Plata o Plomo #Week 37

Un beso no cuesta nada darlo, un besito con los morros manchados de merengue son una delicia cubanera, con el mentol de la vaselina, medicamentoso y con nostalgia de consultas al practicante. Un besito, en la nuca, suave, rozando la pelusa que crece salvaje por el borde superolateral del trapecio y adelante por la línea mediana del cuerpo, provocando tiritonas concupiscentes. No seamos vagos, sólo hay que suspender la mandíbula, juntar los filos de las curvas labiales y buscar el escorzo perfecto para soltar la descarga. Muak y zas que diría Glenn Ford, beso con efecto lluvia y tostadas de diamantes, bésame como si fuera la última vez y bésale otra vez Sam, el besazo del padrino al encontrar a Chencho, el besazo del padrino al descubrir la traición familiar, el beso futurista que se da más allá de Orión, el que se da con las olas rozando el Meyba, el beso titánico de un imberbe Di Caprio, el chulesco y extradiegético de Bacall, Bogart con carmín de Lauren en el ataúd.

Sinceramente, el beso es gratis, no hay copagos, sólo accesorios que edulcoran el gesto, la lengua, el chupetón, la saliva con sabor a menú de diez euros, el suave cosquilleo de la barba, el cruce respiratorio de narices, el piercing de la boca, frío y ferretero.

El beso que le podemos dar a nuestros compañeros de oficina, el que gentilmente podría darse en la cola del paro, el que anima, fija y da esplendor; Golpe violento que mutuamente se dan dos personas en la cara o en la cabeza. El que todos los martes le da a sus maniquís el tendero del puesto de bragas y calzoncillos, el beso de sangre de la estatua del escultor, el beso sonoro para despertar el alzhéimer de los nuestros, el beso que se da en reanimación tras diez horas de perrerías de quirófano, ósculo de morfina lo llaman los anestesistas,  el que reparten los reyes magos desde sus carrozas, el que le das a tu gato que huele a perro, besino con churros y chocolate, besos de buenas noches con tarjeta Visa, beso con premio, el único beso que cura dolores, cabreos, síndromes y depresiones, el de nuestros hijos. Cojan una cámara de fotos, pónganse en cabestrillo y retraten su beso, será único, mudo e irrepetible.

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