Santiago Castelo «Como disponga el olvido»

Escribía Juan Manuel Rozas, catedrático, escritor y crítico literario sobre José Miguel Santiago Castelo; Hay en Santiago Castelo tres poetas y un solo hombre verdadero. Porque hay en sus versos, a modo de factor unitario, una insistente perspectiva, estrecha y auténticamente ligada al punto de vista o atalaya desde donde escribe y al espejo de lo que recuerda y siente…

Nos citamos en Madrid con uno de sus discípulos más admirados del poeta y periodista extremeño, Juan Manuel de Prada. El Hotel Emperador, uno de esos hoteles que rezuman historias de artistas y del que periodistas como Capote hubiera adoquinado la puerta giratoria que ventila a la Gran Vía a base de dry Martini y artículos de toreros bohemios, se convierte en el escenario del encuentro.

En una de las salas del hotel rememoramos la capacidad omnívora del periodista y poeta, las ansias nostalgias de pintar su Extremadura con brochazos en clave de versos, recordamos su calado cultural a través de los medios de comunicación y su tesón insaciable por disfrutar de la vida cada segundo.

Homenajeamos a Santiago Castelo con otro escritor, Juan Manuel de Prada, juntos soplamos lo que sería hoy, un 11 de septiembre, su 68 cumpleaños.

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Ahora que tienes todo mi verano en tu mano
que conoces mi pulso y el calor de mi sangre
que me duermo en tus ojos de gacela y escucho
las canciones más dulces de la mar y la aurora;
ahora que he aprendido a libar los silencios
y a perderme en tu pecho como en un paraíso,
enséñame, si sabes, a vivir de otra forma
porque me mata el miedo de perderte algún día
Lección Final. Poema de Santiago Castelo
 
 

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Es difícil resumir la trayectoria de Santiago Castelo, muy complejo narrar en pocas palabras los avatares vividos con él, pero cuéntanos lo que sepas de él.

El primer resumen que habría que sacar de Santiago Castelo sería su cordialidad, eso que se suele decir de las personas buenas que son todo corazón, pues yo creo que en el caso de Castelo cumplía de sobra esa perspectiva. Era un hombre donde siempre tenías un pecho donde apoyarte. Este rasgo era lo más característico de él, pero Castelo era mucho más, su gran corazón estaba presente en todo lo que hacía, su hospitalidad, la capacidad de empatizar con los demás, la simpatía, la generosidad…era hombre alegre pero al mismo tiempo grave cuando había que serlo, hombre que sabía reír cuando la ocasión la merecía pero también sabía llorar con pudor, hombre que le gustaba comer y beber con los amigos, persona con un mundo interior muy fuerte y rico.

Después como rasgos de personalidad, yo creo que si existe una persona que defina lo que es ser extremeño ese era Castelo. Las identificación que tenía con su tierra lo había convertido en un gran heraldo, un gran embajador de Extremadura allí donde estuviese. Él siempre hablaba de Extremadura y una cosa verdaderamente llamativa cuando estaba en su última etapa de su vida, a raíz de jubilarse, organizaba unas comidas los sábados en su casa y a las que yo asistía, y era sorprendente como en la comida siempre había productos extremeños.

También mantuvo su esencia natal a través de la escritura…

…sin lugar a dudas, otro de los rasgos que lo hizo grande y del que siempre impregnaba su poesía. Era un hombre de sentimientos a flor de piel, un sentimiento que se percibe en sus obras, obras que son un canto a la vida y un recordatorio de aquellas cosas que le hacían la vida más plena y obviamente una de ellas era su tierra. A Extremadura le dedicó muchos poemas, a sus paisajes y a sus paisanajes.

 

“Si existe una persona que defina lo que es ser extremeño ese era Castelo”

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Incluso su último libro, La sentencia,  recorre aunque sea muy duro, caminos y recuerdos de su tierra…  

Es duro ya que es la crónica de su enfermedad…

…pero lo mantenía “despierto”, estuvo escribiendo hasta el último momento…

…sí, sí, el acabó este libro, me acuerdo que me llamó el día que lo terminó de escribir, uno o dos días antes de que fuera ingresado, los transcribió una compañera del ABC, la colaboradora Sara García Monge para que mecanografiase un manuscrito y lo corrigió en el hospital. Las dedicatorias las puso en el hospital. A pesar de no ser un libro de celebración de la vida, existen poemas, como el dedicado al río Zújar, o el poema titulado Profecía en la que se refleja su amor por los rincones de su tierra.

Viviré en los encinares; cuando sólo sea memoria, cuando me borre la historia y mis versos sean cantares…Por encinas y olivares irá vagando mi alma y al atardecer en calma de la clara primavera oiréis mi nombre en la era y en el rumor de la palma
 

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¿Existe un reconocimiento real de la obra de Castelo en nuestra tierra?

En primer lugar se debería hacer una antología de su poesía referida a Extremadura y que se leyera en las escuelas e institutos. Que los más jóvenes sepan de la obra de Santiago Castelo. Es uno de los grandes poetas de Extremadura a pesar de pasar casi toda su vida en Madrid, su obra se alimentaba mucho de su infancia, de su familia y reflejaba como nadie el sentir extremeño. Siempre que podía viajaba a su tierra, por las reuniones de la Real Academia de Extremadura, por sus encuentros con colegas y sus periodos de verano.

 

“Se debería hacer una antología de su poesía referida a Extremadura”

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Hemos hablado de su obra poética, pero desde tu óptica Juan Manuel, ¿Cómo podríamos desgranar su trayectoria profesional?

La muerte de Castelo representa el fin del periodismo literario, de una forma de hacer periodismo que ya ha desaparecido, ese componente bohemio donde uno se tiraba las horas muertas en la redacción, y donde tan pronto estabas cotilleando sobre el último rumor de la política como estaba s discutiendo el último libro de versos de un autor o donde tenías que improvisar una editorial por la muerte de un protagonista de la sociedad. Castelo era de los que se remangaba y se ponía a redactar en la vieja máquina de escribir. Él representaba el espíritu de lo que fue el diario ABC durante mucho tiempo, donde se buscaba un periodismo bien escrito, el gusto por lo que Castelo llamaba la liberalidad, es decir, la capacidad para aceptar personas de pensamientos distintos, y en este sentido era muy querido por personas de ideologías muy diversas.

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Suponemos que era crítico con las obras que tenía que leer… ¿Qué te decía acerca de tus novelas?

…[Ríe]… fue una de las personas que me apoyó desde el principio. Mi primer libro lo conoció antes de que fuera libro, recuerdo que edité una especie de plaquette de “Coños” y entonces un amigo mío se lo dio, aun no conocía a Castelo, y le encantó, le hizo mucha gracia y fue él quien le habló a Luis María Anson para que formara parte del equipo de ABC. Desde entonces se convirtió en mi mejor crítico y del que aprendí muchísimo.

¿Qué frase de Castelo recuerdas en esa etapa que te calara hondo?

…un día en despacho, no me acuerdo que tema estábamos tratando me dijo…recuerda siempre Juan Manuel que siempre vas a necesitar como mínimo dos o tres personas que siempre te apoyen, que siempre den la cara por ti incluso en los malos momentos, cuando las cosas no te vayan bien, cuando tus libros no se vendan, siempre tienes que tener dos o tres personas que mantengan vivo tu nombre…y eso es lo que fue para mí, la persona que siempre estuvo ahí.

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Cuando falleció escribiste acerca de él, en una especie de alucinación letárgica;  Y vuelvo entonces el rostro y aparece ante mí otra vez Castelo en mangas de camisa; aparece otra vez ante mí su sonrisa sensual, su sotabarba de goliardo, sus ojos de brillo zangolotino, su barriga oronda de hombre al que el corazón no le cabe en el pecho y ha encontrado allí su nido. Aparece otra vez ante mí el amigo desvelado en el que poesía y humanidad formaban una alquimia anhelosa de brindarse.

Sueño con Castelo muchas veces, lo tenía muy presente en mi vida, sobre todo a raíz de su jubilación. Curiosamente él era muy celoso de su intimidad y me mantuvo apartado de su casa hasta que comenzó a organizar las comidas y fue donde esos tabúes que mantienes a pesar de ser muy amigos se rompen definitivamente, de tal manera que cosas de las que no me hablaba trabajando en ABC y sí pasó a hablarme de ellas, de opiniones sobre personajes relevantes del periodismo, la política y demás. Secretos bien guardados que me contó y que aparecen a veces en estos sueños.

 

 

“La muerte de Castelo representa el fin del periodismo literario, de una forma de hacer periodismo que ya ha desaparecido”

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En esa etapa de hermandad total, de confidencialidad, ¿Cómo digerís la noticia de su enfermedad?

Recuerdo perfectamente el día que nos comunicó que tenía cáncer. Fue algo muy interesante. En una de esas comidas que organizaba, donde estábamos unas ocho personas, y que eran muy desparramadas, muy ruidosas donde se comía, bebía, y charlaba al mismo nivel…[Ríe]…Castelo tenía un gran vozarrón y se sentía en todos los lados de la casa, pero ese día y yo no sé por qué le pregunté por José María Pemán, poeta, escritor y colaborador de ABC durante muchos años, y entonces él se puso a hablar de Pemán y no paró durante toda la reunión, contando anécdotas, leyendo poemas del autor, a criticar como por razones ideológicas se le ha condenado al olvido y cuando llegaron los postres dejó de contar historias del escritor y de manera solemne nos comunicó que padecía cáncer. Yo siempre pensé que realizó ese homenaje a Pemán para sentirse reflejado con Castelo, para que algún día nosotros también hablásemos de él, de sus poesías y su maravilloso trabajo.

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Entrevista.Willy López. |  Fotografía.Félix Méndez  | Foto Santiago Castelo. Diario ABC / Retrato Manuel Mampaso