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Juan Mayorga, Premio Princesa de Asturias de la Letras “Alicatando el teatro con sus propias manos”

Reseña Juan Mayorga en una nota del autor, que escribe buscando a otros. En ese mismo texto define su fórmula de escribir, su simbiótica manera de calafatear las paredes de la dramaturgia desde su carnal y honesta interpretación: en el gremio de la construcción, escribe el dramaturgo, llaman obra gris a aquella que, sin estar acabada -obra blanca-, es ya habitable – a diferencia de la obra negra.

Así es Mayorga, en perenne estado de escritura gris, con expectantes obras sin acabar, acumuladas en sus cajas con apuntes de ideas y reflexiones para sus textos. Libretas a la espera de convertirse en obras blancas, con palabras aún en estado de obra negra. Parece sentirse vivo en ese estado de albañilería teatral continua, alzando planos sobre una casa escarbada con sus propias manos, cimientos de uñas y mucha sangre.

Algo de eso entendemos en Extremadura, de terruño, de casas blancas hirientes a los ojos de los comunes mortales, en su reflejo de un sol perpetuo, en la “Paz perpetua” de un tren asmático que une Madrid con Badajoz. Pura sangre. Y en esa herrumbre de railes y vagones del far west ibérico se encaramó Mayorga, pocas horas después de saber que le otorgaban el Premio Princesa de Asturias de las Letras.

Me ha dado tiempo para escribir algún bosquejo para una obra de teatro, nos comentaba en su presentación en el Teatro López de Ayala. Con la paleta de albañil en una mano y la regla de medir escenas en la otra, el dramaturgo a lo suyo, tiñendo de dudas filosóficas sus textos y aplicando la sucesión de Fibonacci en sus escenas. ¿Cree usted en Dios?– Pregunta Casius. Pasé por la perrera. Un día, un tío te señala con el dedo. Te llevan a la mansión de una marquesa, a inflarte de bombones, o a un laboratorio a probar jarabes, a ver si te pones azul o si la espichas. Ésa es mi idea de Dios. Responde Odín.

Y la Paz Perpetua en formato operístico se alzó en el 39º Festival Ibérico de Música de la mano de Ensemble Sonido Extremo. Un vértigo y una alegría según el propio Mayorga, lo desconocido como aliciente profesional, y los protagonistas caninos en forma de músicos.

Si no es verosímil, no vale, aunque sea verdad. Lo escribía Juan Mayorga, se lo escribía al chico de la última fila. Así de crudo. No hay quién se lo crea, no es verosímil, no vale, y es cierto. Un autor, un dramaturgo, un director de teatro, un filósofo, un matemático, un premio Princesa de Asturias de las Letras, un hombre que escribe para buscar todo lo anterior, aunque no sea verdad.

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