Reyes Abades «50 años acariciando el cine desde la pasión y la humildad»

Realicen un ejercicio, un juego cinematográfico muy sencillo. Piensen, escriban, recuerden diez películas, del año 70 hasta la fecha. ¿Lo tienen, lo han pensado, escrito o recordado? Segurísimo que en alguna de esas películas ha estado trabajando Reyes Abades. Si no es así, no se preocupen, no serán castigados con un efecto especial que haga volar la pantalla de su móvil, ordenador o tablet.

Reyes Abades aparece en 274 créditos de películas, series y documentales. El cineasta extremeño te baja a la tierra de un plumazo, sin efectos de por medio, te habla de tú a tú, humilde y afable en el trato, contagioso en la risa. Reyes habla del pasado como una de las mejores lecciones de la vida para vivir el presente, el futuro está entre coches que deben hacer volar por los aires, la creación de una gran nevada en pleno desierto o la vela que necesitará tener encendida un actor para no tener fallo de racord.

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El cine es aquello que no vemos, se compone de un cuadro donde el decorado y los actores hacen cosas para ilusionar al espectador. El cine se nutre de lo extradiegético, de la permisividad narrativa del director y su troupe. El cine, como dijo Luis Buñuel cuando le preguntaron por qué hacía cine, debe conseguir que hasta el espectador más ordinario sienta que no está viviendo en el mejor de los mundos posibles. Para ello es necesario un/a tip/a que escriba una historia, alguien que ponga las pelas para llevar esa locura a un cine, un/a director/a que maneje su genio con locura y muchos trabajadores que se muevan bajo ese manto demiurgo. Otro loco genio del cine, Alfred Hitchcock,  decía  que una película es buena, cuando el precio de la cena, la entrada al cine y el parking lo vale. Y es que negocios aparte, el cine es un ritual que necesita de miles de personas para hacernos creer que al prota malo que mataron en la anterior película es ahora un padre de familia que es capaz de salvar a la humanidad. Reyes Abades siempre ha conseguido olvidarnos de lo que ocurre fuera de la pantalla, 274 veces y una antorcha olímpica por medio. Tozudo y serio en su trabajo, nos ha nevado ¡Ay Carmela! en pleno verano, partido en dos un árbol en tierras extrañas como las de Medem o nos ha plantado en plena batalla ante un Patton antibelicista. Ahí está el secreto, hacer que eso es normal. Esa es la belleza del cine, enamorarnos de que aquello que no vemos en la pantalla. Un efecto muy especial tintado de sueños, aunque sea, como decía Billy Wilder por poco tiempo…Si el cine consigue que un individuo olvide por dos segundos que ha aparcado mal el coche, no ha pagado la factura del gas o ha tenido una discusión con su jefe, entonces, el cine ha conseguido su objetivo.

¡Todos a primera! Repetimos la acción, ahora manda el “jefe”, el señor Reyes Abades.

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Extremeño, de los que los pasaron mal, pero que supieron salir adelante…

…Nací en Extremadura, me crié allí hasta los doce años y tengo malos recuerdos pero que yo he conseguido hacerlos buenos. Fueron años duros, difíciles, con una niñez complicada y padres de origen humilde. Un sitio que me obligó a trabajar a los ocho años. Es parte de mi vida tan cruel, como mucha gente padeció y así lo ve, yo le veo la parte positiva, es decir, yo lo veo de otra manera, esa dureza me enseñó a luchar para conseguir salir de ese pozo que desgraciadamente tuve que vivir. Emigramos, como la mitad de los extremeños, en el año 62, sin recurso alguno, casi sin tener para comer, una cosa, la de pasar hambre, que a mi madre siempre le ha jodido mucho que lo dijera. Pero desdichadamente era así. Estoy seguro si me hubiera quedado en mi tierra no hubiese hecho nada, mi región me dio una patada pero supe aprovechar ese destierro. ¿Qué hubiese sido de mí en Castilblanco? El reloj de la plaza no anda desde el año que nos marchamos.

Reyes, ¿Cómo luchar para salir de esa situación?

A los quince años estaba montado en un tren para Francia como estudiante, paradojas de la vida…¿Estudiante de qué? Si yo no he sido estudiante nunca. Me echaron de Francia y me fui a Luxemburgo, y de ahí a Bélgica, casi un año buscándome la vida a miles de kilómetros de mi país, cortando leña. Los emigrantes tenemos muy poca memoria, en Extremadura emigramos un millón y pico de personas, cuando emigras te crees que vas a descubrir el Dorado, y nada de eso. Todo es doblemente más duro.

Creo que cuando empiezas a rondar el mundo del cine, con dieciocho años ya tenías un hijo de dos años…

…Así es, después de Francia volví con mi mujer y mi hijo para trabajar y curiosamente viniendo para Madrid tuve un accidente muy grave que me marcó mucho. Me estableció en un sitio. Desde pequeño siempre quise trabajar en el cine, yo creo que todas estas fugas que yo tenía eran para buscar eso que veía en las películas. Mi primer recuerdo del cine se remonta a mi pueblo. Iba al cine todos los fines de semana en verano, costaba muy poquito y me daba mucho. Antes ponían mucho cine de vaqueros y era curioso porque veías a un tipo que lo mataban a balazos un sábado y a la semana siguiente te encontrabas al mismo tipo pero en otra peli…[Ríe]…¿Cómo hacen estos cabrones para sobrevivir?…[Ríe]…me parecía algo mágico. Y de manera casual en Madrid conozco a Manuel Vaquero, que tiene una empresa de efectos especiales. Con 18 años estaba ya en películas como los 100 rifles, Cromwell o Patton

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¿Cómo aprendes la profesión?

Al inicio absorbes todo, y en cada película aprendes lo que no tienes que hacer para la siguiente. Vas eliminando cosas para sobrevivir y vas adquiriendo aquello que mejor resulta. Aprendí mucho con Manuel Vaquero. Era un tipo muy echado para adelante, te dejaba hacer y me dieron su confianza durante once años hasta que yo monté mi empresa por mi cuenta. Sentía que lo hacía bien y que la gente reclamaba mis servicios y era el momento de dar el paso. La mili me cortó un poco ese proceso de aprendizaje, además tuve que estar trabajando después en la base de los americanos de taxista…el anuncio solicitaba que supiera conducir e inglés…y  no tenía ni idea de inglés…[Ríe]…pasé la entrevista echándole mucha cara…yo no sé vuestra lengua pero si el coche se estropea en medio del campo lo arreglo con alambre les dije…me contrataron…[Ríe]

Mi primer recuerdo del cine se remonta a mi pueblo. Iba al cine todos los fines de semana en verano, costaba muy poquito y me daba mucho. Antes ponían mucho cine de vaqueros y era curioso porque veías a un tipo que lo mataban a balazos un sábado y a la semana siguiente te encontrabas al mismo tipo pero en otra peli

Fue Antonio Balandín, ya en el año 73, el que me sacó de ahí cuando me llamó para rodar Los locos del Oro Negro en Almería. Con una serie de educación vial, Una segunda oportunidad de Paco Costas, fue donde empecé de manera personal con la profesión de efectos especiales. Con esa serie gané mi primer premio con un coche a 140 kilómetros a la hora y con una piedra en medio de la carretera de dos toneladas…el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra…[Ríe]…y desde ese momento hasta ahora.

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Siempre te preguntamos por tus premios Goya…¡Pero es que son nueve Goya!

Y con un poco de suerte este año diez, y si no al año que viene…[Ríe]…este año estoy nominado con Zona Hostil de Adolfo Martínez y Oro de Agustín Díaz Yanes pero para el año que viene ya estará lista El hombre que mató a Don Quijote de Terry Gilliam.

Y de aquella época de tus inicios a ahora habrá cambiado el desarrollo y elaboración de los efectos especiales…

…no tiene nada que ver, pero no tiene que ver nada en todos los aspectos de la vida. Del 68 a ahora, 50 años en la profesión, ha cambiado nuestra forma de vivir, nuestros electrodomésticos, camas, calefacción, nuestras mujeres, nuestros hombres…[Ríe]…hemos avanzados todos y por tanto nuestra profesión. En los efectos especiales siempre hemos estado pensado en el futuro, pensar que coche habrá en el 2027, cómo caerá la lluvia en el 2035.

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¿Es posible que ahora se busque más “limpieza” en los efectos especiales? ¿Qué se vea menos esa faceta en los planos?  

Yo siempre digo en las primeras reuniones que tenemos entre directores, los efectos especiales no tienen que ser los que llamen la atención, debe aportar aquello que tú quieres sin que sea evidente, nada forzado. Hay que evitar que se paralice la historia con planos tan detallistas, eso en el cine, no cuenta nada. Yo he tenido algunos premios Goya que tras ver la película te preguntas ¿Qué efectos especiales tiene? En Ay Carmela se rodó en agosto y septiembre, y había que recrear un invierno crudo, con nieve, frío y ambiente desangelado. Hacer un invierno en pleno verano, ese es mi trabajo. Los efectos más sencillos son los más complicados. Hacer volar un edifico se tarda un par de días en prepararlo y rodarlo, entre otras cosas porque sólo se puede rodar una toma…[Ríe]…peor lo difícil es hacer abrir un simple teléfono y que por ejemplo se tenga salir la tarjeta de memoria. Yo hice una película con Fernando Fernán Gómez que sale él solo contando una historia mirando a cámara y una vela. Una hora y media hablando que empezaba con la vela entera y se tenía que consumir en esa hora y media. Tuve que poner un motor en la palmatoria calculando el tiempo para que encajase perfectamente…[Ríe]

En los efectos especiales siempre hemos estado pensado en el futuro, pensar que coche habrá en el 2027, cómo caerá la lluvia en el 2035

Imaginamos que rodar ese plano de la vela con directores nacionales será fácil de explicar pero ¿Cómo se trabaja con directores internacionales?

El idioma del cine es el  mismo en todo el mundo, es como preguntarse cómo desarrollan el periodismo otros compañeros en otros países. El idioma es universal, la primera película que hice en México con J. Lee Thompson no cambiaba nada respecto a los españoles. Da igual trabajar en Alemania o Francia, con Paul Verhoeven en los Señores de acero o Carlos Saura en Deprisa, deprisa.

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…Tendrás muchas más nociones de dirección que muchos directores actuales…

Yo tengo mucho respecto a los directores y actores. Ellos venden la película. Mi temperamento no me permite ser director. Hay que valer para eso, y me han ofrecido realizar cine pero no me veo capacitado. Otra cosa es que me digan en el rodaje; Reyes estamos en tus manos, ¿Dónde ponemos la cámara?

¿Y cuál es tu relación con los especialistas?

Mi relación debe ser buenísima, de respeto total. Si digo que debe frenar, debe hacerlo. Nos jugamos la vida en décimas de segundo. Se debe parar todo si las órdenes no se entienden. Ellos tienen la última voz.

Con un poco de suerte este año diez, y si no al año que viene

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¿Y se necesitan muchos coches para que la secuencia sea la buena?

Depende de la producción…[Ríe]…y esa es la principal desventaja que tenemos respecto al cine de los Estados Unidos. Yo hice una película con Don Luis Buñuel, Ese oscuro objeto del deseo, donde un Dodge Dart tenía que explotar, el que sufría el atentado era Fernando Rey, y hablando con él me pidió tres coches, uno parta el rodaje, uno de repuesto y otro para ensayar. El dire manda. Ya tuve unas palabritas con Amenábar por fallar un accidente por un barranco por no pedir en producción los coches que se necesitaban. De 300.000 pesetas pasamos a gastarnos 3 millones.

¿Hay cine en la región?

Tenemos plátanos pero no tenemos donde venderlos. Es un tema complicado, no hay industria pero sí calidad. Tenemos que dar facilidades a las producciones que vienen a rodar pero hay que arropar a los creadores extremeños. El cine siempre ha estado en crisis, aquí y en medio mundo.

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Entrevista. Willy López | Fotografía. Félix Méndez