Javier Cercas «La mitad de un libro la pone el autor, la otra mitad el lector»

Seguir a Javier Cercas es bucear en cualquier cuento de Borges. Acoplar las piezas del puzle de la obra del escritor extremeño es más sencillo que hacer de agrimensor para Kafka. Hablar con aquel niño que exiliaron con cuatro años de Ibahernando es un ejercicio de obligado cumplimiento para todo lector enganchando al cocido universal que en su día cocinó Cervantes con un tal Don Quijote.

Los pregones literarios suelen abarcar un universo infinito de citas sobre esa extraña droga que supone leer o escribir un libro. Benito Pérez Galdós y un texto robado de su Fortunata y Jacinta pueden resumir la batería imaginaria de divisas literarias; Vivir es relacionarse, gozar y padecer, desear, aborrecer y amar. La lectura es vida artificial y prestada, el usufructo, mediante una función cerebral, de las ideas y sensaciones ajenas, la adquisición de los tesoros de la verdad humana por compra o por estafa, no por el trabajo. Los pregones sirven para hacer de Unamuno y su San Manuel Bueno, mártir, el motivo de una profesión, una literatura como encuentro de certezas y dudas.

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Lo comentaba Paloma Morcillo, concejala de Cultura, los libros nos han acompañado en tiempos de pandemia, un título de por sí, que puede servir para un best seller pero que en realidad, se ha convertido en una afirmación agridulce, una maldita errata que nos ha marcado en la ficción de nuestras vidas. Una tabla de salvación que recordaba, la cultura en definitiva, esa herramienta universal que nos ha servido de medicina natural para salvarnos por momentos. El escritor un personaje siempre confinado siempre listo para narrar historias, una forma de leer de manera más encarnizada.

En esa línea, se trazan los pregones literarios, en acomodar nuestras lecturas en futuras ventas para los libreros, nuevas historias, nuevas compras, nuevos lectores. Ese círculo tan maravilloso que van enganchando al personal. Pero ya hemos dicho que seguir a Javier Cercas es seguir a la literatura, inabarcable. El escritor chileno Roberto Bolaño rescató a Cercas del olvido editorial, lo pescó de ese limbo de autores, para bien de la literatura española. Soldados de Salamina fue para el Premio Planeta la carta de identidad que corroboró con creces la apuesta de Bolaño.

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El placer de la literatura

La literatura es un placer, un placer que da conocimiento, lo mismo que el placer sexual. La literatura es una forma de vivir más, de vivir de una manera más compleja, más rica y más intensa. Cuando alguien me dice que no le gusta leer…lo único que se me ocurre es darle el pésame.

Feria del Libro. Mitades de un libro

Este tipo de eventos sirve para acercar los libros a los lectores, ver a los escritores extremeños en los carteles que decoran la feria, y a la que la inmensa mayoría no conozco, aquí en la calle como si fueran futbolistas, me parece fantástico.  También la feria del libro sirve para acercar los lectores a los escritores, no hay literatura sin lectores. En Terra Alta, mi última novela, hay un personaje que dice la mitad de un libro la pone el autor, la otra mitad el lector, y eso es así, ya que un libro es una partitura y es el lector el que interpreta esa partitura y cada lector la interpreta a su manera.

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Un libro es una partitura y es el lector el que interpreta esa partitura y cada lector la interpreta a su manera

No se puede obligar a leer

Aquello de que la literatura es una obligación no es correcto. Aquel que no quiera leer que no lo haga. La literatura obligatoria es un oxímoron, las lecturas obligadas se convierten en una contradicción cultural. Quien no quiera comer jamón extremeño o no quiera practicar sexo no sabe lo que se pierde, pero sería un error obligar a hacerlo.

Cada lector es un mundo

Ahora se está rodando una película de una novela mía, Las leyes de la frontera, con el director Daniel Monzón, y cuando, me preguntan si vamos a ver en la pantalla aquello que han leído, siempre les digo que eso es imposible, porque lo que usted ha leído solo lo ha leído usted. Cada lector crea su propio libro, esta es la magia de la literatura. Lo peor que puede hacer un escritor a mi edad es repetirse o convertirse en imitador de sí mismo.

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Soy un caníbal, devorador de libros, un animal carroñero

Nostalgia de la tierra

Soy un escritor porque soy un desarraigado. Si no me hubiese marchado, en esa diáspora de los 50 y 60, no sería lo que soy ahora. Lo he dicho y lo diré siempre, si lo dice mi madre es que es así. Algún presidente de la Comunidad extremeña me ha recriminado por ello, diciéndome que hubiese sido escritor en la tierra igualmente. Creo que no. Sufrí entre comillas una emigración privilegiada, por mi edad y por la situación familiar, nosotros podamos comer algo, la gran mayoría no tenía para llevarse nada a la boca. Fue mi madre la víctima, la que hizo de jefa del consulado de Ibahernando en Cataluña, la que se llevó todos los recuerdos en una maleta. Me siento muy querido en Extremadura, la gente me quiere mucho porque no me conoce, de cerca soy otra persona [Ríe]…pierdo mucho.

Willy López | Fotografía. Félix Méndez