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Vincent Harisdo, pura danza africana desde Benín hasta Badajoz

No todo pasa en Madrid. Ni todo lo que pasa en Madrid es lo mejor. Desde 2005 Cristina Rosa revoluciona Extremadura con su Festival África en Danza, y lo hace por un amor profundo tanto a su tierra como a las músicas y danzas africanas que un día le cambiaron la vida. Ayer en la sala OFF Cultura de Badajoz, presentó su directora la programación de la XVI edición de este Festival que vuelve después de haber realizado tres ediciones en la ciudad de Cáceres y del parón por la pandemia. Visiblemente emocionada por lanzar este evento que se prepara con muchísima dedicación a lo largo de todo el año, Cristina Rosa agradeció a todas las personas que de mayor o menor manera participan en su organización, con especial atención a la sala Off Cultura que ha apoyado sus actividades regulares desde la pandemia, a los músicos y el equipo de organización, pero sobre todo al público que hace posible que este Festival siga teniendo sentido después de 15 ediciones.

Tras hacer una breve introducción a la programación del Festival que va a movilizar la ciudad estos días, Cristina presentó el solo de Vincent Harisdo, invitado especial de este año. “Sinfonía de la Soledad – Sombras” se presentaba así por primera vez en España ante la atenta mirada de un público curioso que no estaba preparado para lo que iba a ver. Originario de Ouidah (Benín), cuna del Vudú, utiliza sus raíces animistas y su pasión por la tradición en su creación artística a través de una aplicación contemporánea que comparte en sus coreografías y en los cursos que imparte por todo el mundo. Considerado uno de los grandes maestros de la danza africana contemporánea, Vincent tiene una gran inquietud social y apuesta por coreografiar una sinfonía de la soledad que se refleja en Sombras, documental de Oriol Canals sobre la tragedia de la inmigración clandestina por mar a Europa.

¿Cómo contar su  historia, cuando sólo aspiran a olvidar? Las historias que ya conocemos se proyectan sobre el escenario, pero esta vez tienen nombres y apellidos. Se proyectan grandes sus miradas directamente sobre nosotros, al fondo la rotunda y grave presencia de un bailarín transformado en escena que traduce en movimientos los testimonios de aquellos que no tienen voz. Y en ese silencio brota la melancólica melodía del ngoni de Abou Diarra, que acompaña este viaje de sombras, este camino por sueños que como dice Vicent Harisdo, acaban convirtiéndose en cárcel. Imposible evitar la reflexión profunda sobre uno de los principales dramas de nuestra actualidad, e imposible no querer saber más sobre el resto de las propuestas enmarcadas en la programación de este África en Danza que empieza fuerte.

Fotos: Félix Méndez | Texto: Blanca Siles

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