de mi visita, pero hasta que no termine la cuarentena no podré ver.

Los problemas en Italia y España están haciendo que nuevos casos importados (en su mayoría chinos retornados) se den en el país. Las autoridades han decidido endurecer las medidas de seguridad, obligando a todos los llegados del extranjero a pasar cuarentena. A los pocos días las medidas de cuarentena se vuelven a endurecer y China obliga a todos los llegados a hacerse el test y pasar la cuarentena en hoteles designados por las autoridades. El costo ha de ser cubierto por el visitante.

Los expatriados nos estamos organizando para formar grupos de Wechat y tratar de hacer envíos de material médico a España, pero las trabas diplomáticas son inmensas y al final, el único modo de enviar materiales a España es a través de la red logística del Grupo Inditex, que ha puesto al servicio sus almacenes, centros logísticos y transportes.

En Shanghai se notan las semanas de parón con un cielo inusualmente claro y azul. Una lástima no poder salir a disfrutarlo. Parece que en España se han solidarizado y han decretado un estado de Emergencia con confinamiento de los ciudadanos.

Semana 10. 23 de Marzo

Por fin puedo salir a la calle, aunque hay más bien poco que hacer. Mi profesor de Taichí no tienen permiso para abrir la escuela y los parques no abren hasta las 8:00, cierran las 17:00. Hay obligación de llevar máscaras tanto en lugares abiertos como cerrados además de tomas de temperatura en cada parque o tienda en la que entres. Además, todo ciudadano debe tener un código QR descargado de una aplicación en la que están registradas fechas de entrada y controles sanitarios. Sin ese código QR no hay posibilidad de acceder a ningún edificio público.

Los casos en Europa se multiplican y la situación en España empieza a ser dramática. Esto trae un nuevo repunte en los casos en China. La gente empieza a tener miedo y a desconfiar de las noticias que llegan. De hecho, hay una opinión compartida de desilusión porque “otros están estropeando el trabajo que nosotros hemos hecho bien”. No lo comparto… En parte porque la gran mayoría de los 700 nuevos casos semanales que se están dando en China son ciudadanos Chinos. Aún así, el gobierno decide el 27 de marzo cerrar las fronteras, dejando en el extranjero a muchos de mis amigos que, con trabajo, muchos con familia y con permiso de residencia, no pueden retornar. Muchos de ellos acaban perdiendo el trabajo.

Esta semana debería ir a Guangzhou a reunirme para intentar buscar una salida a los proyectos parados. Pero resulta imposible encontrar un hotel que aloje a españoles o italianos. El veto se extiende también a las comunidades de vecinos donde viven algunos de mis amigos. He de posponer el viaje y seguir con las videoconferencias. En el Consulado me recomiendan quedarme en Shanghai.

Hemos hacho varias colectas y enviado material desde Guangzhou. Mientras tanto, desde Guanzghou los expatriados no dan crédito al caso de los test “falsos” vendidos al Ministerio de Sanidad. Básicamente, España está ahora la última de la cola para recibir suministros. China suministra a quien paga por adelantado.

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Semana 11. 30 de Marzo

China ha cerrado sus fronteras y ya nadie puede volver, excepto los chinos. Parece curioso que se limite la entrada de potenciales portadores del coronavirus y que parece que los culpables seamos sólo los extranjeros. Hay una campaña de desinformación que señala a los extranjeros como culpables de la reactivación del brote en China. Esta desinformación nos acaba afectando, ya que se me impide salir de la ciudad por miedo a no poder entrar. Son varias las ocasiones en las que se me insta a llevar máscara en espacios abiertos, aún pesar de que ya no es obligatorio. Me aconsejan hacerlo para evitar denuncias de particulares y al consecuente detención, visita al hospital, cuarentena y prueba médica bajo a mi coste.

Mis amigos chinos han organizado dos días de senderismo en las montañas de Anhui. Intentan convencer a los dueños de la casa rural, pero es imposible unirme. No alojan a extranjeros. La guinda de esta estúpida situación se da el sábado, cuando no puedo ir a jugar al tenis porque se prohíbe jugar a extranjeros, por medidas seguridad en una pista en la que los chinos sí pueden entrar. Así ocurre en toda la ciudad.

Mientras tanto. Sólo espero que todo esto pase cuanto antes.

Juan Y.C.