Written by: Cara a Cara

Pepa Bueno «Vidas arrebatadas. Los huérfanos de ETA»

06.13 horas del 11 de diciembre de 1987

… ¡Bum! Sentí una enorme sacudida. Abrí los ojos y solo veía una nube de polvo, estaba oscuro, llovía en mi cara y había un olor muy intenso, muy penetrante, que entraba hasta los pulmones. Luego supe que era el olor del amonal, ese olor tan intenso a azufre y amoníaco, que se te queda pegado para toda la vida.

8.00 horas del 20 de octubre de 2011

Anuncio del cese definitivo de la actividad armada de ETA. A esa hora, las 8 de la mañana, recibir un teletipo en las redacciones de España, ponía el cuerpo del revés a los periodistas. Era la hora en la que la banda terrorista solían causar el pánico apretando gatillos de pistolas, accionando bombas a distancia o ejecutando víctimas de toda índole social en zulos  perdidos en el monte. La historia desde este momento ya tenía víctimas en vida, los vivos del terrorismo, que recuerda Manuel Jabois. José Mari y Víctor ya llevaban años recordando ese teletipo en sus cabezas día tras día.

13.04 horas del 5 de junio de 2021

…¡Zas! Una pandemia y media después la autora aterriza en el set de prensa de la Feria del Libro de Badajoz. Pepa Bueno y un libro de vidas arrebatas por la banda terrorista ETA. De vidas cercenadas y de los vivos que han padecido actos terroristas. De eso trata el libro. Esos nos narra, desde ese 11 de diciembre, años antes, con Dictadura agonizando, y después con una democracia agónica de respuestas. La periodista extremeña remarca con especial este último apunte. Escribo la historia de dos huérfanos, dos en concreto, José Mari y Víctor, que pierden a su padre, a su madre y a su hermana. No hablo en memoria de las víctimas, desgraciadamente grande, del colectivo, ETA mató, secuestró y extorsionó durante mucho tiempo. Las vidas de los supervivientes de los atentados son muchas y lo que he aprendido de ellos dos es que no se puede hablar de las víctimas y ponerles una etiqueta en la frente como si todas fueran iguales. Pepa Bueno está convencida de que la distancia temporal hará aflorar muchas más historias. Recuerda que la memoria es traicionera, en los homenajes que se ha llevado a cabo desde el Gobierno, Silvia, la hermana pequeña de los dos, no apareció. Un olvido que supone una nueva detonación en los hermanos Pino, un golpe de olvido que duele y huele a anestesia social.

Fiel a su estilo directo, informativo y emotivo, Pepa Bueno desgrana su libro a golpe de titulares concisos. Responde sin titubeos, y esta vez, con la lección aprendida de Núria Espert, no sale movida en las fotos. Pasión por el teatro, por tierras las extremeñas y aragonesas, por su profesión, por su ópera prima literaria, Bueno rescata las vidas arrebatadas en plena democracia de dos ciudadanos. Una punta de iceberg de la que saldrán nuevos recuerdos cuando se derrita poco a poco el hielo de estas historias desapercibidas.

Una reunión en Bilbao, muchos nervios y dos hombres con un pasado aún sin licuar. Dos chicos de 11 y 13 años con cuerpo de 45 y 47, enterrados en un abandono desolador. Evitando palabras que han marcado su vida, como atentado, asesinatos y bomba. Esquivos pero con una ganas enormes de quitar ese tapón que los tenía mudos, sordos y ciegos. Cuenta Pepa que sus vidas aún fueron más tristes, casa de acogida, ingreso en la Guardia Civil y primer destino a Bilbao. Otra bomba, una interna y atávica que cercena la capacidad mental de dos jóvenes que aún se buscan entre los escombros.

Vidas arrebatadas, tu primer salto a la literatura con un tema duro y poco a poco olvidado, a pesar de la vigencia y cercanía del tema para España…

Es la historia de dos huérfanos, dos en concreto, José Mari y Víctor, que pierden a su madre, padre y hermana de siete años porque ETA los asesina al detonar 250 kilos de amonal en la casa cuartel de Zaragoza el 11 de diciembre del año 1987. Es su historia, yo tiendo a pensar que habrá muchos José Mari y muchos Víctor, pero es la historia de ellos dos. Es una historia pese a que es muy difícil olvidar el dolor que provocó ETA no la tenemos muy presente, homenajeamos a los muertos, a los fallecidos, pero la pregunta que trata de responder este libro es ¿Qué pasó con los que sobrevivieron? ¿Qué pasó con los siguieron sufriendo? Y en este caso concreto a dos niños que tenían 11 y 13 años.

¿Por qué la historia de José Mari y Víctor?

La sorpresa que a mí me llegó a contar esta historia es que esos dos niños de 11 y 13 años crecieron luego en un enorme desamparo. Desamparo familiar e institucional, mucha soledad, y mucho desconcierto para llegar a nuestros días como dos hombres jóvenes que todavía hoy están buscando su lugar en el mundo. Yo estaba escribiendo otro libro, estaba muy atascada, ordenador en blanco y me hacen llegar esta historia, me comentan que hay dos víctimas de ETA que quieren contar su vida y que se la quieren contar a una periodista como tú. Me hicieron llegar las notas que José Mari, el mayor de los hermanos, escribe por la noche por recomendación de su psicóloga, porque todavía hoy tiene insomnio a consecuencia del estrés postraumático que sufre, y cuando yo leí aquellas notas  me quedé horrorizada, porque allí había una hoguera emocional tremenda. Pedí conocerlos y fue cuando me dije que eso había que escribirlo, escribir el libro que yo quería para recuperar nuestra memoria.

…una memoria con una historia que estaba ahí al lado…

…Me he cruzado el planeta, medio mundo recorriendo el planeta, buscando historias y teníamos éstas aquí. Y nos la veíamos. Quizá el miedo, las tenía atenazadas, el anonimato era su aptitud ante esa tragedia y puede que ahora se animen a contar su vida.

Es una historia pese a que es muy difícil olvidar el dolor que provocó ETA no la tenemos muy presente, homenajeamos a los muertos, a los fallecidos, pero la pregunta que trata de responder este libro es ¿Qué pasó con los que sobrevivieron?

Creo recordar que estabas trabajando en Aragón durante ese atentado

Cuando me llega esta historia lo primero que digo, ¡Pero si yo estaba allí! ¡Yo estaba en Aragón! Estaba en Teruel, acababa de llegar para trabajar en Radio Nacional, todavía estaba estudiando la carrera, y me frustró enormemente el no tener recuerdos personales de aquel atentado que ocurrió en Zaragoza. Pero estoy convencida de que esa mañana fui a coger testimonios de condena, y estábamos tan habituados a la violencia de ETA, tan acostumbrados a que hubiese atentados que no fui capaz de rescatar un recuerdo personal. Eso me convenció mucho de que había que escribir esta historia, estábamos tan habituados al horror que formó parte ya de un baúl donde va todo. Es hora de ir sacando historias de ese baúl.

¿Cuál ha sido la impronta que ha dejado a los protagonistas tras su lectura?

Para mí era muy importante hacerles llegar la historia a Víctor y José Mari y que la leyeran. Escribir de personas que están vivas, meterte en sus cabezas, en sus sentimientos, en su dolor, en su alegría, es un compromiso altísimo. Cuando lo terminé de escribir y antes de mandarlo a la imprenta se lo hicimos llegar y espera muy tensa esos días sus respuestas. Porque mi primer objetivo, además de recuperar memoria, era que ellos se reconocieran. Ellos no han podido contar su historia a nadie, en el primer juicio que fue en el año 1994 eran muy pequeños y en el segundo del 2003 ni los llaman. Con su familia no hablaron del atentado, Víctor no lo había hecho hasta el día de mi reunión para el libro, por ejemplo, y que ellos se reconocieran era para mí muy importante. Y fue muy emocionante, llamaron entre lágrimas diciendo que era su historia. Se reconocieron.

Estábamos tan habituados a la violencia de ETA, tan acostumbrados a que hubiese atentados que no fui capaz de rescatar un recuerdo personal. Eso me convenció mucho de que había que escribir esta historia

Con aún la emoción de haber publicado Vidas arrebatadas…¿Tienes aún tentaciones para seguir gestando otra obra?

Cuando estaba en mitad del fregao escribiendo el libro, dije escribo éste y se acabó, porque compatibilizarlo con un programa de radio de más de tres horas es muy difícil. El libro ha salido de mi tiempo descanso, del tiempo de descanso de mi familia y amigos pero cuando lo estaba terminando dije esto de escribir una historia sin contar los segundos de un reloj, soy periodista audiovisual y mido la vida en segundos, las historias en segundos, el grito de guerra en la redacción es “todo lo que se puede contar en veinte minutos se puede contar en un minuto”. Enfrentarte a la posibilidad que te ofrece un libro, con el ordenador en blanco y poder profundizar en algunas historias me dejó muy buen sabor de boca…así que…ya veremos.

Willy López | Fotografía. Félix Méndez

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