Gervasio Sánchez «La guerra es la acumulación de historias inconclusas»

Estar un rato con Gervasio Sánchez intimida. Una tarde apabulla. Un fin de semana inquieta. Nosotros estuvimos acojonados.  Y es que conocer al fotógrafo cordobés supone una jibarización de nuestra zona de confort en cuestión de minutos. Gervasio no pierde el tiempo. ¡Zas! Foto. Samuel Taylor Kamata ha sufrido la amputación de sus manos y su lengua. Freetown (Sierra Leona) 1999. ¡Zas! Foto. Centro de detención, tortura y exterminio Toul Sleng. Phnom Pehn (Camboya) 2007. ¡Zas¡ Nalena Skorupan, Sarajevo, 1993. Tenía dos meses, murió al día siguiente de hacer la foto, esa imagen que para Iñaki Gabilondo simboliza la imagen del horror.

El talante de Gervasio Sánchez domina. El talento está en su trabajo. Sólo hay que pillar el libro, el diario, ir a la hemeroteca o robar el álbum de la librería y admirar su honestidad profesional. El fotoperiodista mira a modo de carrete, habla de Desaparecidos y en un tono blanco y negro revela una secuencia magistralmente esbozada para formar parte en ese momento de la foto.  El fotoperiodismo tiene eso, cruzar la dimensión del plano en una batida de parpadeos, visualizar la instantánea, y sentir que puedes hacer algo, socorrer a la niña moribunda de Sarajevo, ser uno más de ese día de octubre de 1993. Las fotos de conflictos explotan en nuestras manos, y deseamos por todos los medios, quitar la maldita mina de la foto de Sierra Leona con tus propios dedos. Es tarde, ya hizo su macabro trabajo años atrás. Entre el instante en que Gervasio hizo click y tu ojo activó la foto se contempla como un pie de foto personal. Los desastres de la guerra, la gran aventura de ser periodista. «Es que trabajo en conflictos bélicos, no esperéis imágenes poéticas», aclara el autor.

Dice Gervasio en uno de esos magníficos documentales de Imprescindibles que la guerra no se puede contar. Da igual lo fina que tengas la capacidad analítica, lo bien que puedas enfocar, encuadrar, lo bien que seas capaz de entender lo que ocurre, es imposible contarla. Porque la guerra no dura un fotograma, no dura una crónica, no dura un párrafo, no dura un travelling, dura 24 horas del día, de muchos días, de muchos meses, de muchos años, a veces, de muchas décadas.

Gervasio vuelve cada tiempo a esos parajes del horror, vuelve pertrechado con algunos libros de fotografías, donde aparecen los anfitriones de esos campos de terror con algunos años menos. Es allí donde intenta buscar respuestas a preguntas que casi nunca tienen respuesta. El fotógrafo sabe la cantidad de muertos que ha habido en esas ciudades, fue testigo de sus muertes, Incluso vio sus cadáveres en la morgue o en los hospitales, o en la calle. Al final, como relata el periodista, sólo pretende buscar ese personaje que simboliza todo el desastre, la tragedia, el magnicidio.

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Los civiles se iban. Los serbios acababan de atacar el pueblo y la gente se largaba de allí. Yo iba con un fotógrafo amigo mío. Nuestro primer pensamiento fue que debíamos pirarnos. Pero te dejas llevar y llegó un momento en que ya no sabíamos ni dónde estábamos exactamente. Nos miramos los dos y nos dijimos: «Aquí es dónde se supone que debemos estar, ¿no?» Y nos respondimos: «Hagamos lo que se pueda.» Miguel Gil, Los ojos de la guerra. Manuel Leguineche y Gervasio Sánchez

La lente crea una distancia sobre lo que tú estás fotografiando o filmando. Te da la sensación de que no te mancha, que eso no te afecta. Pero no tienes ninguna capacidad de proceder, de procesar, mejor dicho, esas imágenes. Se te duplican en el cerebro, como dice Capa. Nosotros somos cruzadores de puentes, personas que cruzan el puente y vamos a esa realidad que no queremos ver. Ramón Lobo. Fotógrafo

La guerra era lo inimaginable, lo inconcebible, lo que no estaba en ningún lugar de mis sueños, mis miedos, mis ambiciones. Acababa de aterrizar de un viaje de placer, solo, de 40 días (casi todo en tren) por EEUU, en el que había podido entrevistar a dos de mis héroes (de entonces y para siempre), Henry Roth y Richard Ford. Cuando Luis Matías López, el redactor jefe de Internacional de El País, uno de los más ecuánimes y, por lo tanto, mejores jefes que he tenido, me soltó a bocajarro «¿quieres ir a Sarajevo?» me temblaron todas las piernas. Había bebido las crónicas de mis colegas desde aquel y otros frentes. También las de Gervasio Sánchez cuando no había ninguno de los nuestros en la zona. Pensé en la bala reventándome el cráneo. Pensé en cómo carajo se cuenta una guerra. Cómo escribes, cómo transmites, cómo te entiendes, cómo te mueves, cómo consigues fuentes, cómo descifras la verdad… Pero sobre todo, ¿cómo manejas el miedo? Alfonso Armada. Periodista

Al final Gervasio, Gerva, las resume siempre en la misma foto. Un tipo muerto, una mujer aterrada, un niño que llora, un cabrón con metralleta. A veces cambian los factores, y el muerto es el niño, la aterrada es la mujer y quien llora es el tipo, o viceversa. Pero el cabrón de la metralleta siempre sigue ahí. Ése no falla nunca. Arturo Pérez Reverte. Escritor y periodista.

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Arrancamos con una pregunta obligada, el Heraldo de Aragón, el periódico que te dio la posibilidad de ser quien eres y seguir trabajando actualmente…

Con Heraldo llevo trabajando treinta años, y soy un simple colaborador, con un acuerdo de colaboración que renovamos cada año, la verdad es que nunca lo hemos planteado pero quizá he podido ser un fijo de la casa pero nunca me ha gustado. El modelo idóneo de trabajo es ese modelo en el que tú quieres controlar tu tiempo, controlar los ritmos del trabajo, que quieres hacer las cosas a tu manera. Dentro de una plantilla eso es imposible. Ciertamente está mejor, te pagan más, tienes tus pagas extras…pero al final no acabas de hacer bien el trabajo y yo soy una persona muy independiente, no me gusta está vinculado con nadie ni hacer cosas que no me aporten nada. Yo he tratado de hacer reportajes porque no me interesaba la temática.

¿Cuál fue tu primer artículo?

Fue en marzo del 1987, y fue una entrevista que le hice a uno de los que disparó a Pinochet. El otro día se lo recordé al anterior director de El País, que fue él siendo un redactor, quien bajó a recogerme el reportaje.

¿Cómo podrías definir el periodismo?…te he llegado a oír que el periodista es aquel que nace la cuna y muere en la tumba.

El periodismo es tan importante para una sociedad como puede ser la sanidad y la educación. Una sociedad sin buen periodismo está totalmente condenada al fracaso y a la manipulación.  En España se hace mal periodismo con lo cual el ciudadano medio es más fácil de manipular. Se hace cada día peor periodismo porque las relaciones que existen entre las empresas periodísticas o mediáticas y los poderes fácticos, los poderes económicos, son cada vez más estrechas.

¿Cómo ha evolucionado el fotoperiodismo desde que tú empezaste hasta ahora?

Realmente ha evolucionado la tecnología pero yo creo que seguimos haciendo, o al menos yo, sigo haciendo las cosas igual que las hacía hace treinta y cinco años, de hecho la última que me compré una cámara fue hace muchísimo tiempo. No me dejo arrastrar por las nuevas cámaras  que salen, si mi cámara funciona  hasta que no se estropeé voy a seguir tirando con ella. Es verdad que utilizas las cámaras fotográficas para hacer fotos, yo trabajo en digital pero también trabajo con película, pero al mismo tiempo puedo estar con la cámara del teléfono móvil para hacer fotos. La evolución desde un punto de vista formal, y quizá sea porque la fotografía se ha universalizado más, hoy en día la ejercen más personas, cuando yo empecé en el periodismo en España había muy pocos periodistas del conflictos y ahora hay muchos y muy buenos. Sigue siendo una profesión con mucho sufrimiento individual.

El periodismo es tan importante para una sociedad como puede ser la sanidad y la educación. Una sociedad sin buen periodismo está totalmente condenada al fracaso y a la manipulación

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Un simple sello, las ganas de viajar, el hecho de ser el único estudiante de tener las ideas claras en la facultad, viajar para realizar el periodismo…¿Cuándo realizas realmente el salto de plantearte que querías ser fotoperiodista, querer cubrir conflictos, cuándo surge?

Yo empiezo a leer periódicos, primeros los deportivos y luego ya con 16 y 17 años empecé a comprar periódicos de información general y empiezo a partir del año 1976 con el diario El País a interesarme por temas internacionales y me empiezan a interesar los conflictos. Es verdad que era un aliciente para viajar pero al mismo tiempo ya tenía claro en la universidad mi trabajo por los conflictos bélicos. En esos años, entre mis 15 y 19 años, se produce el salto cualitativo de querer ser sólo un periodista para viajar para ser un periodista parar ver con mis propios ojos lo que estaba ocurriendo en el mundo.

Hablas con dureza de aquellos medios donde has colaborado y que ahora ya no sientes que formen parte de la prensa libre que antes sí podías ejercer.

Simplemente creo que la evolución del periodismo en España ha ido a peor de manera generalizada, hoy día cuesta trabajo encontrar medios que realmente hagan un trabajo potente desde un punto de vista de investigación periodística, que verdaderamente es la clave del periodismo,  medios donde tú puedas saber que pasa en el mundo en tiempo real no con años de retraso. Los que aprendimos a leer periódicos prácticamente con la muerte de Franco, nos entusiasmamos con la llegada de los nuevos periódicos de finales del 70´. En el 1976 nace El País, el Diario 16 y el Periódico de Cataluña, diarios que empiezan a aportar sangre nueva y frescura a los medios, y esos medios con el paso del tiempo, recuerdo que yo leía en la Universidad el Mundo Diario, y de repente descubres El País, te cambia todo. Yo no quería ser periodista de El País, yo quería ser colaborador del diario El País, y de hecho lo consigo, a partir del marzo del  87´, casi a la par con el Heraldo de Aragón. En ese diario empiezas a trabajar con ellos duramente muchos años, confías en un diario con el que te sientes cercano, cuidado, no ideológicamente, siempre he sido muy independiente en este aspecto, y ves que ese diario cada vez se van mezclando más temas políticos, ciertos departamentos ya no interesa investigar, de hecho El País nunca tuvo esa sección de investigación. Sinceramente creo que se ha podido hacer negocios y al mismo tiempo periodismo, de hecho El País ha hecho mucho dinero haciendo periodismo y ha perdido mucho dinero haciendo negocios.

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¿Esta situación en qué medida repercute con la nueva era digital de los medios de comunicación?

Yo creo que el mundo digital está pasando algo parecido a lo que ocurría en el mundo de toda la vida. Han aparecido muchos medios digitales, una atomización total de medios digitales que se parecen muchos unos a otros, que son incapaces de formar coaliciones y que al final responde a la fórmula del director que quiere montar su medio contra el director que quiere montar su medio para un público parecido. Y eso debilita. La única manera que hay de enfrentarse seriamente, cuando digo seriamente me refiero a calidad periodística, es siendo autónomo económicamente, y para ser autónomo económicamente se consigue obligando a los ciudadanos a pagar un dinero determinado.

 ¿Y esa contrapartida económica la entiende el ciudadano?

El público debe entender que si creen que una sociedad con buen periodismo va a ser mejor tienen que apoyar de esta manera. Al final si el ciudadano no cree en ello, ya seremos testigos de las consecuencias con el paso del tiempo. El problema grave es que hay muchos medios que se presentan como autónomos del poder económico y político porque resulta que les entra el dinero por una red de colaboradores, que está muy bien, pero que no son lo suficientemente fuertes para llegar a un mercado que sigue siendo liderado por los medios tradicionales. El Diagonal, por ejemplo, un diario que nació hace diez años, fue muy crítico con el poder y bastante alternativo y ha tenido que renovarse porque no acababa de funcionar en el mercado porque no había gente suficiente para comprar el periódico. Es muy complicado

Si no eres capaz de olfatear como periodista o como fotógrafo una historia que esté pasando a tu alrededor e intentar escribirla con imágenes o con palabras, conociendo tu sociedad, tus calles o tu entorno jamás lo vas a hacer en una ciudad desconocida en un idioma desconocido y con las consabidas dificultades económicas que vas a encontrarte

¿Qué va a pasar en los próximos años con el periodismo?

El tema está muy duro, muy complicado, si no consigues ser crítico con todo lo que sucede alrededor. Tienes que encontrar la clave para que el medio sea independiente, crítico con el poder y a la vez ganes. Un medio ni digital ni de papel.

Hay un elemento que define la parte más sencilla y honesta del periodismo y que has comentado entre los compañeros y en los talleres que impartes: se puede y se debe hacer periodismo en tu propia calle…

…es uno de los primeros consejos que doy a los jóvenes periodistas, que no se obsesionen con irse muy lejos porque si son incapaces de ver una buena historia al lado de su casa no la van a encontrar fuera ni por mucho que corran. Si no eres capaz de olfatear como periodista o como fotógrafo una historia que esté pasando a tu alrededor e intentar escribirla con imágenes o con palabras, conociendo tu sociedad, tus calles o tu entorno jamás lo vas a hacer en una ciudad desconocida en un idioma desconocido y con las consabidas dificultades económicas que vas a encontrarte.

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Volvemos a tu trabajo en campo Gervasio, en ese entorno hablas de suerte, de suerte por estar vivo y que otros compañeros no la han tenido. Hablas de mecanismos personales para llevar ese peso, como volver al mismo sitio, trazar nexos de unión cada tiempo…pero ¿Cómo desconectas de tu trabajo, cómo afrontas la vida familiar, la de tu espacio de confort?

La primera pregunta es sencilla…[sonríe]…si los demás están muertos y yo sigo vivo es que yo he tenido la suerte de poder contarlo, de hecho yo tengo un calendario de fechas que tiene que ver con las conmemoraciones o con los días que fallecieron mis compañeros, lo que me obliga a llamar a viudas, madres, hermanos e hijos de compañeros muertos para simplemente decirles que estoy a su lado para lo que necesiten. Otra cosa que me gusta hacer es recordar a mis compañeros cuando recibo algún premio, y no lo hago por esnobismo, lo hago porque creo en ello, para recordar que estas personas fueron fundamentales en el periodismo y que murieron ejerciendo el periodismo. En cuanto a momento de desconexión y de hecho el momento más difícil de la cobertura es darle al 0 del ascensor de mi casa. Yo no huyo de una familia en crisis, hecha un desastre, yo tengo una familia equilibrada, con todos los problemas normales que pueda tener un ámbito familiar, no tengo deudas y estoy satisfecho de lo que hecho para ¿Irme a una guerra? ¿Exactamente a qué? ¿Para sufrir, para vivir momentos muy duros? Hay que ir por convicción, por razones serias, de peso, porque una guerra sin documentar es una guerra donde las victimas van a ser más golpeados, sino conocemos lo que pasa en el mundo es como vivir de espalda a la realidad. Es complicado establecer los equilibrios entre el trabajo, la familia, tus obsesiones, los duros impactos internos que te da aquello que ves en tu profesión, hacer coherente estos factores resulta complicado.

El momento de desconexión más difícil de la cobertura periodística es darle al 0 del ascensor de mi casa

Gillles Peress…

…Gilles Peress es un fotógrafo fantástico que conocí antes con su obra que en persona. Mi primer contacto fue en América Latina en los años 90´.Me ayudó a entender mejor nuestra profesión, y de alguna forma, me obligó a que me planteara mis proyectos de otra forma. Me aconsejó que contara las cosas de una manera personal e incluso fue Gilles el que me influyó para que pasara al blanco y negro cuando por entonces sólo trabajaba en color. Esa relación que tuve con él y el hecho de poder observar como trabajaba uno de los grandes en campo me benefició muchísimo.

James Nachtwey…

…Lo conozco de los años 80´. Hemos coincidido en muchos lugares y es la gran figura del fotoperiodismo de conflictos. Es una persona muy agradable en el trato y muy respetuoso con el trabajo de los demás. Trabaja muy duro, sólo vive para su trabajo y nos ha iluminado a muchos de los que veníamos detrás.

Ha estado recientemente en España para recoger su premio Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2016…

…las dos veces que ha estado aquí en España, por el Premio de la Universidad de Navarra y el ahora con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación hemos compartido su viaje. Lo pude entrevistar y presentar en los eventos entre compañeros. He aprendido no sólo de su trabajo, también de su persona.

La mujer en la profesión, quizá las grandes olvidadas y con grandes trabajos en su espaldas, como es el caso de Cristina García Rodero…

…Le tengo un gran cariño, fue una guía para introducirme en la senda del periodismo. Imagínate si la conozco que la conocí en mis inicios y compartí trabajo con Rafael Trobat, su ayudante fotográfico. Rafa me hacía los duplicados, es decir, me hacía mis fotos en papel para luego meterlos en diapositivas para proyectarlas.  En mi casa tengo una foto de Cristina colgada. Es una de las mejores fotógrafas que hay en el mundo y que ha llegado donde ha llegado a base de pundonor y mucho trabajo. Las fotos de Cristina García Rodero tienen mucha pasión y honestidad.

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Tus fotografías muestran historias inconclusas, personas con un disparo en su biografía…

…La guerra es la acumulación de historias inconclusas. Millones de personas en cada guerra mueren o son heridas, obligadas a dejar sus casas, sus países y sus familias. Todas estas personas dejan historias inconclusas. Te tienes que marchar de tu hogar en Siria y acabar en Alemania dejando una historia inconclusa. Si te hieren o te matan es una historia que no tiene fin, es muy penoso tener que ver en el mundo que vivimos como muere la gente sin saber por qué, yo estoy harto de preguntar a chicos y chicas de la guerra, niños soldados, a adultos que llevan a cuestas la presión de mover toda una familia sin nada en el bolsillo, ¿Por qué está tu país en guerra, por qué estás luchando? Y no saben contestar. Es doloroso morir sin saber el motivo. Siendo heridos sin saber por qué están siendo heridos. Sufrir una amputación sin saber por qué.

Entrevista. Willy López | Fotografía. Félix Méndez