Written by: Especiales

Los Premios Max convierten Mérida en el gran escenario de la cultura

El Teatro Romano acogió una gala brillante que reivindicó el valor del teatro, la danza y las artes escénicas como refugio de la memoria y la emoción colectiva.

Hay lugares que parecen construidos para resistir al tiempo. El Teatro Romano de Mérida es uno de ellos. Dos mil años después de que las primeras voces resonaran entre sus columnas, volvió a convertirse en el corazón de las artes escénicas españolas durante la celebración de los Premios Max 2026. Una noche elegante y emocionante en la que el teatro, la danza, la música y el circo se dieron cita para celebrar el talento, la creatividad y la capacidad del arte para seguir interrogando al mundo.

Porque los Premios Max son mucho más que una entrega de galardones. Son una fotografía anual del estado de la creación escénica en España. Un termómetro que mide las inquietudes de autores, compañías, intérpretes y creadores. Una ocasión para reivindicar el valor de unas disciplinas que continúan ofreciendo algo que ninguna tecnología ha conseguido sustituir: el encuentro entre seres humanos en un mismo espacio y un mismo tiempo. En una época marcada por la velocidad, las pantallas y la fragmentación de la atención, el teatro sigue proponiendo lo contrario: detenerse, escuchar, compartir emociones y mirar al otro. Lo mismo sucede con la danza, el circo o las nuevas formas híbridas de creación escénica. Todas ellas conforman un patrimonio vivo que alimenta la imaginación colectiva y mantiene encendida una de las llamas esenciales de cualquier sociedad: la cultura. Y si existe un escenario capaz de simbolizar esa continuidad entre pasado y presente, ese lugar es Mérida.

Una ceremonia que dialogó con los clásicos y con Extremadura

La gala apostó por una puesta en escena de gran carga simbólica. No se trató únicamente de entregar premios. La ceremonia construyó un relato donde la tradición clásica dialogó con la creación contemporánea, convirtiendo el Teatro Romano en un espacio donde convivieron siglos de historia escénica. Un enorme logro en tiempos de trombosis creativa, que la maravillosa Cristina Silveira supo dirigir de manera extraordinaria.

Las referencias culturales se sucedieron a lo largo de la noche con una naturalidad sorprendente. Por el escenario desfilaron evocaciones de Esquilo y Sófocles pero también de figuras tan diversas como Margarita Xirgu, María Zambrano, Catalina Clara Ramírez de Guzmán, Sócrates o Diotima. Hubo espacio para la tragedia clásica, para la filosofía, para la literatura, para la memoria femenina y para la reivindicación de las raíces culturales extremeñas. La ceremonia tejió una narrativa donde convivían Medea y Antígona con Robe Iniesta, la danza butoh con las compositoras extremeñas, la escena contemporánea con la tradición grecolatina y las nuevas generaciones con quienes abrieron camino décadas atrás. Lejos de convertirse en una sucesión de números independientes, la gala construyó un discurso coherente sobre la identidad, la memoria y la capacidad transformadora de las artes escénicas.

La huella extremeña brilló con luz propia

Más allá del papel de anfitriona, Extremadura tuvo una presencia decisiva en el desarrollo artístico de la ceremonia. Diecisiete bailarines, como Irene Naranjo o Lara Martorán, e intérpretes extremeños participaron activamente en una propuesta escénica que otorgó a la danza un protagonismo inusual dentro de este tipo de galas. Sus intervenciones aportaron fluidez, ritmo y cohesión visual a una ceremonia que evitó la rigidez institucional para apostar por un espectáculo vivo. Pero fueron las recreaciones inspiradas en la tragedia clásica las que ofrecieron algunos de los momentos más intensos de la noche. Y por ahí aparecieron el equipo de danza de la Quijjá, de la coreógrafa extremeña Paloma Muñoz, tres minutos intensos en una super reducción de su espectáculo de danza que evoca un paisaje devastado y busca la poesía en los huesos. Fantásticos.

María Luisa Borruel dio vida a una Medea desgarradora. José Vicente Moirón encarnó a Edipo con la solvencia de quien conoce profundamente la tragedia griega. Esteban G. Ballesteros se convirtió en Sócrates, mientras que Alberto Amarilla asumió la figura de Prometeo. Pepa Gracia aportó fuerza y humanidad a Antígona e Isabel Ordaz hizo lo propio con Hécuba. Las interpretaciones alcanzaron tal nivel de intensidad que muchos asistentes coincidieron en señalar estos fragmentos como algunos de los instantes más memorables de toda la velada. Fueron pequeñas piezas teatrales insertadas en medio de la gala que recordaron por qué los clásicos siguen hablando con extraordinaria vigencia al espectador contemporáneo.

La música también tuvo un marcado acento extremeño. La soprano Mar Morán protagonizó una de las actuaciones más celebradas de la noche acompañada por Belén Castillo al piano y por el bailarín pacense Óscar Alonso, cuya trayectoria internacional lo ha convertido en una de las figuras emergentes más interesantes de la danza española. Entre los momentos más emotivos de la ceremonia destacó el homenaje a Robe Iniesta, una de las voces más universales surgidas de Extremadura. La gala conectó con las raíces contemporáneas de la región mediante una delicada y conmovedora versión coral de Puntos suspensivos, interpretada por el Coro Amadeus de Puebla de la Calzada. La pieza, cargada de sensibilidad y simbolismo, tendió un puente entre la música popular y las artes escénicas, demostrando que la creación cultural extremeña trasciende géneros y generaciones. Bajo las bóvedas del Teatro Romano, la canción adquirió una dimensión casi litúrgica, convirtiéndose en uno de esos instantes capaces de detener el tiempo y emocionar a un auditorio entregado.

Madrid y Cataluña concentran los grandes reconocimientos

Si algo dejó claro el palmarés de esta edición fue el enorme peso que siguen teniendo Madrid y Cataluña dentro de la producción escénica nacional. El Centro Dramático Nacional y el Teatre Nacional de Catalunya se repartieron buena parte de los principales reconocimientos teatrales, obteniendo cinco galardones cada uno y consolidando su posición como dos de los grandes motores creativos del panorama escénico español.

La gran vencedora de la noche fue 1936, una ambiciosa producción del Centro Dramático Nacional, CheckIn Producciones y El Terrat, dirigida por Andrés Lima, una obra monumental sobre la Guerra Civil que convirtió la memoria histórica en materia escénica viva. Su frase de la noche podría resumirse así: “El teatro también sirve para nombrar a quienes siguen esperando justicia bajo la tierra.”. Premio al Mejor espectáculo.

La tercera fuga, del Teatre Nacional de Catalunya, se llevó tres premios: Mejor Autoría Teatral, Mejor Elenco de Teatro y Mejor Actor para Ton Vieira. Su espíritu quedó marcado por una idea poderosa: “El exilio no es solo una herida geográfica; también es una forma de mirar el mundo.”

Los nuestros, del Centro Dramático Nacional y el Teatre Nacional de Catalunya, obtuvo dos galardones fundamentales: Mejor Dirección de Escena para Lucía Carballal y Mejor Actriz para Mona Martínez. La obra puso sobre la mesa memoria, identidad y pertenencia. Su frase: “Somos también aquello que heredamos sin haberlo vivido.”

La danza toma la palabra

La danza fue una de las grandes protagonistas de la noche. No, de La Venidera y Centro Danza Matadero, se alzó como Mejor Espectáculo de Danza, Mejor Coreografía para Irene Tena y Albert Hernández, y Mejor Intérprete Femenina de Danza para Irene Tena. Tres premios para una propuesta de flamenco contemporáneo, física, intensa y emocional. Su frase: “A veces decir no es la forma más luminosa de seguir bailando.”

Faula, de Roser López Espinosa y el Consorci Mercat de les Flors, recibió el premio a Mejor Elenco de Danza. Su frase: “El cuerpo también sabe contar cuentos antiguos con una lengua nueva.”

El premio a Mejor Intérprete Masculino de Danza fue para Juan Berlanga, por JUANCABALLO. Su frase: “Bailar es dejar que el cuerpo diga lo que la palabra no alcanza.”

 Jesús Cimarro y toda una vida dedicada a la escena

Otro de los momentos más significativos de la noche llegó con la entrega del Premio Max de Honor a Jesús Cimarro. La elección poseía una carga simbólica evidente. Pocos nombres están tan vinculados al crecimiento y consolidación de las artes escénicas en España durante las últimas décadas. Productor, gestor cultural y director del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Cimarro ha desempeñado un papel fundamental en la proyección nacional e internacional de uno de los certámenes teatrales más prestigiosos del país. El premio sirvió para reivindicar una labor muchas veces invisible: la de quienes sostienen la estructura necesaria para que las compañías puedan crear, girar y encontrarse con el público.

El palmarés completo de una edición diversa

Los 25 galardones repartidos durante la noche reflejaron la riqueza y diversidad del panorama escénico actual. Desde el teatro histórico de 1936 hasta las exploraciones corporales de No, pasando por la lírica de Hacia ecos de lo sagrado, el teatro de calle representado por Gota, la creación familiar de La Maestra, las propuestas emergentes como Zorra Dorada o los trabajos de investigación escénica reconocidos en categorías técnicas, el palmarés dibujó un mapa donde conviven distintas sensibilidades, lenguajes y generaciones. Una diversidad que constituye precisamente una de las mayores fortalezas de las artes escénicas españolas.

Mucho más que unos premios

Al finalizar la ceremonia, cuando los focos comenzaron a apagarse y el público abandonaba lentamente las gradas del Teatro Romano, quedaba la sensación de haber asistido a algo más que una entrega de galardones. Los Premios Max volvieron a recordar que el teatro sigue siendo un lugar donde una sociedad se mira a sí misma. Que la danza continúa explorando territorios que las palabras no alcanzan. Que el circo mantiene intacta su capacidad para desafiar los límites físicos y emocionales. Que la música sigue siendo capaz de unir mundos aparentemente lejanos. Y que la cultura, lejos de ser un lujo accesorio, constituye una necesidad colectiva. Las piedras milenarias de Mérida han contemplado imperios, guerras, celebraciones y silencios. Esta semana fueron testigos de otra victoria menos visible pero igualmente importante: la de las artes escénicas sobre el olvido. Una noche para celebrar premios, sí. Pero sobre todo una noche para celebrar que todavía existen escenarios capaces de reunirnos alrededor de una historia.

Relación completa de los ganadores de los Premios Max 2026

Teatro

  • Mejor Espectáculo de Teatro: 1936
  • Mejor Dirección de Escena: Lucía Carballal, por Los nuestros
  • Mejor Autoría Teatral: Victoria Szpunberg y Albert Pijuan, por La tercera fuga
  • Mejor Adaptación o Versión: Xavo Giménez, por Yo soy 451
  • Mejor Actriz: Mona Martínez, por Los nuestros
  • Mejor Actor: Ton Vieira, por La tercera fuga
  • Mejor Elenco de Teatro: La tercera fuga

Danza

  • Mejor Espectáculo de Danza: No
  • Mejor Coreografía: Irene Tena y Albert Hernández, por No
  • Mejor Intérprete Femenina de Danza: Irene Tena, por No
  • Mejor Intérprete Masculino de Danza: Juan Berlanga, por JUANCABALLO
  • Mejor Elenco de Danza: Faula

Musicales y lírica

  • Mejor Espectáculo Musical o Lírico: Hacia ecos de lo sagrado

Calle, infancia y revelación

  • Mejor Espectáculo de Calle: Gota, de Txema Muñoz
  • Mejor Espectáculo Infantil, Juvenil o Familiar: La Maestra
  • Mejor Espectáculo Revelación: Zorra Dorada

Autoría y creación musical

  • Mejor Autoría Revelación: Iván López-Ortega, por Taxidermia de una alondra
  • Mejor Composición Musical para Espectáculo Escénico: Raquel Molano, Pablo Peña y Darío del Moral, por Fuenteovejuna

Categorías técnicas

  • Mejor Diseño de Producción: Poeta (perdido) en Nueva York
  • Mejor Diseño de Espacio Escénico: Blanca Añón, por Orlando
  • Mejor Diseño de Vestuario: Agustín Petronio, por Orlando
  • Mejor Diseño de Iluminación: Pedro Yagüe, por Blaubeeren

Premios especiales

  • Premio Max de Honor: Jesús Cimarro
  • Premio Max Aficionado o de Carácter Social: Ezezagunok Antzerki Elkartea
  • Premio Max Aplauso del Público: Sara Baras, por Vuela

 

Willy López / Félix Méndez

(Visited 162 times, 1 visits today)
Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , Last modified:

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies