Isaac Rosa «Tenemos que apropiarnos del tiempo que nos han robado»

Entrevistar a Isaac Rosa supone cinco interrupciones. Una para firmar su último libro, otra para recibir besos y tres para recibir efusivos saludos desde el proscenio. La grabadora sigue su curso. Las fotos se siguen realizando. Isaac continúa estoico con sus respuestas. Estamos ante un extremeño de instituto, una adopción que para Rosa supone el axioma de paisanaje. Ríe ante el target que tiene delante, un entrevistador, al que tras cinco pausas, todas educadas y tiernas, asume que debe pagar algo más de 17 euros para leer una especie de autobiografía imaginada por otro. La editorial se desternilla de risa aún más. De Isaac Rosa sabemos que es un lector tardío y un escritor excelso. Con eso nos vale, sin datos pantagruélicos que nos asusten, su dieta se esculpe en una receta a priori simple; ver, vivir y describir la realidad. Levantarse, mirar por la ventana, saludar a sus vecinos del barrio, conversar con su familia, leer un diario, escuchar la radio, pagar los impuestos, viajar y trabajar. Ingredientes básicos para construir el universo Rosa. Un trabajo forense novelado diseccionado a conciencia para hacernos reflexionar. Con su última novela se hace una pregunta simple, esa que según él va más allá del tema, la del fondo social. En El país del miedo, la pregunta era ¿por qué tenemos miedo?; en La mano invisible, ¿por qué trabajamos?; y en La habitación oscura ¿por qué no arden las calles en plena crisis?…ahora toca ¿por qué nos queremos tan mal? En ese Feliz Final andamos inmersos y tras una charla amena toca ceder nuestro espacio vital, una firma, dos besos, tres abrazos. Cinco roces de cariño para un final feliz.

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¿Qué pregunta te planteas para escribir la primera palabra de esta  novela?

Como en mis libros anteriores, que parten de una pregunta, del mundo del trabajo, la sociedad del miedo o del franquismo, en este caso la mirada la dirijo a aquello que puede parecer que no es un tema tan político como en las anteriores obras, donde trato temas más íntimos, humanos, de sentimientos, que no es otra cosa que el amor y el desamor. Pero partiendo de estas relaciones sentimentales puede que el fondo del libro tenga más profundidad política que el resto….es decir…¿Por qué nos queremos mal?

¿Querernos mal?

Sí, porque no nos queremos mejor, y reitero que es una pregunta política  porque creo que la respuesta a esa pregunta tiene que ver que nos queremos mal porque vivimos mal. Mirando a lo más íntimo, mirando a nuestras relaciones lo que acabamos viendo realmente es el tipo de vida que llevamos, el orden social en el que vivimos, el tipo de relaciones que construimos. Esa mirada a lo más emocional acaba siendo una forma de ver más allá y ver realmente en que sociedad estamos viviendo. Si a través de una novela de amor y desamor como es Feliz Final podía por un lado vender el desconcierto, el malestar amoroso que existe en el entorno más cercano, en mí mismo, pero también he visto que a la hora de publicar el libro han surgido muchos lectores han sentido ese mismo malestar, una especie de pandemia generalizada.

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La novela tiene tintes autobiográficos por lo que cuentas…

Sí, claro, todas mis novelas tienen cosas de mi vida. No es una novela autobiográfica, pero parte de las entrañas de la trama parten de mi propia perplejidad con lo que nos pasa cada día. Yo quería reflejar ese malestar amoroso, ver hasta dónde estaba extendido, para luego ver que conexión tenía con el malestar social. Qué cantidad de ruina social en el que vivimos nos perturba a nuestra vida afectiva.

Partiendo de estas relaciones sentimentales puede que el fondo del libro tenga más profundidad política que el resto….es decir…¿Por qué nos queremos mal?

 

 

¡Estamos atrapados Isaac!

[Ríe]…La pregunta sobre el amor es tan enorme como para no esperar una respuesta simple…[Ríe]… No se puede echar la culpa al mal de amores, como existe en algunas novelas, al capitalismo. Evidentemente si tú eres un desastre en las relaciones no tiene una base social tu verdadero problema pro dándole una vuelta a la pregunta, no todo es culpa tuya. Es decir, no sólo es problema que solamente tienes tú. Hay mucha gente que lo ha pasado mal leyendo la novela, que se ha reconocido, que han sufrido muchas experiencias como las de los protagonista de Feliz final. Creo que hay algo en común entre todos y es que no estamos solos, que lo que me pasa a mí les pasa a muchas más gentes. El entorno y las condiciones de vida actuales nos llevan a ello, sociedad de consumo, valores del capitalismo donde nos llevan a una vida llena de frustraciones e insatisfacción. Una vida que la llevamos a nuestro entorno, al trabajo y a nuestra casa.

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No existe tiempo para reflexionar, no existe esa pausa que nos haga pensar. Parte de tus obras giran en torno a esa celeridad de la vida en la que estamos enfrascados.

Es un tema que me importa mucho y que cada vez lo tengo más presente en lo formal de mis estructuras narrativas, e incluso busco un tratamiento sobre el tiempo, como en esta novela, donde digamos se cuenta la historia hacia atrás. Digamos que eso tiene que ver con una reflexión de fondo sobre nuestra vivencia del tiempo, nuestro tiempo de vida, no solo del amor. Si no tenemos tiempo para lo más básico, para nuestras cosas más banales, no tenemos tiempo para cuidarnos. Tenemos que reapropiarnos del tiempo que nos han robado.

Hay mucha gente que lo ha pasado mal leyendo la novela, que se ha reconocido, que han sufrido muchas experiencias como las de los protagonista de Feliz final

Hablando de tiempo, ¿Cómo sacas tiempo para escribir las novelas?

…[Ríe]…aparte de estar trabajando en colaboraciones en medios, sacar tiempo para mis tres hijas, para este libro he tenido la suerte de estar becado como algo excepcional, que me ha permitido a la plena dedicación de la escritura. Si no fuese así, y por las circunstancias actuales, no sé si hubiese acabado la novela ahora. Una novela lleva una construcción de un trabajo previo importante y para eso se necesita la seguridad de la que he tenido la suerte de disfrutar.

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El hecho de colaborar en prensa y radio te hace estar más vivo, en tus novelas se refleja le frescura actual que vivimos…

Todo lo que escribo está hecho aquí y ahora, quizá dentro de dos años se convierte en un cuento que carece de posteridad, puede que se necesita una nota para explicar ciertos temas porque trato de temas muy del momento. Ese escribir mirando por la ventana para ver lo que está pasando en nuestro tiempo, nuestra vida, la toma de tierra para ello es precisamente la colaboración periodística que vivo.

Te aventuraste en el mundo del comic también con la temática social ¿Qué te aportó ver otra narrativa visual a tu texto?

Aparte de que soy un dibujante frustrado, para mí el poder trabajar con otro lenguaje me ha hecho ver otras miras narrativas y además me ha permitido trabajar en equipo, cuando escribes ficción trabajas en solitario y de esta manera entablas otro código de trabajo donde el guionista, dibujante y editor deben ir de la mano. Con el comic llegas a lectores más jóvenes y eso hace que entres de lleno en un mundo educativo muy importante. Toda una experiencia.

Perdiste tu virginidad literaria en Extremadura, publicando con Universitas Editorial y Del Oeste Ediciones…podemos decir que eres casi del terruño…

…[Ríe]…yo me considero medio extremeño, creo que uno es de donde hace el bachillerato…[Ríe]… me siento muy de Badajoz, parte de mi familia sigue viviendo aquí y aunque yo ahora viva en Sevilla, sigo considerando Extremadura parte de mi tierra.

Ese escribir mirando por la ventana para ver lo que está pasando en nuestro tiempo, nuestra vida, la toma de tierra para ello es precisamente la colaboración periodística que vivo

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¿Qué sensación te llevaste de la adaptación de tu novela de El país del miedo?

Muy buena, trabajar en el cine es muy interesante, El país del miedo es a simple vista una película oscura que no deja nada de luz para la esperanza pero cuando reflexionamos sobre el miedo que refleja el largometraje se nos enciende una luz, de esperanza, de buen sabor de boca.

Juan Goytisolo decía que creía estar programado para escribir desde los siete años y que nunca supo hacer otra cosa, ¿Podemos aplicarlo a tu vida?

No al contrario, fui un lector tardío y un escritor tardío, yo empecé a los veintiún años. Leía muchos comics y realmente yo quería ser un dibujante de comics pero empecé tarde a leer literatura, llegué tarde al impulso lector.

Entrevista. Willy López | Fotografía. Félix Méndez