Plata o Plomo #Week 30

Entra en el escenario, traje negro, impoluto, corbata de seda con jaspeado en bermellón, un pañuelo de grecas azul y blanco asoma del bolsillo de la chaqueta, gafas negras de  cristales castaños, bigote milimétricamente afeitado, zapatos oscuros, de avenida Madison, de la tienda fetiche, relucientes, brillantes, gemelos a juego con la corbata, voz honda, extraída del estómago de una ballena, manos bañadas en óxido y una trompeta lacada y bañada en oro negro.

Desde el palco del escenario, encaramado en una silla, desde la tramoya, sujeto a una soga, desde el patio de butacas, reposando su enfermedad, de negro inmaculado, pantalones cómodos, camisa de algodón, algo ceñida, chaqueta de cuero oscura y con olor a carretera, gorra comprada entre Bowery y la primera calle, con un pañuelo de lunares al cuello, lunares blancos, fondo marrón, manos verde oliva, con dedos en blanco y negro y una cámara de fotos con mal de Portnoy

Uno toca jazz. Otro toca el jazz. Ambos trabajan

 

 

 

 

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