Miguel Oriola «Material fotográfico provocativo para pensar»

El mundo estilista de Oriola lo componen una bomber negra con un algoritmo japonés, una camiseta negra con lema japonés, un pantalón negro y unas botas negras extraídas de un personaje de Kurosawa. La cámara la lleva en el alma. Dispuesta a disparar sin que lo veamos. Dispuesto a ser un personaje de Jim Jarmush en un palomar de cualquier terraza del mundo.

Oriola nos advierte, la entrevista entre unas cañas de bambú sería lo más adecuado. Estaríamos muy cerca de su pasión por los Takuma Nakahira y Daido Moriyama del alma. La Fundación CB en una de sus múltiples charlas semanales nos trae a este grande de la fotografía nacional a su sede en Badajoz. Tres horas dieron para mucho y la Rucab dispone de un jardín espléndido con cañas de bambú. Allá que vamos.

El fotógrafo nos confiesa que le aburre el mundo en general, que le aburre mucho. Nos lo dice para entablar un preámbulo disperso. Intenta crear con las palabras lo que hace con una cámara de fotos, buscar el origen más perdido, más sórdido de nuestra cabeza, plasmar lo primero que le sale del objetivo sin tener que reflexionar el porqué.

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Reza su libro de Actus; Me pregunto qué es la fotografía, mientras siento que en mi interior se desencadenan estímulos e impulsos que me hacen actuar en este entorno caótico. Percibo mi trabajo como una cualidad alucinatoria, un flujo de emociones que generan imágenes imperfectas nacidas de la rica incertidumbre que me posee.

Su joven amigo Jamèl Van de Pas nos describe la manera tan primigenia que tiene, tienen ambos, de expresarse con una pequeña cámara; Miguel y yo tenemos una relación muy especial, incluso fuera de la fotografía parece que somos gemelos mentalmente hablando. Experimentamos la vida y también la fotografía de la misma manera, desde un punto de vista filosófico. Es bueno ver eso porque tenemos las mismas ideas, las fotos también se parecen de alguna manera. Realmente muestra que la mente es tan importante como el ojo.

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Con todos ustedes; el señor Oriola…Are-bure-boke

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Miguel, ¿Cuándo te da por coger una cámara de fotos?

Nunca. Yo no tengo vocación, no tengo esas cosas que algunos que dicen que tienen. Hace 60 años yo era pescadero en Alcoy. Mi padre era pescadero y había que currar. Las casualidades de la vida me llevaron a un estudio y hasta el día de hoy. Pude ser lechero o carretillero porque la fotografía no entraba en mis planes vocacionales de vida.

¿Qué te hizo saltar de la pescadería al estudio fotográfico?

Pues porque era algo que molaba, que era divertido. En cierto modo por la forma en que aprendí siempre me he tomado la fotografía así. Es la forma que tengo de hacer algo en esta vida y no la quiero trascendentalizar, la quiero naturalizar. Sólo hago fotos. Yo he trabajado para prácticamente todas las revistas de este país y muchas de fuera. Elle, Cosmopólitan, Tendencias, El País, Vogue, Playboy alemán…

El 19 de octubre de 1959 me metieron en un plató y me dijeron oye ¿Qué te parece esto? Y yo que iba a decir, pero hubo algo que me fascinó y aunque mi familia  no me había mandado a estudiar a ningún lado pero yo tocaba la guitarra, veía el trabajo de Antonioni y sí que tenía claro que quería realizar algo creativo, músico, actor o pintor. En mi localidad me aburría y decidí marcharme a Madrid. Y curiosamente fue allí donde trabajé de fotógrafo para pagarme la escuela de arte dramático, pero yo no quería ser fotógrafo. Ese era el oficio que me habían enseñado. Todos los gastos me los pagaba haciendo fotos pero hasta que no me casé y me vi en la tesitura de tener un sueldo mucho más estable, no decidí hacer fotos para vivir. Pasaron once años desde que lo abandoné en Alcoi.

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El tema concurso fotográfico por entonces sería escaso…

…Te voy a contar una anécdota curiosa sobre este tema que cambió mi vida. Presenté unas fotos al concurso de nivel nacional y lo gané. Pensé que por presentar una simple foto y ganar no tenía mérito y me presenté a otro concurso para ver el nivel y volví a ganar. Pensaba al revés que el resto y dije voy a presentar una foto más, si gano dejo la fotografía…y dejé la fotografía. Me dejé el pelo largo, me compré una guitarra y gire por España sin sentido. Diez años después de mi vida hippie cuando encontré a mi chica fue cuando asumí que debía realizar lo que mejor se me daba. No perdí diez años, me enriquecieron pero estuve diez años sin hacer una sola foto.

Hablas de la incertidumbre e imperfección de tu fotografía, trasmites una especie de obsesión natural por ejercer la profesión sin querer ejercerla, al menos ahora…

…Siempre desde que empecé en esto, a los 14 años, me considero fotógrafo. Soy fotógrafo. Me pillará un día un autobús y me dará una hostia y seré fotógrafo. He sido profesional por que trabajaba para otros durante muchos años como el Corte Inglés o Cortefiel. Hacía moda y era la forma profesional de ganar dinero y ahora soy un profesional de no ganar dinero, un profesional de hacer lo que me da la gana, de practicar la fotografía libremente pero como tengo entronizado en mi cabeza esa especie de responsabilidad que uno adquiere durante toda esa vida profesional, este momento de mi vida me lo tomo de la misma manera.

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Quizás por eso, ahora estés viviendo tu mejor etapa…

…Ahora sólo hago lo que me apetecer hacer, mi trabajo personal, pues resulta maravilloso. Lo digo tranquila y humildemente, ¡Es la leche! Y encima me pagan…[Ríe]…me pagan por que doy clases, confían en mi trayectoria.

¿Siempre has firmado como Miguel Oriola?

Me daba cosa firmar con mi nombre cierta cosas, estamos hablando de fotografías de encargo para ciertas revistas. Entonces creé un pseudónimo que me servía para otro tipo de trabajos, bueno, realmente tuve tres pseudónimos…[Ríe]…que conmigo hacíamos cuatro.  Según el tipo de trabajo que me encargaban se ponía al teléfono Iván, Miguel o los otros dos.  Era curioso porque casi siempre llamaban preguntando por Iván, el fotógrafo hortera que más tirón tenía en aquella época hortera.

Trabajaste en una época donde había pasta para los reportajes fotográficos

Había mucho dinero y había cuatro fotógrafos. Te encargaban trabajos para las empresas más grandes de España y pagaban muy, muy bien. Te podías permitir el lujo de comprar una casa y una moto en poco tiempo. Además hacía fotos de moda y tenía una buena reputación. Las portadas de las revistas y los carteles del país estaban copados por mis fotos.

Había mucho dinero y había cuatro fotógrafos. Te encargaban trabajos para las empresas más grandes de España y pagaban muy, muy bien

¿Y cómo existe este desfase actual con lo que ocurría antes?

No lo sé, quizás la nueva forma de hacer publicidad, el exceso de todo, las crisis, no sé un poco todo. En aquella época no te parar a pensarlo, estás metido en la vorágine de tu profesión, haces tu trabajo y cobras. Quizá ahora si percibes que la cosa anda más tiesa.

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¿Eras consciente de la Movida madrileña, que las cosas estaban cambiando?

Yo no pertenecía emocionalmente a la Movida. Me pasó con ese rollo de la Movida lo mismo que con mi trabajo, no percibía señales que me hicieran reflexionar. Nunca se ha hecho peor música que en esos años…hay gente que quiere salvar los muebles diciendo que estuvieron en la Movida. Yo estuve allí esa época, hice fotos de la gente de la Movida y me movía con esa gente pero no me meneaba con ellos.

Saltamos de la Movida al Centro Internacional de Fotografía y Cine, cuéntanos tu parte como profesor o director del Máster de Moda.

Yo no quiero dirigir nada en esta vida, pero por haber hecho moda tantos años, el jefe de la escuela me planteó dar clases de un Máster de moda. Mi trabajo ha evolucionado y me he vuelto honesto y sincero, no puedo entrar en un aula y decirle a los alumnos que ya no me interesa la moda. Soy asesor y basta.

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El aparato-cámara está impidiendo hacer fotos de manera natural, espontánea y me dije no, no puede ser y vendí todas las cámaras digitales que tenía

Comentas que tu fotografía ha evolucionado en estos años…

…yo he sido el que ha evolucionado mucho. La fotografía por supuesto que ha evolucionado mucho pero yo he dado un giro a los más primigenio y natural de la fotografía, lo más japonés. Mi preferencia por los fotógrafos japoneses me dan todo lo que necesito explorar ahora. Son la leche, todo lo demás son recuerdos en mi vida, tanto personal como profesional.

Mi trabajo ha evolucionado y me he vuelto honesto y sincero, no puedo entrar en un aula y decirle a los alumnos que ya no me interesa la moda

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Japoneses como Moriyama o Nakahira…eres nuestro Provoke… ¿Cómo es eso de hacer fotos con cámaras sin visor prácticamente?

Una de las cosas que he hecho es reducir el personaje de la cámara, y resulta que la cámara está impidiendo hacer fotos. El aparato-cámara está impidiendo hacer fotos de manera natural, espontánea y me dije no, no puede ser y vendí todas las cámaras digitales que tenía. Compre cámaras pequeñitas, baratitas, de esas que hacen de todo y son la mejor manera de hacer desaparecer la cámara. Sin visor. Cambia el aspecto técnico pero implica muchísimas cosas en el aspecto emocional, eso es lo que más me interesa. Yo ya no pienso, cuando hago algún trabajo, nunca le llamo proyecto a un trabajo fotográfico, tengo la necesidad de no pensar, de partir la intuición.

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Entrevista. Willy López | Fotografía. Félix Méndez  /  Miguel Oriola (Actus, Alphaville y Sketch 5)