Written by: CÁCERES 2031 Cara a Cara Especiales

Iris Jugo «Cáceres 2031, la Cultura puede transformar un territorio»

«El patrimonio no es la piedra; el patrimonio somos nosotros y lo que hacemos con esa piedra»

Música, violonchelista, docente, gestora cultural, investigadora, europea convencida y llegada a Cáceres casi por una concatenación de casualidades, Iris Jugo dirige, aunque prefiere hablar de coordinar y, todavía más, de equipo, una candidatura que ha conseguido colarse entre las cuatro finalistas españolas para ser Capital Europea de la Cultura en 2031. Cáceres compite, pero Jugo insiste en cambiar el verbo: esto no va solamente de competir, sino de transformar. De dejar de sobrevivir culturalmente, ganar autoestima, abrir Extremadura a Europa y conseguir que dentro de cinco años la cultura haya dejado de ser algo que sucede en determinados edificios para convertirse en una manera diferente de habitar el territorio.

Hay personas que llegan a un puesto siguiendo una escalera perfectamente trazada y otras que aparecen allí después de recorrer media Europa con un violonchelo, trabajar con artistas en Latinoamérica y Ghana, entrar en campos de refugiados en Grecia, investigar sobre liderazgo europeo, vivir en Madrid, dar clases en un conservatorio y acabar, casi sin pretenderlo, viendo cómo anidan cigüeñas en  una terraza de la plaza de Santiago de Cáceres mientras escucha las conversaciones de las mesas de alrededor. Iris Jugo pertenece claramente al segundo grupo.

Cuando aterrizó en Cáceres apenas conocía Extremadura. Había pasado por aquí un par de veces. No tenía familia, amigos, compromisos adquiridos ni esa cartografía invisible de nombres, instituciones, filias y fobias que acompaña inevitablemente a quien lleva toda una vida en un territorio. Llegó prácticamente virgen de prejuicios. Y aquello que podía parecer una desventaja terminó convirtiéndose en una forma bastante particular de mirar.

En junio de 2025 comenzó a levantar una candidatura que, según cuenta, arrancó con muy poquito y con ciudades competidoras que llevaban años haciendo los deberes. Hoy Cáceres está entre las cuatro finalistas españolas que optan a convertirse en Capital Europea de la Cultura 2031. El apoyo del consistorio cacereño, las diputaciones de la región y la Junta hicieron el resto. Entre medias ha habido reuniones, kilómetros, Europa, pueblos, artistas, instituciones, adolescentes, Beethoven, ovejas, iglesias, Portugal, proyectos rurales, muchas horas sin dormir y una pequeña oficina en la que casi nadie parece tener una única función. Aquí todo el mundo hace muchas cosas. Quizá porque, desde el principio, tampoco se trataba simplemente de organizar una agenda cultural, se trataba de otra cosa…de caminar.

«Soy música. Y este proyecto europeo tiene mucho que ver con mi propia vida»

Antes de hablar de Cáceres 2031, ¿Quién es Iris Jugo? ¿Quién llega hasta aquí y por qué termina coordinando una candidatura europea?

Yo soy música. Soy música profesional y sigo tocando el violonchelo. Estudié en Holanda y en Inglaterra, así que Europa forma parte de mi propia esencia. Siempre he sentido que somos muy afortunados de ser europeos. También soy docente. Cuando terminé mi etapa en Inglaterra sentí que tenía que devolver algo de lo que había recibido y lo hice a través de la enseñanza, trabajando como profesora de conservatorio. Pero muy pronto empecé también con la gestión cultural y la cooperación internacional. Creamos nuestra propia ONG y trabajamos mucho con intercambio de artistas y músicos, fundamentalmente en Latinoamérica. Después estuvimos en Ghana y acabamos trabajando también en campos de refugiados en Grecia. Más adelante fui seleccionada para un programa europeo de investigación y liderazgo que me permitió trabajar en equipos multidisciplinares internacionales sobre algunos de los grandes retos de Europa. Estuvimos en contacto con instituciones, primeros ministros, la OTAN, la Comisión Europea… y ahí empecé a profundizar mucho más en liderazgo artístico y en cómo las artes pueden intervenir en procesos sociales y políticos. Y, de alguna manera bastante extraña, todo aquello acabó llevándome hasta Cáceres.

¿Extraña hasta qué punto?

Bastante. Yo estaba trabajando en un conservatorio, colaborando también con una universidad y metida en investigación. Y por coincidencias de la vida, apareció una persona de Cáceres que empezó a enviarme convocatorias y a presentarme gente de aquí. Un día me llamaron para participar en una ponencia sobre gestión cultural y fue allí donde supe que iban a sacar una convocatoria para coordinar la candidatura y fui ahí donde mi perfil podía encajar. Me presenté. Y mientras preparaba los méritos pensé: «Yo no quiero este puesto». Yo estaba muy bien en Madrid. Mi familia estaba allí, tenía conciertos, mi trabajo, había encontrado un equilibrio bastante bueno… No sentía ninguna necesidad de cambiar de vida…Y entonces gané la convocatoria. Mis dudas se disiparon en una caminata por Roma…fue allí, en una especie de conversación especial, donde decidí dar todo lo que tengo para luchar por esta candidatura.

…Y el 18 de junio llegas a Cáceres.

Llego, conozco al alcalde, entro en el Consejo Rector y empiezo. Había muy poquito para empezar, pero esa incipiente fase me animó a desarrollar el proyecto sin fisuras ni miedos. A principios de julio ya estábamos organizando un gran evento de presentación para intentar poner en marcha algo en lo que otras ciudades llevaban tres, cuatro o cinco años trabajando. Además, no conocía a nadie aquí. Eso también ha tenido una parte positiva. No tengo ningún primo en esta tierra ni ningún compromiso con nadie. No vengo de ningún espacio político y desde el principio dejé muy claro que no iba a trabajar para ningún color político. Esa libertad es fundamental. Soy funcionaria en otra administración. Estoy aquí porque he elegido estar y porque creo en el proyecto. Eso también te permite trabajar de una manera determinada. Aunque duermo poco, trabajo prácticamente todos los días de la semana y hay días en los que empiezo a las seis de la mañana. Es todo un reto, una motivación, es mi elección. Y lo importante es que esto ya no depende de una sola persona. Ahora existe un equipo y cada vez empieza a pertenecer a más gente.

Escuchar Cáceres desde una terraza

Llegas prácticamente sin conocer la ciudad ni Extremadura. ¿Eso fue un problema o terminó convirtiéndose en una ventaja?

Creo que me ayudó porque llegué sin una visión parcelada del territorio. Tenía que identificar cuáles eran los retos de Extremadura y no tenía todavía un equipo que pudiera proporcionarme esa información. Evidentemente podía preguntar a determinadas instituciones o responsables políticos, pero sabía que aquello me iba a ofrecer una visión sesgada. Así que hacía una cosa bastante sencilla. Me sentaba sola en una terraza de la plaza de Santiago, me tomaba algo y pasaba horas escuchando lo que decía la gente de las mesas de alrededor. Fue una de mis primeras formas de entender el territorio. Después empezaron a llegar muchísimas personas. Durante los primeros meses también dediqué mucho tiempo a escuchar a artistas y gestores, a conocer sus inquietudes y, sobre todo, a explicar qué significa realmente una Capital Europea de la Cultura. Porque no se trata únicamente de disponer de recursos o de ampliar una programación, sino de construir un proyecto mucho más amplio, con una dimensión europea y una mirada a largo plazo. Creo que todavía estamos aprendiendo entre todos a entender el verdadero alcance de una capitalidad. Y precisamente para eso estamos todos embarcados en este proyecto.

«La capitalidad no es sólo un concepto material»

Entonces expliquémoslo para quien todavía vea 2031 como una especie de enorme festival cultural. ¿Qué se está decidiendo realmente?

Una Capital Europea de la Cultura es un proceso muchísimo más complejo. Tienes que elaborar un bid book, un documento extremadamente preciso en el que Europa te plantea cuestiones muy concretas: por qué quieres ser Capital Europea, cuál es el concepto de tu candidatura, cómo involucras al territorio, cuál es tu dimensión europea, qué aporta la ciudad a Europa, cómo se integra el proyecto dentro de una estrategia cultural a largo plazo…Y nosotros teníamos un problema de partida muy importante: reelaborar una estrategia cultural de Cáceres. Así que hubo que hacerla. La desarrollamos, se trabajó y se aprobó en pleno. Paralelamente tuvimos que realizar el primer bid book. La introducción, por ejemplo, solamente podía ocupar tres páginas y creo que tardé dos meses y medio en escribirla. Llegamos a la versión dieciséis. Todo está extremadamente medido. Y todo se presenta en español y en inglés.

TRANSCULTURA: EXTREMADURA CAMINA

¿Y cómo consigues meter Extremadura dentro de unas páginas?

Esa era precisamente una de las grandes preguntas. Nosotros empezamos trabajando alrededor del concepto de transcultura, tomando como referencia la transhumancia. La idea es muy sencilla y, a la vez, muy profunda: no existen fronteras rígidas, aprendemos caminando y, cuando caminamos juntos y nos encontramos con otros, regresamos transformados. Queremos caminar desde Extremadura hacia Europa y desde Europa hacia Extremadura. Inicialmente trabajamos con tres dimensiones: tierra, camino y encuentro. Tierra es aquello que tenemos y hemos heredado: nuestro patrimonio material e inmaterial, nuestra identidad, aquello que pertenece al territorio. Camino es lo que necesitamos encontrar, esa diversidad, proyectos para jóvenes, trabajo intergeneracional, cooperación europea…

Y después está el encuentro. Porque los retos que tenemos en Extremadura no son exclusivamente extremeños. Muchos son problemas compartidos con otros territorios europeos. Ahí aparecen cuestiones como los derechos culturales, la despoblación o cómo ofrecer oportunidades a los territorios rurales y periféricos. Al final, lo casi anecdótico es que haya un programa cultural. Lo verdaderamente importante es la transformación que puede provocar.

«Tenemos que terminar con el espíritu de supervivencia»

Hablas mucho de capacitación. ¿Qué has detectado en el ecosistema cultural extremeño?

Que tenemos muchísimo valor, pero hemos vivido muy fragmentados y muchas veces dentro de una especie de cultura de supervivencia. Tenemos que terminar con ese espíritu. Y para hacerlo necesitamos formación y capacitación. Si el dinero no viene de un lugar tendrá que venir de otro. Tenemos que aprender a buscar recursos, a colaborar, a trabajar con Europa, a generar redes. Y necesitamos dejar espacio a los jóvenes. Eso es fundamental. Una de las líneas en las que estamos trabajando es Generación 31. Los adolescentes que ahora tienen doce o trece años serán quienes tengan veinte en 2031. Yo no puedo programar por ellos. Sería absurdo. Lo que puedo hacer es darles herramientas, capacitarlos, escucharlos y conseguir que sean ellos quienes formen parte de esa programación cuando llegue el momento. También estamos trabajando en diversidad. ¿Quién no aparece normalmente sobre los escenarios? ¿Quién suele ser solamente receptor de cultura, pero casi nunca protagonista? Si queremos hablar realmente de diversidad tenemos que conseguir que esas personas formen parte activa del proyecto. Pero eso requiere tiempo. Por eso necesitamos que el proceso continúe.

NO VA DE PIEDRAS

Cáceres tiene un patrimonio monumental evidente. Pero insistes mucho en que la candidatura no puede descansar sobre eso.

Porque existe un malentendido enorme. Esto no consiste en decidir qué ciudad tiene las piedras más bonitas. Granada es bellísima. Cáceres es bellísima. Mérida es bellísima. Pero una Capital Europea de la Cultura no va de eso. El patrimonio no es la piedra. El patrimonio somos nosotros y lo que hacemos con esa piedra. ¿Qué significado le damos? ¿Cómo la habitamos? ¿Cómo la relacionamos con nuestro presente?

Y para mí la candidatura de Cáceres tampoco son las instituciones, que son básicas indudablemente. Son las personas que hacen funcionar esas instituciones. Hay algo que he descubierto aquí y que quizá los extremeños no valoráis suficientemente porque estáis acostumbrados a ello: la escala humana. La manera de recibir. La amabilidad. El trato. Cuando has vivido fuera te das cuenta de que determinadas formas de relacionarnos están desapareciendo en Europa. Y eso también es patrimonio. Un artista que venga hasta aquí puede encontrarse con dificultades para llegar, evidentemente, pero cuando llegue va a descubrir silencio, espacio, paz, territorio y una determinada forma de relacionarse con las personas. Eso también tenemos que saber contarlo.

«Cuando has vivido fuera te das cuenta de que determinadas formas de relacionarnos están desapareciendo en Europa. Y eso también es patrimonio»

¿Cuál ha sido la piedra más difícil de apartar durante este proceso?

La falta de autoestima. Sin duda. Esa sensación permanente de: «Granada es más bonita», «Las Palmas se lo va a llevar» …Antes incluso de saber exactamente qué se está valorando. Tenemos que entender que Europa no está buscando simplemente una ciudad bonita. Y tenemos que empezar a reconocer el valor de lo que tenemos. También existe una distancia psicológica respecto a Europa. Cuanto más rural es un territorio, muchas veces más lejos se siente de las instituciones europeas y, paradójicamente, esos territorios han recibido enormes cantidades de fondos europeos. Ahí existe una contradicción muy interesante.

EUROPA ANTE SUS PROPIOS RETOS

Has vivido y trabajado en diferentes países europeos. ¿Notas una Europa más débil que hace unos años? ¿Con fisuras sociales, democráticas, con un nuevo escenario más complejo?

Sí. Durante mucho tiempo Europa se presentó ante el mundo como la abanderada de determinados valores. Democracia. Libertad. Cultura. Derechos. Y algunos de esos valores empiezan a estar en riesgo. La democracia ya no puede darse por sentada. La cultura está fragmentada y puede ser manipulada. Tenemos artistas en determinados lugares de Europa que encuentran dificultades para expresarse y vemos cómo parte de la juventud empieza incluso a valorar modelos políticos que no representan esos principios democráticos. Si los valores que utilizábamos para definirnos empiezan a diluirse y, al mismo tiempo, Europa pierde peso geopolítico, tenemos que preguntarnos qué significa hoy ser europeos.

Nos invitaron, a través de la Fundación Yuste, a participar en Soul for Europe, un espacio que precisamente reflexiona sobre cuál es el alma de Europa. Y de repente parece que una parte de esa responsabilidad recae sobre los artistas. Como artista, eso me interpela muchísimo. ¿Somos nosotros quienes tenemos que reconstruir una identidad europea? No lo sé. Pero sí creo que en este momento proyectos como las Capitales Europeas de la Cultura son más necesarios que nunca. No solamente importantes. Necesarios.

 

CÁCERES, ÉVORA Y UNA FRONTERA QUE DEBERÍA DEJAR DE SERLO

Para nosotros, desde Badajoz, Portugal forma parte prácticamente de la vida cotidiana. ¿Dónde aparece Portugal dentro de Cáceres 2031?

Portugal es uno de nuestros grandes aliados. Y Évora especialmente. Desde el principio hemos intentado que aquello que escribimos en la candidatura tenga una experiencia real detrás. No queremos decir en un documento que somos europeos si previamente no hemos trabajado con europeos. Uno de los proyectos que hicimos fue reconstruir la Novena Sinfonía de Beethoven, que contiene el himno europeo. Si estamos diciendo que Europa necesita repensar sus valores, pensamos: reconstruyamos simbólicamente la Novena. Dividimos sus movimientos y uno de ellos se lo entregamos a jóvenes músicos de Évora. A partir de ahí surgió una relación muy bonita. Fuimos a Évora, conocimos al equipo de su Capital Europea de la Cultura y hoy existe una colaboración muy estrecha. Portugal no puede ser un añadido decorativo. Está ahí. Compartimos territorio, problemas, recursos, patrimonio y muchísimas posibilidades. Tenemos que dejar de mirar siempre hacia Madrid y empezar a mirar también hacia aquello que tenemos a unos kilómetros.

«La cultura es un poder blando»

Pero esa conexión entre Extremadura y Portugal lleva décadas apareciendo en discursos políticos y, sin embargo, sigue sin desarrollarse plenamente.

Porque seguimos dejando demasiadas cosas exclusivamente en manos de la política. La cultura funciona de otra manera. La cultura es un poder blando. Y somos nosotros quienes tenemos que generar los movimientos. Después las instituciones pueden acompañarlos. No podemos esperar siempre a que alguien desde arriba decida que ahora toca colaborar. Los proyectos tienen que surgir de artistas, gestores, universidades, medios, asociaciones, ciudadanía… Y después conseguir que las instituciones los hagan posibles.

A veces desde la cultura nos quejamos de que un concejal no nos escucha. Pero quizá ese concejal tiene quinientas cosas encima, ochocientas llamadas y tú has llegado con un proyecto que consideras maravilloso pero que no has sabido explicar en cinco minutos. Tenemos que sentarnos unos al lado de otros. Entendernos. Los artistas también debemos estar cerca de la política porque, si no, corremos el riesgo de convertirnos únicamente en personas que se quejan de aquello que debería ocurrir. La pregunta entonces es: ¿Qué estás haciendo tú para que ocurra?

 

UN MERCADO VACÍO PARA VOLVER A LLENARLO DE VIDA

Frente a otras candidaturas que presentan grandes infraestructuras nuevas, vosotros habláis de regenerar espacios.

Exactamente. No queremos que todo consista en volver a poner hormigón. Detectamos, por ejemplo, que necesitábamos espacios y localizamos el Mercado de Abastos, que tiene zonas sin uso. Estamos trabajando para que forme parte del proyecto de capitalidad. Eso significa regenerar, reactivar, volver a darle vida a algo que ya existe. Los artesanos y comerciantes que están allí pueden beneficiarse, los artistas pueden disponer de nuevos espacios y la ciudad recupera un edificio. Eso representa mucho mejor nuestra filosofía que construir algo desde cero simplemente para poder decir que tenemos un edificio nuevo.

UN EQUIPO DONDE SE TRABAJA EN EQUIPO

Hablas continuamente del equipo y muy poco de ti.

Porque el proyecto no soy yo. De hecho, una de las cosas particulares de nuestra candidatura es que no tenemos un director artístico. Tenemos una curaduría colectiva. Hay varias personas trabajando y construyendo conjuntamente el concepto y la programación. ¿Es más difícil? Muchísimo. Porque cuando existe una única persona que decide, llega un momento en el que dice: «Esto es lo que hay». Nosotros necesitamos discutir, contrastar, consensuar. Requiere muchísimo más tiempo. Pero creo que al final también genera un proyecto mucho más rico.

Yo vengo de estudiar y trabajar en lugares donde las estructuras son bastante más horizontales. Cada persona tiene una especialización y tiene que liderar aquello que conoce. Si alguien está llevando un proyecto, esa persona tiene que explicarlo públicamente, salir en la fotografía y asumirlo. No tengo que aparecer yo siempre. Eso también nos ha costado aprenderlo y explicarlo. Pero ahora empieza a suceder.

CUATRO FINALISTAS. UNA CIUDAD. CINCO AÑOS.

Cáceres ha llegado hasta aquí. De las ciudades españolas que comenzaron el camino hacia 2031 quedan cuatro candidaturas finalistas. Ahora llegará otro bid book, otra defensa, otra habitación con expertos delante y unos minutos contados para condensar años de trabajo, territorio, cultura y Europa.

¿Qué sensación tienes ante la decisión final?

Que estamos preparados. Después hay muchísimos factores. Está lo que escribes en el bid book, que en nuestro caso creo que es muy honesto. Lo que ves es lo que hay. Después tienes que ser capaz de explicárselo al panel de expertos. Tenemos 45 minutos de intervención y otros 45 de preguntas. Es poquísimo tiempo para contar todo esto. Así que no depende solamente de lo que hayas escrito. Depende también de la capacidad de emocionar, explicar, condensar y conseguir que las personas que tienes delante comprendan lo que quieres hacer. Pero siento que el movimiento existe. Es potente. Y si tenemos la oportunidad de desarrollarlo durante estos cinco años creo que podemos construir una Capital Europea de la Cultura muy especial.

Porque estamos buscando capilaridad. Que haya proyectos en Cáceres, pero también en otros lugares de Extremadura, que el territorio forme parte, que los jóvenes formen parte, que las personas que normalmente no ocupan los escenarios suban a ellos y que todo esto no termine siendo solamente una programación cultural en 2031. Eso sería lo menos interesante. Lo importante será comprobar qué ha cambiado cuando lleguemos hasta allí.

LA CULTURA ES EL CAMINO

En la oficina de Cáceres 2031 todavía faltan cosas. Iris Jugo recuerda que llegaron sin ordenador, sin equipo y casi sin espacio; que han aprendido mientras corrían y que, frente a candidaturas con años de ventaja, aquí muchas veces ha tocado construir mientras ya estaban caminando. Quizá por eso eligieron precisamente ese verbo. Caminar. La transhumancia convertida en transcultura. Salir, atravesar territorios, encontrarse con otros y regresar diferente. Cáceres quiere ser Capital Europea de la Cultura en 2031, pero Iris Jugo parece mucho más interesada en otra pregunta: qué Cáceres, qué Extremadura y qué Europa encontraríamos al final del camino si realmente utilizáramos estos cinco años para cambiar algo.

Porque la piedra seguirá allí. Las murallas seguirán allí. Las torres, las plazas, los palacios y las iglesias seguirán donde llevan siglos. Lo complicado es conseguir que alrededor de ellas sucedan cosas. Que un adolescente de trece años descubra que en 2031 también puede decidir qué cultura quiere. Que un artista europeo termine trabajando en un pueblo extremeño que no sabía situar en el mapa. Que un mercado vacío vuelva a tener voces. Que Évora deje de parecer otro país cuando está a un paseo de nuestra frontera. Que Badajoz, Cáceres, los pueblos, Portugal y Europa puedan formar parte de una misma conversación sin pedir permiso continuamente a la geografía. Y, sobre todo, que Extremadura deje de mirarse desde abajo.

Iris Jugo lo resume casi sin pretenderlo cuando identifica la mayor dificultad que ha encontrado desde que llegó: la falta de autoestima. Quizá 2031 empiece precisamente ahí. No el día que un jurado pronuncie el nombre de una ciudad. Mucho antes. En el momento en que un territorio deje de preguntarse si es suficientemente bueno para Europa y empiece a preguntarse qué puede aportar él a Europa. Entonces la piedra deja de ser decorado. La frontera deja de ser raya. Y la cultura, efectivamente, se convierte en camino.

Willy López / Félix Méndez

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