Del papel al móvil, de la novela al cine y de las series a las nuevas comunidades de lectores. Cáceres reúne del 23 al 26 de septiembre distintas maneras de escribir, leer y contar historias. Raúl Tola, director de la Cátedra Vargas Llosa, nos abre las puertas de un festival que mira hacia América y Europa y cuestiona algunos viejos tópicos: ni los jóvenes han dejado de leer ni las pantallas han acabado con el papel. Escribidores 2026
Durante años nos dijeron que las pantallas acabarían con los libros. Llegaron el ordenador, el libro electrónico, el móvil, las plataformas, las redes sociales, el streaming y una sucesión de nuevos formatos que parecían empeñados en reducir el espacio de aquel objeto de papel que llevaba siglos acompañándonos. Sin embargo, aquí seguimos: comprando novelas, llenando ferias del libro, viendo películas nacidas de ellas, devorando series escritas por guionistas y encontrando autores en una pantalla para terminar buscándolos después en una librería. Quizá la historia nunca fue sustituir una cosa por otra.
Escribidores 2026 ha decidido meterse precisamente ahí. Del 23 al 26 de septiembre, Cáceres acoge una nueva edición del Festival de América y Europa de la Cátedra Vargas Llosa, que tras la VI Bienal impulsada por la Junta de Extremadura, este año coloca bajo el título Pantallas y Literatura a escritores, cineastas, guionistas, periodistas y creadores de distintas generaciones. Por su programación pasarán nombres como David Trueba, Ray Loriga, Ana Belén, Ian Gibson, Imanol Uribe, Ayanta Barilli, Antonio Soler, Benito Zambrano, Jesús Carrasco, Sergio del Molino, Manuel Jabois, Paco Cabezas, Juan del Val, Nativel Preciado o Inma Rubiales, además de Carme Riera, que recibirá el Premio Escribidores a la Trayectoria.
Cuatro días y muchas maneras de aproximarse a una misma cuestión: cómo estamos contando, leyendo y mirando historias en 2026. Porque una novela termina convertida en película; un guionista construye personajes con herramientas que llevan siglos perteneciendo a la literatura; una escritora reúne a miles de jóvenes lectores a través de las redes sociales; alguien descubre un libro después de ver una serie y otro continúa prefiriendo entrar en una librería, llevárselo a casa y pasar físicamente sus páginas. No parece, por tanto, que uno de esos mundos haya acabado con el otro. Más bien han aprendido a convivir, contaminarse y alimentarse mutuamente.
El propio programa dibuja ese recorrido. David Trueba y Ray Loriga hablarán de lo que ocurre cuando una historia abandona la página y llega a la pantalla; Ian Gibson y Ana Belén se acercarán a Lorca y La casa de Bernarda Alba; Imanol Uribe y Antonio Soler recorrerán la relación con Hemingway; Benito Zambrano y Jesús Carrasco conectarán literatura, memoria y cine a partir de La voz dormida; y Paco Cabezas, Paloma Rando y Sergio del Molino llevarán la conversación hasta uno de los grandes territorios narrativos de nuestro tiempo: las series.
A su lado estará también esa literatura juvenil que algunas veces permanece fuera de la conversación cultural adulta pese a estar generando enormes comunidades de lectores. Autoras como Inma Rubiales, Iria G. Parente o Selene M. Pascual forman parte de una programación que quiere acercar generaciones en lugar de separarlas y observar qué está ocurriendo realmente con quienes supuestamente habían dejado de leer. Porque quizá uno de los errores esté precisamente ahí: hemos hablado demasiado de la desaparición de la lectura mientras millones de personas seguían leyendo de otra manera, encontrando autores por otros caminos y formando comunidades alrededor de los libros en lugares que hace veinte años ni siquiera existían.
Unos días antes de que todo esto comience nos encontramos en Cáceres con Raúl Tola, director de la Cátedra Vargas Llosa y coordinador de Escribidores. Tola conoce bien la maquinaria que existe detrás del festival, pero nuestra conversación pronto se aleja del programa y entra en un territorio bastante más amplio: qué está sucediendo con la literatura.
Hace años que escuchamos que los jóvenes no leen. También que el libro electrónico acabaría arrinconando al papel, que las pantallas reducirían nuestra capacidad de atención o que las nuevas formas de entretenimiento terminarían dejando la novela en un lugar secundario. Tola introduce algunos datos procedentes de su propia experiencia que complican bastante ese diagnóstico: habla de 5.000 personas asistiendo a un festival de literatura juvenil organizado por la Cátedra en Buenos Aires y de adolescentes de dieciséis o diecisiete años capaces de leer treinta novelas en un año. Ya no estamos hablando solamente de si preferimos leer sobre papel o hacerlo en una pantalla. Estamos hablando de cómo circulan las historias en 2026. De un libro que atraviesa el Atlántico y encuentra lectores a miles de kilómetros. De una novela que termina en una sala de cine. De una serie cuyo origen continúa siendo una página escrita. De escritores que construyen comunidades digitales alrededor de algo tan antiguo como contar historias. De jóvenes que llegan a la literatura desde Wattpad o las redes y después compran libros físicos. Y también de lectores que, rodeados de dispositivos electrónicos, continúan encontrando difícilmente sustituible la experiencia de abrir un libro.
Es ahí donde Pantallas y Literatura encuentra probablemente su mejor argumento. No se trata de decidir quién gana, sino de comprobar cómo la literatura lleva siglos adaptándose a cada época sin renunciar a la necesidad humana de contar, imaginar y escuchar historias.
Raúl Tola será nuestro hilo conductor para entrar en ese territorio. Con él hablamos de Escribidores, del legado de Mario Vargas Llosa, de América y Europa, de cine y literatura, de nuevos lectores, del papel, de las pantallas y de algunos prejuicios que quizá convendría empezar a revisar. Cáceres pondrá del 23 al 26 de septiembre los nombres, las conversaciones y los escenarios. Nosotros empezamos un poco antes…¿Qué significa organizar en 2026 un festival llamado Pantallas y Literatura?
«Escribidores no es solamente un festival de libros y escritores»
—¿Qué es Escribidores y qué va a suceder en Cáceres?
—Escribidores es un festival literario que se abre al mundo de las ideas y de la discusión. No es un festival restringido exclusivamente a la literatura, a los libros y a los escritores, sino que también incluye a pensadores y a personas que tengan algo que aportar al debate de la actualidad. Nació en 2021 en Málaga y posteriormente celebró cuatro ediciones en Andalucía, llegando a distintas ciudades. Ese éxito nos llevó a expandir la marca a México, Ecuador y próximamente también a Perú. Este año tendremos tres ediciones: Cáceres, que es la edición española; México, en noviembre; y Ecuador, en diciembre. Es además un festival con una fuerte impronta vargasllosiana. El propio término escribidores está inevitablemente relacionado con La tía Julia y el escribidor y era una palabra que Mario utilizaba con frecuencia.
—Y desde su origen existe también esa intención de comunicar Europa y América.
—Sí. Es un festival con alcance internacional que se plantea fundamentalmente como un puente entre América y Europa, estableciendo diálogos permanentes entre ambas culturas. Nos gusta pensar en el Atlántico no como un océano que nos separa, sino como un puente. Hemos tenido participantes franceses, rumanos, norteamericanos, ingleses… pero el español funciona como una gran vía de comunicación. Desde que asumí la dirección de la Cátedra he podido comprobar algo que sigue pareciéndome maravilloso: puedes sentar alrededor de una mesa a veinte personas de veinte nacionalidades diferentes y todos podemos comunicarnos. Es un privilegio que valoramos muchísimo.
Pantallas y literatura: ¿enemigas o compañeras?
—Esta edición lleva por título Pantallas y Literatura. Durante mucho tiempo se ha presentado a las pantallas casi como enemigas naturales de la lectura. ¿Queréis discutir precisamente esa idea?
—Sí. La relación entre las nuevas tecnologías y la literatura aparentemente es muy tensa. Se habla mucho de que las pantallas, los móviles y las nuevas tecnologías pueden hacer desaparecer la lectura tal como la conocemos, especialmente la lectura de un libro físico. Parte del debate consiste precisamente en preguntarnos si realmente va a desaparecer el libro o si, por el contrario, las nuevas tecnologías pueden servir también para reforzar la lectura. Hay fenómenos como Wattpad que demuestran que ambos mundos pueden convivir e incluso potenciarse. Pero también nos interesan las pantallas como formato narrativo. Tenemos las series y las películas, que mantienen una relación directa con la literatura porque muchas de las historias que posteriormente se convierten en contenidos audiovisuales proceden de libros. Y aunque su punto de partida no sea una novela, continúan teniendo un componente literario: existe un guion, unos personajes, una historia.
—De ahí que el programa mezcle deliberadamente escritores, cineastas, guionistas y diferentes generaciones.
—Exactamente. Queríamos plantearlo como un debate abierto en el que participasen escritores, directores de cine, creadores y pensadores. Y además queríamos que conviviera lo que podríamos denominar literatura convencional con la literatura juvenil. Que exista diálogo y encuentro entre ambas, que no permanezcan separadas y que los jóvenes puedan comenzar también a experimentar con otro tipo de literatura. Esas serían, de alguna manera, las tres grandes líneas: el audiovisual, la literatura y la literatura juvenil, y la convivencia entre las tres.
—Si bajamos ya al programa concreto, Escribidores reúne durante cuatro días en Cáceres a escritores, cineastas, guionistas y periodistas de generaciones muy diferentes. Además, el festival se reparte entre dos espacios, el Teatro Capitol y la Filmoteca de Extremadura, que parecen encajar especialmente bien con esa idea de Pantallas y Literatura. ¿Cómo habéis construido el programa y qué destacarías de esta edición?
—Hemos intentado que el propio programa refleje esa convivencia de la que hablamos. Que no haya por un lado literatura y por otro cine o audiovisual, sino que podamos comprobar continuamente cómo se relacionan. Tenemos escritores, directores de cine, guionistas, periodistas, pensadores y también autores vinculados a la literatura juvenil, porque nos interesaba mucho que distintas generaciones y distintas formas de contar estuvieran presentes en el mismo festival. La inauguración será en el Teatro Capitol, con David Trueba y Ray Loriga, dos personas que conocen perfectamente los dos mundos porque son escritores, pero también han trabajado en el cine y el guion. La conversación se titula precisamente De la página a la pantalla: Adaptar no es traicionar, y creo que resume bastante bien una de las ideas centrales de esta edición.
Después tenemos nombres y encuentros muy diferentes. Estarán Inma Rubiales, Ian Gibson y Ana Belén, Ramoncín y Lucía Méndez, Juan del Val y Nativel Preciado, Iria G. Parente y Selene M. Pascual, Imanol Uribe y Antonio Soler, Mariana Sipos y Juan Cruz, Manuel Jabois y César Rendueles, Benito Zambrano y Jesús Carrasco o Paco Cabezas, Paloma Rando y Sergio del Molino. Y cerraremos con la entrega del Premio Escribidores a la Trayectoria a Carme Riera.
También me parece importante que el festival tenga esos dos espacios. El Teatro Capitol concentra buena parte de las conversaciones y los encuentros, mientras que la Filmoteca de Extremadura nos permite llevar de una manera muy natural la literatura hasta la pantalla. Allí tendremos, por ejemplo, la proyección de La casa de Bernarda Alba, de Mario Camus, acompañada por una conversación con Ian Gibson y Ana Belén; Al otro lado del río y entre los árboles, alrededor de Hemingway, con Imanol Uribe y Antonio Soler; o La voz dormida, con Benito Zambrano y Jesús Carrasco. Al final, eso es lo que queríamos conseguir con Pantallas y Literatura: que el programa no se limitara a hablar sobre esa relación, sino que el propio festival la pusiera en práctica, reuniendo libros, películas, escritores, cineastas, guionistas y lectores en distintos espacios de Cáceres.
«Hay que romper el mito de que los jóvenes no leen»
—Has mencionado varias veces la literatura juvenil. Existe ese discurso recurrente de que los jóvenes han dejado de leer. ¿Lo que estáis viendo os dice lo contrario?
—Yo también podía tener ese temor, pero conocer y profundizar un poco más en el fenómeno actual de la literatura juvenil me ha llevado a una conclusión muy distinta. Existen auténticas legiones de lectores, comunidades enormes articuladas alrededor de determinados escritores y escritoras. En Buenos Aires organizamos un festival de literatura juvenil de una manera bastante controlada porque teníamos cierto temor sobre cómo funcionaría y durante aquel fin de semana conseguimos reunir a unas 5.000 personas. He conocido chicas de dieciséis o diecisiete años que habían leído treinta novelas en un año. Es increíble. Fenómenos como Harry Potter, Los juegos del hambre o toda la literatura romántica juvenil han conectado con generaciones enteras. Es un mundo muy complejo y muy amplio, pero precisamente por eso debemos aprovecharlo. ¿Qué mejor herramienta para fomentar la lectura que conseguir que los propios jóvenes quieran leer?
Recuperar el puente literario entre América y España
—Hace poco entrevistábamos a Sergio del Molino y nos llamaba la atención encontrar lectores peruanos o argentinos comentando sus libros prácticamente desde su publicación. ¿Sigue existiendo esa conexión literaria entre los dos lados del Atlántico?
—Eso debería ser lo normal. Creo que, a medida que los mercados editoriales nacionales han ido creciendo, las literaturas se han ido atomizando. En otra época, el boom latinoamericano consiguió que un grupo de escritores latinoamericanos se leyera en toda América Latina, en España y finalmente en buena parte del mundo. Ahora los mercados son mucho más autosuficientes: en Colombia se leen muchos escritores colombianos; en Perú, escritores peruanos; en Chile, chilenos…Eso demuestra un crecimiento y una consolidación del mundo editorial, algo que evidentemente es positivo, pero al mismo tiempo hemos perdido parte de aquel diálogo.
¿Cuántos españoles conocemos Perú gracias a Vargas Llosa, Bryce Echenique o Ribeyro? ¿Cuántos lectores han conocido Colombia a través de García Márquez o Argentina mediante Cortázar y Borges? Ese intercambio debería volver a ser algo natural. Hay que reactivarlo y fomentarlo porque la literatura constituye un mecanismo de conocimiento extraordinario: nos aproxima, rompe prejuicios y permite conocer otras sociedades.
El libro físico sigue resistiendo
—Te hago ahora elegir como lector: ¿pantalla o libro físico?
—Libro físico. Leo en pantalla fundamentalmente cuando no consigo un libro en papel. Si necesito leer por mi trabajo una obra editada en Perú que todavía no ha llegado a España, evidentemente recurro a la versión digital. Y tiene ventajas: puedes leer de noche sin molestar a nadie, por ejemplo. Pero prefiero el libro físico. Creo que el libro de papel es un formato extraordinariamente perfecto, probablemente difícil de mejorar para la experiencia de la lectura.
—Durante años se anunció prácticamente la muerte del papel y, sin embargo, las editoriales continúan publicando, las ferias del libro mantienen una enorme actividad y el formato físico permanece.
—Y la penetración del libro digital continúa siendo relativamente minoritaria. Los audiolibros todavía tienen una presencia menor. Si el libro físico ha resistido será por algo. Incluso muchos jóvenes siguen prefiriendo el papel. Existe también una experiencia táctil, una relación con el objeto, que forma parte del placer de leer. Creo que parte del trabajo que tenemos que hacer desde la Cátedra consiste precisamente en romper mitos y prejuicios: romper con la idea de que los jóvenes no leen o con la idea de que el libro inevitablemente va a morir. No debemos tener miedo a la actualidad. Es verdad que las nuevas tecnologías están haciendo que el mundo cambie muy rápidamente, pero seguimos aquí, seguimos vivos y tenemos una vida por delante. Y qué mejor manera de aprovecharla que leyendo, multiplicando nuestra vida por las miles de vidas que nos permiten vivir la literatura y la ficción.
Cáceres como punto de encuentro
La conversación vuelve finalmente al lugar en el que empezó: Cáceres. La ciudad ya acogió por primera vez en Europa la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa y ahora recibe otra de las grandes líneas de trabajo de la Cátedra. Para Tola, durante estos encuentros Cáceres adquiere una posición especialmente significativa dentro del mapa cultural en español, al reunir autores procedentes de diferentes países y generaciones.
Escribidores continuará después su viaje hacia América, pero durante cuatro días el puente queda anclado aquí. Del 23 al 26 de septiembre, Cáceres hablará de libros mientras mira pantallas, proyectará películas que nacieron de palabras, reunirá escritores con cineastas y sentará en el mismo programa a lectores que llevan cincuenta años pasando páginas y a jóvenes que quizá descubrieron su última novela deslizando primero un dedo por la pantalla de un teléfono. Raúl Tola nos ha servido de guía para recorrer anticipadamente el festival. Ahora queda comprobar qué ocurre cuando todos esos mundos ocupen las mismas salas. Porque quizá Pantallas y Literatura no pretenda resolver si el futuro pertenece al papel o a la pantalla. Quizá la pregunta importante sea otra: qué historias vamos a seguir necesitando contar, leer y mirar cuando ambos ya forman parte de la misma vida.
«Leer nos permite multiplicar nuestra vida por las miles de vidas que nos ofrece la literatura». Raúl Tola
Willy López / Félix Méndez















