José Luis Hinchado «El discurso vital de la escultura»

El artista suizo Alberto Giacometti decía que hacía esculturas para morder la realidad, para defenderse, para alimentarse, para crecer: crecer para defenderse mejor, para atacar mejor, para agarrarse con uñas y dientes, para avanzar lo más posible en todos los planos, en todas las direcciones, para defenderse del hambre, del frío, de la muerte, para ser lo más libre posible; lo más libre posible para intentar –con los medios que por entonces tenía – ver mejor, comprender mejor lo que le rodeaba, comprender mejor para ser lo más libre posible, crecer lo más posible, para gastar, para entregarse al máximo a lo que hacía, para correr su aventura, para descubrir nuevos mundos, para hacer su guerra.

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La guerra de otro escultor, el extremeño José Luis Hinchado, recorre las mismas arterias de obsesión artística, creando zanjas de ilusión en cada batalla de cincel. Su libertad la ha defendido desde el día que llegó a sus manos, con nueve años un libro de Miguel Ángel. Una defensa elegante, incesante, sutil y desgarradora de toda la obra que ha salido de sus manos. Su guerra se mima en la pátina de parafina de una tabla. Viento, una vela y aguas de un pantano. Su trabajo lo alimenta con mármol, granito y acero. Toneladas de rostros que descansan en la hierba, siluetas que zigzaguean en óxido y torsos que anhelan manos y cabezas.

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Hinchado delimita su espacio con un sauce llorón al norte, esquirlas de Carrara al oeste, un retrato fotográfico de Pedro Casero al este y toda una pasión escultóricas al sur. Una brújula que nos abrió sus puertas y que alimentó nuestros estómagos y nuestras almas.

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La Fundación Caja de Badajoz, con la labor investigadora de Moisés Bazán y Enrique Meléndez, autores del libro ‘El escultor José Luis Hinchado, recopilan parte de su obra en una imponente exposición en el Edificio Siglo XXI de Badajoz.

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Tu padre fue dueño de La Marina, suponemos que un espacio de artistas que te influyó bastante 

En mi casa no había esculturas pero si muchas pinturas. Desde Vaquero Poblador hasta Boraita y todos esos artistas pasaban por La Marina. Mi padre estaba en continuo contacto con el movimiento artístico de la época. Pero de los cuatro hermanos, sólo a mí me llamaba la atención el arte, los cuadros que plagaban las paredes de la casa. Mi madre se dio cuenta y a los nueve años me regaló un caballete con una caja de pinturas. Mi hermano también quiso pintar y de un cuadro costumbrista que nos pusimos a dibujar, mi hermano sólo termino una piedra y yo conseguí terminar el cuadro. Ahí empezó mi obsesión. Un estado obsesivo que se acrecentó cuando llegó a mis manos un libro de Miguel Ángel, al abrirlo sentí una de las sensaciones más placenteras del mundo. Fue cuando dije que tenía que intentarlo, hacer lo que estaba viendo en ese momento.

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¿Sigues trabajando con esa misma sensación del primer momento?  

Ahora cuesta mucho tenerla, cuesta volver a tener las primeras sensaciones, esas que teníamos de niños. El cerebro cambia, de pequeño todo se sorprende, formas parte del entorno, descubres sabores, aromas, olores y texturas y esa trasmite placer. En esa etapa de la vida uno se siente que forma parte del espacio, que está dentro del entorno y eso poco a poco lo vamos perdiendo por estar socializados. Las preocupaciones, las obligaciones, el día a día de adulto elimina esa parte que el cerebro tiene reservada para disfrutar sin contemplaciones.

…¿y tú has perdido ese lado infantil? 

Lucho a diario por ella. Es complicadísimo recuperarla.

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¿Tu afición al windsurf te puede ayudar a recuperarla?

Yo antes navegaba cuando estaba en Tarifa y yo me sentía arte del agua, estaba integrado en el mar, su olor, el viento y esa sensación ya no la tengo. Ahora me subo a la tabla y me siento ajeno al medio, no soy capaz de alcanzar la sensaciones de antes. Suelto lastre que tengo acumulado pero ya no percibo lo mismo.

 “Al abrir un libro de Miguel Ángel sentí una de las sensaciones más placenteras del mundo”

¿Qué sensaciones necesitas cuándo empiezas a modelar una piedra? 

Tienes que estar concentrado, y por eso no puedes hacerlo todos los días. Saber lo que tienes dentro de la piedra, no somos canteros que tienen medidas fijas para cortar y demás, los escultores tenemos otros parámetros dentro de la obra que queremos reflejar. Por eso tenemos que estar bien, el día que no estamos a punto se comienza a tener accidentes.

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¿Has tenido algún percance trabajando?

De todo tipo, desde clavarme esquirlas en los ojos hasta golpearme la cabeza con la grúa que utilizo para trabajar con piezas grandes, pasando por sufrir cortes con el disco de la radial en la pierna. Es normal, son muchas horas, mucha tensión. Los instrumentos para esculpir son muy pesados y peligrosos y el cansancio o la relajación pasan factura.

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Da la sensación que a los escultores os ven como gente de fragua y cincel,  artistas faltos de sutileza…

Es muy complicado. Es un trabajo intelectual y un trabajo físico. Se trata de calcular como un ingeniero, de darle forma y belleza a un elemento sólido con instrumentos duros y peligrosos en condiciones a veces, muy complicadas. Es normal tener los dedos machacados cuando trabajo con el martillo, o los ojos destrozados por le polvo que desprende el mármol o el acero al cortar con la radial. El mármol es un mar blanco, es fruto de muchos millones de años de agua cristalizada, después de trabajar con esta materia, los restos que se te quedan en los ojos reaparecen por las mañanas alrededor de tus ojos en formas de pequeñas piedras blancas.

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¿De dónde traes la materia prima como el mármol?

Tengo mármol de todas las partes del mundo. Mármol de Carrara, el mármol negro de Bélgica, de Portugal, del norte España. Además es un material costoso. Una piedra limpia y grande es muy cara. Las piedras se han convertido en una obsesión, no puedo parar de analizarlas, darles formas…[ríe]…me traigo piedras de todos los lados, ¡lleno las maletas de piedras!

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“El arte es hacer un discurso vital, un recorrido de tu vida reflejada en tu obra”

La escultura es una arte que aglutina delicadeza, dureza y autenticidad…

…Estamos divididos en escultores blandos y duros, los blandos que modelan en bronce y demás, y los duros los que trabajan la piedra o el hierro. En esa sección los escultores necesitan manejar los antiguos instrumentos con las nuevas tecnologías, ser cuidadoso con un material tosco y tener una percepción muy definida sobre una pieza sobre la que no hay marcha atrás.

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¿Qué te lleva a seguir sufriendo desde el libro de Miguel Ángel hasta ahora con este arte? ¿Qué te ha dado la parte académica para llegar a ser el artista que eres actualmente?

…[Ríe]…la obsesión por la escultura, las ganas innatas de crear algo, de contar algo a través e una piedra, ese es el sufrimiento que me hace seguir luchando…y la parte académica es la no formación, quitando dos o tres profesores que me aportaron cosas, después de estar desde los nueve años en contacto con el arte, en la universidad me aburría, modelaba mis trabajos y los de mis compañeros. Necesité buscarme más alicientes de los que me daba la facultad de Sevilla ya que apenas teníamos material para trabajar y me metí en Artes Aplicadas para poder picar piedra. Recuerdo que con la primera piedra se me partió la nariz del busto que estaba haciendo y se me puso en tela de juicio ya que venía de Bellas Artes. Pero me resarcí con la segunda piedra, ya que me dieron la enhorabuena por el master class de tallar piedra que pude dar.

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¿Cuando ves una piedra sabes lo que vas a desechar para llegar a la obra que ha imaginado?

He perdido esa capacidad de sentir, tengo claro lo que tengo que tallar para llegar a mi objetivo. Me considero un tipo con mucha imaginación, puedo ver, percibir lo que quiero con solo ver el bloque de piedra, pero ya me cuesta sentir la emoción de los inicios, de esa segunda piedra que me dejaron cincelar en la Escuela de Artes Aplicadas de Sevilla. Tengo tan desarrollado las tres dimensiones que a veces no veo aquello que es intangible, lo que hace única una escultura.

“La obsesión por la escultura, las ganas innatas de crear algo, de contar algo a través e una piedra, ese es el sufrimiento que me hace seguir luchando”

 

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Una retrospectiva de tu obra que ha organizado la Fundación Caja de Badajoz muestra una selección de tu recorrido artístico, que supone para ti esta exposición

El arte es hacer un discurso vital, un recorrido de tu vida reflejada en tu obra. En ella está reflejada toda, mi forma de vida, mis inquietudes, mis amantes, mis mujeres, mis amistades, mi forma de ver el mundo. La exposición y el libro publicado por Moisés Bazán y Enrique Meléndez a través de la Fundación de Caja Badajoz es un retrato de mi vida a través de mi obra. La labor de la Fundación está siendo única en la región, nos aporta valor como artistas en nuestra propia región, ya que fuera si estamos valorados. Un granito de arena muy importante para catalogar la producción artística de Extremadura.

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Tienes muchas series dentro de tu obra

Las series son las que me mantienen en vida, yo soy incombustible, mientras tenga una idea de la siguiente yo seré eterno, el resto te da igual, tener dinero, exposiciones, viajes…las series me permiten estar vivo con el arte. Ahora estoy con la serie Velas pero ya tengo otra en mente, el día que ese espíritu desaparezca, desaparecerá mi obra.

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Qué obra tuya te llevarías a tu tumba para viajar con la muerte

….[Ríe]…He realizado muchas obras, olvido muchas de las obras que he hecho. Las series de mis obras tienen un nexo pero a veces pierdo el hilo de su ubicación. No sabría decirte que obra llevarme conmigo a la tumba…[ríe]

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Entrevista. Willy López |  Fotografía. Félix Méndez