El dulce y melancólico concierto de Woody Allen en Badajoz

Capítulo uno. Él adoraba la ciudad de Badajoz. La idolatraba de un modo desproporcionado. No, no mejor así…él la sentimentalizaba desmesuradamente…eso es…para él, sin importar la época del año, aquella seguía siendo una ciudad en blanco y negro…que latía a los acordes de las melodías del Porrina. No…volvamos a empezar

Capítulo uno. Él sentía demasiado románticamente el Casco Antiguo…vibraba con la agitación de las multitudes y del tráfico. Para él, Badajoz era bellas mujeres y hombres que estaban de vuelta de todo… No, tópico, demasiado tópico y superficial…hazlo más profundo.

Capítulo uno. Él adoraba la ciudad de Badajoz. Para él, era una metáfora de la decadencia de la cultura contemporánea. La misma falta de integridad que empuja a buscar las salidas fáciles convertían la ciudad de sus sueños en…no, no, parece un sermón…quiero decir que, en fin, tengo que reconocerlo, quiero vender libros.

Capítulo uno. Adoraba Badajoz… aunque para él, era una metáfora de la decadencia de la cultura contemporánea. Qué difícil era sobrevivir en una sociedad insensibilizada por la droga, la música estrepitosa, la televisión, la delincuencia, la basura…no, demasiado amargo…no quiero serlo.

Capítulo uno. Él era tan duro y romántico como la ciudad a la que amaba…tras sus gafas de montura negra se agazapa el vibrante poder sexual de un lince ibérico…!Esto me encanta¡…Badajoz era su ciudad…!Y siempre lo sería¡

concierto woody allen

“Estoy muy feliz de tocar con mis amigos en Extremadura”
Badajoz. Hogar del redactor. Ascensor. Interior. 18.45

Minutos antes de la llegada del clarinetista al Palacio de Congresos, el redactor que cubre el evento se queda encerrado en el ascensor de su casa durante quince minutos, con claustrofobia, sin cobertura telefónica y muerto de frío, el colmo de un periodista.

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Badajoz. Palacio de Congresos. Sala azul. Interior noche. 19.00

El misterioso caso se resuelve y todo vuelve a su cauce natural. Acreditaciones y reunión de medios en una sala habilitada para la previa del concierto. ¿Qué dirá? ¿Cómo vendrá vestido? ¿Qué tocará? Las respuestas, siendo el cineasta un personaje meticuloso, son fáciles de adivinar. Gracias, gracias, muchas gracias, estoy muy feliz de tocar con mis amigos en Extremadura…viste pantalón de pana marrón bien holgado, suéter marrón, y chaqueta jaspeada tejida en espigas cruzada, color marrón…y tocará, con su banda el clarinete, ese instrumento identificado con la cultura judía, al que él mismo hace mención con mímica cómica tras su breve intervención.

“Badajoz no es Manhattan, aunque veamos al cineasta y clarinetista neoyorquino Woody Allen entrar en una antigua plaza de toros”
Badajoz. Palacio de Congresos. Patio butacas. Interior noche. 20.00

Los fotógrafos esperan impacientes al borde del escenario, un escenario sobrio con fondo negro donde cuelga un cartel de Extremadura, Capital Cultural. Los compañeros gráficos se agolpan en el acantilado del mismo, estirando el pescuezo al máximo y comprobando la batería de las cámaras mil veces (entre ellos los fotógrafos que ilustran el reportaje, Oto, Pakopí y David Rebolledo). Redactores en platea, elucubrando anécdotas para ilustrar con letras las imágenes de Woody y sus amigos septuagenarios.

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Badajoz. Palacio de Congresos. Patio butacas. Interior noche. 20.40

Entra Allen con la cabeza gacha, tímido y portando el clarinete como si llevar un fagot de cien kilos. La banda de New Orleans le sigue. Aplausos y ragtime suave para calentar la boca. Casi ochocientas luces provenientes de cámaras, teléfonos con cámara y relojes, también con cámara, iluminan las gafas y la vergüenza innata de Woody Allen. Las luciérnagas del concierto poco a poco se van a pagando y la música de la banda comienza a destilar el color de la películas del cineasta. Sonido gypsy, banjo mediante y Django Reinhardt salvando las distancias de Acordes y desacuerdos, un poco de dixie de Balas sobre Broadway, el Glenn Miller de Días de Radio, el Benny Goodman de Misterioso asesinato en Mahnattan y el Harry James de Hannah y sus hermanas.

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Badajoz. Palacio de Congresos. Patio butacas. Interior noche. 21.55

Hasta aquí la película, una última canción, aplausos y el señor Allen sale el primero del escenario, con aspecto de Woody Allen, con andares Woody Allen y con gestos made in Woody Allen, más aplausos. Despedida lenta, rítmica y acompasada como el sonido Nueva Orleans del cineasta del público asistente y en la recepción del Palacio esperan cava, bombones de higos y más jazz, en esta ocasión de la mano de los extremeños Mili Vizcaíno y su cuarteto.

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Badajoz no es Manhattan, aunque veamos al cineasta y clarinetista neoyorquino Woody Allen entrar en una antigua plaza de toros, actual Palacio de Congresos de la ciudad, de una pequeña ciudad fronteriza extremeña. Badajoz si soñó en una velada cargada de emotividad con imágenes en blanco y negro, con taxis amarillos, con un gran Central Park, con uno de los personajes contemporáneos de mayor relevancia cultural actual. Estuvo entre extremeños, tocando para ellos, edulcorando un concierto de navidad antes de actuar en Barcelona, después de hacerlo en Montecarlo…y en junio vuelta a Madrid para hacer un proyecto con Plácido Domingo.

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Parafraseando al señor Woody Allen en su película Annie Hall, Badajoz dejó de ser una ciudad cuya única ventaja cultural era poder girar a la derecha con el semáforo en rojo

Redactor (encerrado en el ascensor). Willy López | Fotografías: Pakopí. Oto / David Rebolledo concierto woody allen