De camino, en el coche, toca hacer carretera para actuar, esta vez en el dobladillo de un teatro, un ambigú de mármol, duro como el rostro de Andrés Herrera y luminoso como la guitarra de Raúl Fernández. Subiendo la cuesta de la Media Fanega suena Caramelo de los Amaya, bajando por la sinuosa pendiente Fred Buscaglione aminora la marcha con su Eri piccola cosí. Queda menos, y Sierra Morena deja de dividir Andalucía con Extremadura. El Waitin’ For The Bus de ZZ Top desgaja esa geografía del mismo modo que lo hacía Silvio Fernández Melgarejo, con descaro. De camino, con el sol de culo, todo suena Dylan, a western del oeste español, a Santa Leone, a flamenco con queroseno de combate, a rock de las bases de Morón y Rota, a banda, a marcha cofrade y blues. El Club Conciertos Badajoz espera, su acústico, entre amigos, entre amantes de Elvis, la Soledad y Jesús del Gran Poder. En el escenario del teatro, el pregón del costalero, en el cafetín, Pájaro. Toca volar con su música.
La primera pregunta… ¿qué es esto de rock cofrade?
Raúl Fernández– Esto es algo muy cercano, realmente un muy especial. Llevamos tocando 30 años juntos, hemos cumplido este año 30 años, porque es una historia familiar que nos une, del mismo barrio, de un barrio periférico de ahí de Sevilla y allí pues a través de mi padre y desde el mismo vivir de las calles del barrio nos conocimos y hasta hoy. Entonces realmente este formato es muy especial porque aquí no es como cuando tocamos con la banda que, si llevamos un guion un poco más elaborado con setlist y demás, entonces vamos un poco interactuando con el público y viendo como por donde va caminando el ambiente y por ahí vamos explotando nuestra improvisación musical.
Andrés Herrera– Los temas están abiertos y ahí aquí realmente se ve la relación de la complicidad que tenemos, de ahí surge el rock cofrade, esa manera de sentir los ecos musicales de las procesiones con aquello que forma nuestro universo rocanrolero. En este formato hacemos un recorrido de temas de “Pájaro” y también temas de Silvio y del rock sevillano.
Sevilla, el suroeste andaluz, es grande, pero estáis superconectados. Hace poquito entrevistamos a Kiko Veneno y rescatamos la entrevista que hicimos a Raimundo Amador, recordando el fallecimiento de su hermano Rafael, el propio Silvio…y percibimos, ambos nos hablaban de creatividad, que en ese compendio de esa Sevilla, Cádiz y Huelva la conexión es muy particular, la que se mezcla ese flamenco rock…
Andrés Herrera– Lo primero es que también pasaba una cosa que gente ya con recorrido y jóvenes y vivíamos de la música entonces una de las maneras que teníamos era de tener cinco bandas y la suerte que tenía es que, si tocabas con Kiko Veneno con Silvio o con Pata Negra, con quien sea tenías trabajo, pero no creas que mucho porque aquella época era dura, pero sí que había algo en todo eso, y es que poseía mucha creatividad. Y claro, cuando tú te juntas con toda esta gente se estaban quedando trazos muy grandes de cada artista y por eso en nuestra música se ve que hemos vivido, hemos tocado eso con nuestras manos, nunca mejor dicho, y nuestra alma. Era un nuevo horizonte sin saber realmente lo que estábamos haciendo, o más bien hacia donde iba nuestra forma de hacer y vivir la música.
Quizás esa ingenuidad en la temprana edad de vuestros comienzos, os daba ese espíritu particular…
Andrés Herrera– Yo empecé muy joven, como Raúl. Porque cuando tienes las cosas claras, de las pocas cosas que tenía claras, vas con todo. Empecé a tocar la guitarra con siete años, en mi casa, solo. Mis hermanos iban a un colegio de monjas y tocaban y yo venía de mi colegio que no era de monjas ni curas y a mí no me dejaban coger la guitarra, entonces cuando yo les cogía las vueltas, veía lo que hacían ellos y yo la pillaba. El morbo de lo prohibido hizo que yo me enganchara a la música, y eso añadido a los elementos que me rodeaban, la música de mis amigos, el cine que veía con mi padre, el pick-up de mi casa con todas las bandas sonoras que ibas aprendiendo, de manera innata, sin saberlo vas aprendiendo y estudiando y creando un mundo particular, que era el que se estaba gestando en ese momento.
Esas influencias se ven en muchos temas, el “Pudridero” por ejemplo, que suena a Django Reinhardt…
Andrés Herrera– ¡Se nos ve el plumero!…aunque no quieras, estás vinculado con la música de todo el mundo. Y somos rockeros, como filosofía de vida, pero antes de nada somos músicos, y como músico tienes que saber tocar una jota. Como tú has dicho antes, todo está muy conectado, y la música posee esa conexión, es muy enriquecedora en ese sentido
Tanto Sevilla como Badajoz son ciudades con mucha carga emocional con la Semana Santa, con ese punto ortodoxo en sus celebraciones, pero a la vez, con esa pizca heterodoxa, ya lo cantaba Silvio y ya lo tocaba Eric Jiménez de los Planetas en Granada, donde también se filtra entre ese sonido cofrade…
Andrés Herrera– Era la música en directo que podíamos tener, no se te olvide. Y de manera gratuita.
Raúl Fernández– Es cierto, que sí tiene ese punto de prejuicio ante este tema, pero las bases de Morón y Rota, cambiaron el panorama, la esteticidad de lo que teníamos. Los Amador, tenían la base flamenca y la supieron empapar de la guitarra de Jimi Hendrix por ejemplo. Se hicieron seguidores del Jesús del Gran Poder y de Hendrix. El blues y el rock a ritmo de banda de la cofradía.
“El niño está cogiendo cera con los pantalones cortos y los zapatos de charol, la abuela al liquindoi de los bocadillos, pero hay un momento que está atravesando el paso que es mágico. Para esto no hace falta creer en nada.”
Habladme de la creatividad que otorga, que da este tipo de mezcla que tenéis siempre en vuestras canciones…
Raúl Fernández– Nosotros cuando sacamos Santa Leone teníamos un poco de miedo de que como tocamos tantos estilos fuese un poco batiburrillo. Porque en ese disco hay un tema que es “TLP” que es un blues pantanoso, donde hay una marcha de Semana Santa, un tema country, una bulería…pero todo en contexto, al final hay un hilo en común y eso hace que suene completo, y sobre todo que la gente lo acepte, ve cohesión en el repertorio, aunque necesite tiempo.
Andrés Herrera– Sevilla es una ciudad de guitarras, ojo, no de guitarristas. ¿Quién no tiene una guitarra en su casa? Y casi todos los que la cogen, como escuchan de todo, tocan de todo. Y eso es pura creatividad. Yo de chico vivía en un barrio algo chungo y entonces a mí no me dejaban salir a la calle, estaba metido en una casa por el año 70 y entre el tocadiscos y la guitarra no te quedaba otra.
¿Qué os aportan las marchas, esas bandas de Semana Santa?
Andrés Herrera– No hay cosa más emociónate que aprender de los músicos de la calle, sin restarle importancia a lo académico, una música que te llega de sopetón. Y en las calles es donde escuchar a esas marchas de Semana Santa. Lo bueno que tiene las marchas es que la puedes ver pasar y vas distinguiendo lo que va haciendo cada uno de los músicos. Además, son melodías diferentes y ahí te das cuenta cómo se crea porque eso lo vas captando desde muy chico, yo me acuerdo que me aprendía los clarinetes (Pájaro hace el sonido con la boca)
Raúl Fernández– Yo vengo de una familia más bien atea, de hecho, nunca le había prestado atención a la Semana Santa y apenas pisé una procesión, hasta que conocí a Pájaro y el supo enseñarme y explicarme toda esa parte sublime que a simple vista ni lo aprecias. La Capilla Sixtina y otros elementos religiosos te llegan sin tener que creer.
Andrés Herrera– Es espiritual, ver pasa en silencio un montón de tíos con un capirote, que para los americanos son del Ku Klux Klan, pero para nosotros no, porque la verdad es que tiene un toque místico y tiene un toque cultural desde pequeño que estás viendo eso. La música es una pieza clave en esa representación, es épica. Hasta a un punky que me llevé al Gran Poder le hizo añicos. El público, además forma parte de este teatro, hay una energía tan bonita. El niño está cogiendo cera con los pantalones cortos y los zapatos de charol, la abuela al liquindoi de los bocadillos, pero hay un momento que está atravesando el paso que es mágico. Para esto no hace falta creer en nada. Es un espectáculo, pero lástima que tenga políticamente una historia en la que ya no me caso con eso.
¿Esas sensaciones de las que me habláis, se reflejan en vuestros directos?
Raúl Fernández- Se dejan ver. Cuando teloneamos en Zaragoza en el concierto de Bob Dylan, recuerdo que nos dijo el manager que lo primero que se llevaban musicalmente de España era Pájaro. Para ello había sido lo más genuino. Vieron ese componente latino, mediterráneo, alejado de lo anglosajón. Íbamos con cornetas de Semana Santa, con trompetas, con letras de arraigo, y eso le voló la cabeza. Hasta el técnico del escenario nos dijo que habían estado cogiendo ideas.
Andrés Herrera– Soy un poco sevillano trapalín y les comenté que teníamos repertorio para llenar un barco entero de canciones…y fue así…le estábamos una información muy potente, todo salió de dentro. Hasta el Bunbury se quedó de vuelta y media. Y eso me gusta, la verdad, eso demuestra que salimos sin dobleces, siendo nosotros mismos. Y lo que era un sueño, conocer a Bod Dylan, lo conseguí, me pasó lo mismo con Silvio.
Pájaro, háblame de Silvio…
…lo de Silvio era muy especial. El que quiera verme que venga a Sevilla, decía. Llevarse a Silvio a Bilbao en aquellos momentos no era lo más adecuado, podía decir cualquier burrada., aunque realmente nos daba igual. La primera vez que lo escucho por la radio me quedé flipado, con su estilo y voz, pero cuando vi una foto suya dije es Elvis, pero no es que quiera ser Elvis, es que es un puro rockero. Lo tenía todo, la planta, el descaro, el arte, la forma de ser tan genuina. Recuerdo que mucha gente decía: ¡qué lástima! ¿Lástima? ¿perdona? Si Silvio era así y así ha querido irse. Era puro y a él no le movía el dinero, le movía otras cosas de un calado más interno. Tenía sus espinas clavadas, pero como gran estoico que era no contaba penas, era el clásico que salía a la calle a alegrarte a ti la vida y a olvidarse de la suya.
Willy López / Félix Méndez











