Simón Ferrero «Hormigas de Gaztambide»

Simón Ferrero es actor y autor teatral que ha escrito y estrenado obras como @lone, cuando la red te atrapa, el soldadito de plomo, El pacto o Piel de pollo entre otras. Entre sus trabajos de creación cuenta con los guiones realizados para el programa de Canal Extremadura, Técula-Mécula y poemarios como Vía crvcis de un apéndice. Ahora, con una publicación los meses previos al confinamiento, Ferrero se asoma al mundo del teatro pero desde el verso, desde la experiencia de batallar escenarios día tras día y estructurar nuevas historias delante de una hoja en blanco. Hormigas de Gaztambide ansia inocularnos el sentido común de estos insectos, reflexiona sobre ese hormiguero creado para desplazarnos y nos asesta un navajazo de realidad digna de ser releída. Wilhem Briceño, el autor de la portada lo define gráficamente, un mapamundi con sabor a líneas de metro donde las hormigas pululan ordenadas y obedientes. Sólo algunos versos del autor se salen de la métrica con intención, la de hacernos reflexionar. El músico y amigo de Ferrero, Jorge Navarro, lo podría definir con una de sus canciones, esa Alegría del naufragio inspirada en un verso de Alejandra Pizarnik. Como leemos en unos de sus poemas…

…Un bolo, dos bolos, tres bolos y un año de olvido…

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Simón, nos centramos en las hormigas de Gaztambide, en ese subsuelo poético que recorre tu etapa en Madrid, en una etapa madura personal y profesional de la dramaturgia. Hablas de reflexiones, de caos, de rabia de inseguridad…una necesidad de vomitar todo eso que llevas dentro…leemos un tono muy negro, mucho café, mucho ruido cacofónico, poca luz en las calles…Desde esa etapa iniciática con la obra sobre el botellón con Arán Dramática hasta la arriesgada puesta en escena de @lone…¿Qué te ha dado el teatro para dedicarle las 24 horas al día?

Supongo que acaba siendo una decisión que determina tu vida o lo que eres. Es una dedicación absoluta que te da alegrías y disgustos casi a partes iguales, pero las alegrías pesan más. Seguimos porque amamos lo que hacemos, sino… ya te digo yo que habría cambiado de tercio.

Hablamos en su momento de la locura de sobrevivir de una profesión tan denostada en ocasiones como la interpretación, donde hay que reinventarse y realizar mil cosas más para comer…¿Qué alternativas tiene el mundo escénico?

En todas las profesiones hay que reinventarse y hacer cosas para comer, todos soñamos a priori con ser  como Shakespeare, Scorsese, tener un Pulitzer, o actuar el mejor teatro del mundo… cada uno tiene un camino hacia la realización artística y ser feliz disfrutando de lo que haces, supongo que es la lucha que todos llevamos dentro. Otra cosa es la expectativa de haber conseguido el éxito en los ojos de los demás.

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Existen momentos que seguramente, de una manera u otra, se ven impresos en los versos de Hijos del Teatro o Canciones escondidas de las Hormigas de Gaztambide…el trabajo con otros compañeros, los momentos del Teatro Romano, el circuito de teatro infantil, Margallo, la calle…

…Todos tenemos conversaciones sobre lo que no entendemos o detestamos del oficio, la sociedad… necesitamos desahogarnos para volver con energía al ruedo, Hijos del teatro es una mezcla de esas emociones contradictorias que, a veces, necesitamos verbalizar para recordar a qué nos dedicamos en realidad. Canciones escondidas son parte de canciones que siempre he compuesto e incluso tocaba en conciertos, hace mucho, cuando pensaba que cantaba bien… [Ríe]. En esta parte ha sido un descubrimiento el cantante y compositor Jorge Navarro, a quién conocí hace poco pero congeniamos lo suficiente como para que convirtiera en canciones dos de mis poemas. Ha sido una experiencia muy gratificante y reconciliadora.

Los actores que soñaron juntos nunca llegan a separarse dice en el prólogo Pepe Viyuela…¿Qué podemos añadir de este emotivo preámbulo a tu poemario?

Le pedí a Pepe que escribiera unas palabras, porque nos tenemos cariño y estuvo muy presente en la época de Madrid. Él junto a  Esteve Ferrer, que nos dirigió en Mérida y a los pocos meses después en el Teatro Español, fueron importantes para mí en aquella transición de las provincias a la capital. Aprendí mucho de ellos y por suerte, sigo haciéndolo.

¿Cuéntanos cómo, cuándo y por qué llevas las palabras a este poemario tan potente?

Comenzó en Madrid, desde 2004. Volví a Extremadura y seguí escribiendo en las giras, los montajes, los escarceos de cine y televisión entre toma y toma, en nuestra apuesta con El Avispero Producciones… Todo hasta hace muy poco ha ido calando en este poemario a modo de diario terapéutico o análisis sociológico… Estoy escribiendo cosas nuevas y necesitaba cerrar el poemario publicándolo. Quizá ese es el porqué. Necesitaba cerrar una etapa y abrir otra y qué  mejor que un libro… claro que no sabía que el confinamiento ya la iba a marcar de por sí…

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Terminas con Antídoto…¿Valen esos labios para esta pandemia?

Por supuesto, siempre que no desfallezcamos…No me rindo, aunque caiga mordido por los lobos… Esperanza, esfuerzo y dedicación. Todo lo demás es la vida que pasa. Quizá nuestra única baza es la actitud de cada uno ante todo.

Feria del libro, enclave perfecto para presentar tu obra

Me hace mucha ilusión poder presentar en mi ciudad, acompañado de los míos y de las canciones de Jorge Navarro y moderado por mi profesor Julián Martín, que fue quien, en el instituto, siempre me empujaba a escribir poesía.

 …Todos tenemos conversaciones sobre lo que no entendemos o detestamos del oficio, la sociedad

¿Qué libros o referencias sueles mirar en estas ferias?

Generalmente poesía extranjera y alguna pieza teatral desconocida. La feria del libro es para mí como una ferretería para un “manitas”, todo me sirve para algo… lo difícil es llevarse lo justo.

Obra de teatro que tienes que llevar siempre en la maleta

Misántropo, la adaptación de Miguel del Arco, me fascina. La vuelvo a leer cada poco tiempo. Y La visita de la vieja dama de Dürrenmatt. Imprescindible.

Willy López | Fotografía. Félix Méndez