Juan Margallo «El teatro hecho vida»

Baja la escalera del destartalado hotel. Cada paso está cerciorado, corroborado y sujeto a leyes universales detalladas y publicadas por Bertolt Brecht en un diario sicalíptico del Berlín Este. Cada peldaño; un año de su vida, cada paso; una huella teatral sobre la moqueta negra, años atrás roja fascinante. Le salimos al encuentro, para que la bajada de la fonda asuma tintes de Everest, y el campamento base le permita tomar aire y descongelar los recuerdos de su cima. Paseamos, descafeinamos el café, hablamos de flemones dramatúrgicos, damos vida a las piedras de Antonio Juez, charlamos de nietos, comida, dictaduras y de las piernas de Calígula, las mismitas que le hicieron tilín a su Petra Martínez sin necesidad de morfina. Paseamos la vida real, que supera cualquier obra de teatro inimaginable, la paseamos sentados en un banco, la mandamos de paseo mientras saboreamos muchos puntos de sutura, fruto de un combate de boxeo ante el peso pluma Stanislavski.

El reflejo de los espejos que decoran la cafetería, nos vomitan dos jóvenes haciendo teatro del absurdo ante una máquina tragaperras, un trapo que recoge las migas de las palabras desechadas en nuestra entrevista y a un Juan Margallo, al que la rabiosa ternura de su personalidad,  le hacer rebotar una vieja imagen ya anacrónica,  post mórtem, cosechada bajo la censura de la risa.

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¿Es la risa, el humor, la ironía el motivo de tu existencia?  

Es fundamental, creo que una de las características principales de nuestro teatro es la crítica, la ironía y la risa. Es lo  más sano que hay y nosotros lo hacemos constantemente de uno mismo.

¿Te tomas con la misma filosofía el tema de la muerte?

[Ríe]…Siempre he tenido una enorme aprensión a la muerte. Cuando  Petra dice que a ella no le da miedo morirse me pone muy nervioso. Saber que un día todo se va a acabar es algo que nunca he sabido llevar, y desde pequeño siempre he tenido ese miedo. De esto hablamos en la obra de ¡Chimpón!, panfleto post mórtem.

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¿Y de qué más habláis en ¡Chimpón!, panfleto post mórtem?

En la obra salimos Petra y yo en dos sillas de ruedas que se mueven con un mando a distancia. Estamos en el momento justo antes de  morir y estamos ante un carrusel de lo que hemos vivido en forma de fotogramas de una película. ¡Y cuidado! Todo lo que sale es real.

Entonces, ¿Hablaréis de todo no?

De todo, de la muerte, de la física cuántica y de lo fugaz de la vida. Todo lo que hemos hecho ya ha pasado, lo que hemos realizado hace un rato, ya no existe. También hablamos de cosas de familiares, como se salvaron nuestros padres de sendos fusilamientos. El de Petra que era del ejército de los rojos y el mío que era del ejército de Franco.

Por décimas de segundos, hoy, mañana y pasado podéis actuar sobre un escenario para contar eso mismo…

Sin duda, esto es la vida, por eso tengo tanto respeto a la muerte

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Entre risas y anécdotas, Juan Margallo destapa su fluidez verbal, su verborrea cómica, la misma que le hizo tener que repetir el examen de la RESAD por su marcado acento extremeño. La luz cae a plomo y el otoño del jardín del baluarte defiende a capa y mortero los tenues ataques que lanza el sol moribundo. Juan Margallo nos cuenta sus inicios, cuando tuvo que hacer de extra boliviano en el Festival Iberoamericano de la canción en Cáceres, con un gorro del altiplano y mucho morro. También nos cuenta las casualidades que tiene la vida, ahora tiene dos nietos bolivianos.  

 

 

¿Existe mucho de improvisado en vuestro teatro o esa sensación la provoca el buen trabajo de estudio y ensayo?

No claro está…eso no quiere decir que de vez en cuando improvisemos…Petra ahora es más meticulosa con ese tema, en una obra de teatro hace poco (Una mujer en la ventana), paró la obra cuando desde el público comenzó a sonar un teléfono, le indicó que lo cogiera, y después se dirigió al resto de espectadores para decirles que volvían unos minutos atrás la obra para volver a coger el hilo…[Ríe]…!Es tremenda!! Incluso durante otra obra me corrigió y me hizo rectificar porque me había confundido!. ¿Y si algún espectador repite otro día?…[Ríe]

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¿Tienen que ver vuestros métodos de aprendizaje teatrales para poder llegar a esta capacidad actoral?

Hemos sacado un poquito de cuando estudiábamos, con Layton y el método, y resulta que era ignorar todo, con el tiempo nosotros hemos visto que aquello que ocurre forma parte de la obra, no podemos hacer caso omiso de un foco que se cae a un metro tuya…[Ríe]

 

               “Las características principales de nuestro teatro es la crítica, la ironía y la risa”

Panfleto post-mórtem…El título de la obra tiene mucho de cierre profesional…no nos asustéis!

Chimpón…[Ríe]…le he dicho a Petra que la próxima obra será “Cerrado por defunción”…y ella ya no quiere más temas relacionados con la muerte.

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Seguimos la charla paseando y Juan nos cuenta como quedó subcampeón en campeonato interprovincial en Toledo en salto de pértiga. Eran dos participantes, nos cuenta con risa de niño travieso. Nos refresca la memoria con sus escapadas a Madrid, escapadas cortas, varios días y vuelta. Nos relata, ya entre las luces de las farolas del parque, como empezó a hacer algo de teatro con Euquerio, (alguna clase  del Actors Studio), ese promotor cacereño que sólo vendió dos entradas en una actuación en Badajoz.  

 

 

¿Fueron tus primeros cameos con la magia en el cuartel lo que te hizo querer lanzarte a ser actor?

Era un malísimo estudiante, ni tan siquiera iba los exámenes, suspendí tres veces reválida de 4º, y mi padre que era militar decidió meterme en la mili, como educando de banda al no tener la edad, pero ni tan siquiera iba al cuartel. Pero cuando me acercaba para no enfadar mucho a mi padre conocí a Carlo Leopold III, toda una saga de militares…[Ríe]…y me adentré en el mundo de la magia, incluso hicimos alguna actuación en la que yo imitaba a Gila. Al final aprendí bastante, tanto que hasta aprendí a hipnotizar, o eso creo yo…[Ríe]

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“Le he dicho a Petra que la próxima obra será “Cerrado por defunción”…y ella ya no quiere más temas relacionados con la muerte”

¿Y cómo pudiste hipnotizar al director de tu primera obra de teatro?

Fue por pesado, en el María Guerrero, con José Luis Alonso en La loca de Chaillot, de Jean Giraudoux. Necesitaban a uno que tocaran el acordeón y yo me presenté tocando la guitarra y lo volví a intentar cuando me enteré que necesitaban a uno que fuera malabarista y les dije que sabía hacer juegos de mano y demás…[Ríe]…y fue casualmente cuando el director me vio en la escuela y me dijo que si yo era el pesado que se presentó varias veces para un papel…me dio una oportunidad como figurante con dos frases… y hasta ahora.

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Nos habla, ya con un café entre sus labios de sus etapas en el teatro, de sus compañías y sus aventuras por medio mundo. Sus duros y buenos momentos en París y Londres, donde alternó trabajos de camarero y cantante de sólo cinco canciones sudamericanas, las que le valieron para poder comer. Nos habla de cómo y cuándo conoció a Petra Martínez en el Teatro Estudio. Curiosamente suena una llamada de Petra. Viene de camino en tren. Lentamente, como suele ser habitual por estas tierras, lo justo para terminar nuestra entrevista.

¿Cuándo y cómo conociste a Petra?

Ella dice que se enamoró de mí por las piernas, en una obra que yo hacía de romano con faldita. Le guste tanto que la fue al ver con un novio y al día siguiente quiso ser actriz, dejó plantado a su noviete para ver una obra de Cleopatra…[Ríe]…curiosamente le recomendaron el Teatro Estudio para empezar, y a mí fue el primero que vio al entrar por la puerta

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Queda poco para apagar la grabadora, las fotos ya no tienen luz y el protagonista de nuestra entrevista necesita cargar pilas. Antes nos hace un viaje con su guía teatramundi. Su primer obra con Tábano, La escuela de los bufones, de Michel de Ghelderode. Los primeros montajes con Tábano, Castañuela 70 y El retablo del flautista, ambas fusiladas por la censura. Su exilio profesional, sin duda, su mejor época. Entre el sorbo final, nos cuenta su etapa con “El Búho” y “El Gayo Vallecano” donde pudieron hacer un teatro puro y directo. Uroc y hasta esta obra dirigida por su hija Olga Margallo

¿Dejáis a vuestra hija Olga dirigir la obra en algún momento?

[Ríe]…Olga tiene una vista tremenda, como nosotros hemos escrito la obra estamos siempre avanzando y hablando, pero ella tiene la particularidad más deseada en cualquier arte, tiene la capacidad de sintetizar, cortar, quitar sin que afecte al resultado final. Eso hace que sea fuerte y disciplinada en su trabajo…y más para dirigir a sus padres.

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¿Quieres decir con esto que el teatro es demasiado largo?

Tengo una teoría, que creo que pasaré a la historia del teatro por esto, en la que hay un dicho que dice que a una obra siempre le sobran veinte minutos…mi aportación es que le siguen sobrando después de habérselos quitado [Ríe].

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Juan Margallo, ríe y reímos con él. Le acompañamos hasta su travesía al pico iracundo de su hotel, y tras sendos abrazos dejamos al teatro independiente vivo más importante del país que recite, ensaye su post mórtem a la espera de un beso de su Petra y chimpón.

Entrevista. Willy López | Fotografía. Félix Méndez