El refugio de Arne | Royal Hawaiian Motel

American Express, Visa, Diners Club Internacional y Master Card. Llama al 760 733-4477 si necesitas algo, reza el cartel. Solo una baraja de cartas y una jarra de vino, y las mentiras de una mujer hacen una vida como la mía, Oh, el día que nos conocimos, me extravié y empecé a rodar por esa carretera perdida. El hilo musical de la recepción del Hawaiian Royal Motel. Una de las cuatrocientas canciones del enganchado de Hank Williamns que tiñe el calor del valle con más calor aún. Una carretera perdida y Arne, el dueño del motel, embadurnado en whisky.

Estamos en Baker, 835 personas censadas, 835 personas quemadas por dentro, 835 tostadas por fuera. Y ese sitio donde puedes dormir por dos pavos la noche, el motel con estilo a mares del pacífico sur. En la intersección de la I-15 y la Ruta Estatal 127, la casilla de salida al Death Valley Road. Aproximadamente a mitad de camino entre Los Ángeles y Las Vegas, el motel de 43 habitaciones supura descanso, tedio y desasosiego. En ese orden. Desde que te dan la llave hasta que Arne la vuelve a colocar en su casilla. Cerquita del Hawaiian una prisión, con alguna que otra fuga y un motín en su historial. Puedes verlo en cualquier momento que quieras pero nunca puedes irte, musita entre dientes Arne con un acento mascado por arena y sol. Un sol de justicia, de esos que pican y agrietan el alma, 56.7 ° su tope, registrado en el cercano Furnace Creek el 10 de julio de 1913. Solo la piscina con forma de preservativo inspira algo de salvación.

Hace un calor seco y asfixiante, cerca de 40º, y las 7 estaciones de servicio que se agolpan en las dos míseras millas que jalonan Baker decoran el bulevar como un camino de velas encendidas por gasolina. Octanos para todos y Arne en camisa a cuadros, bebido, alegre de ojos para arriba. Me da las llaves de la habitación 43 y al firmar en el libro de pernoctaciones, todo un mosaico que gentilmente Arne se entromete a descifrar.

En la habitación 2, el señor Earl Silas Tupper, un comercial cargado con son cientos de recipientes de plástico. El loco de Tupper empeñado en vender cajas vacías a todas las señoras de este maldito valle, ríe Arne.

En la habitación 3, Un tipo silencioso, sale de noche, vuelve cuando sale el sol, un vampiro negro untado en crema de las buenas. Firma como Sonny Boy Williamson II, King of harmónica. Otro tarado.

En la habitación 12, un director de cine, gordo y serio. Busca localizaciones para una película. No lo conocen ni en su vieja Inglaterra.

En la habitación 13, una chica muy guapa, que tuvo que hacer noche ayer por la tormenta. Acabó con toda el agua caliente del motel.

En la habitación 17, vive mi amante.

En la habitación 18, mi exmujer.

En la habitación 19, una mujer que realiza servicios sociales para la Iglesia Our Lady of the Desert.

En las habitaciones 28, 29 y 30, agentes de la FBI, que se hacen pasar por turistas. Se dirigen a Dallas para conocer algo más esta mierda de tierra.

En la habitación 31. El señor Harvey Oswald. No sé más de este tipo.

En la habitación 36. La señorita Kinski. Una rubia desorientada que viene de Paris, del condado de Texas.

En la habitación 40. Un tal…Merello. El pasaporte era español. Se ha pedido una cerveza bien fría y se ha puesto a pintar en un block desde esa ubicación. Sí desde allí, a pleno sol. Una buena dosis de insolación para estos artistuchos medio mejicanos.

En la habitación 43, su habitación, alguien que lee este texto y seguramente quiera pagar varios dólares por meter las narices en mi abandonado motel. Tome su llave, el aire acondicionado y la televisión con canales de cine corren cuenta de la casa. Enjoy.

Motel-Hawaian-culturabadajoz-overdose-01

Willy López | Ilustración Tito Merello